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Sociólogos señalan la devaluación del modelo de estado de bienestar desde principios de la década de 1990 como una de las causas del surgimiento de esta actividad.
Miles de personas caminan por Nueva York día y noche rebuscando entre la basura latas y botellas de plástico que venden para sobrevivir con una meta en mente: ganar unos pocos dólares reciclando lo que consiguieron y poder comer o pagar un sitio donde dormir.
El precio por lata en el Estado de Nueva York se paga a cinco céntimos desde 1982 ya que está regulado por la «Ley de la Botella (Bottle bill), aprobada para incentivar el reciclaje. Solo en 2020 permitió el reciclaje de «5.500 millones de recipientes de plástico, vidrio y aluminio» de los 8.600 millones vendidos en todo el territorio.
Es el rostro duro de la Gran Manzana y la visión más cruda del capitalismo y el abandono de lo social. Son unos 10.000, según algunas estimaciones, los que se dedican a recoger latas en Nueva York, procedentes en su mayoría de América Latina o de China, al no disponer de ningún tipo de protección social.
Se llaman a sí mismos «canners» («lateros» en español o «huishou ren» en mandarín). Trazan rutas por la ciudad, teniendo en cuenta los días de reciclaje y recolección de basura, y rebuscan en las bolsas de los residentes a altas horas de la noche en busca de contenedores de plástico y aluminio.

Los motivos
El sociólogo Stefan Sell ve la falta de ingresos, sin duda, como la principal motivación para los «canners», en contra de otros sociólogos de tendencia liberal que señalan entre los factores que lleva a la gente a dedicarse a esta labor «las ganas de actividad» o el «socializar«.
En particular, Sell señala el fuerte aumento de los trabajos de bajos salarios, la caída de la negociación colectiva en muchas industrias y la devaluación del modelo de estado de bienestar desde principios de la década de 1990 como causas del surgimiento de este empleo.
Está b´usqueda de basura por la ciudad de Nueva York es un área gris legal, ya que según el departamento de saneamiento, las latas se convierten en propiedad de la ciudad una vez que están en la acera, pero el «robo» de materiales reciclables no suele perseguirse. Si en algún momento esto cambiase, se cortaría el único sustento de miles de personas.
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