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Cuando Israel secuestra el Madleen, el Mavi Marmara vuelve a navegar. Porque los crímenes que quedan impunes nunca se hunden.
PIRATERÍA DE ESTADO: DEL MAVI MARMARA AL MADLEEN
Los crímenes que no se juzgan no desaparecen. Se repiten. Y por eso, cada vez que un barco de la Flotilla de la Libertad es asaltado en aguas internacionales por comandos israelíes, el nombre del Mavi Marmara vuelve a salir a flote.
Que nadie se engañe: lo que ha ocurrido con el Madleen, interceptado militarmente mientras transportaba ayuda humanitaria a Gaza, no es un error ni un incidente diplomático. Es la reedición premeditada de un patrón de piratería de Estado que Israel inauguró a sangre y fuego hace ya 15 años. Y que hoy sigue aplicando con total impunidad.
El Mavi Marmara era un barco turco que en 2010 se sumó a la Flotilla de la Libertad, una misión civil destinada a romper el asedio impuesto por Israel sobre Gaza. Su carga: alimentos, medicinas, material escolar, sillas de ruedas, cemento, generadores. Es decir, lo que el bloqueo convierte en material «prohibido» para una población civil a la que se condena sistemáticamente al hambre y a la dependencia.
La respuesta israelí fue brutal. La madrugada del 31 de mayo de 2010, en plena zona económica internacional, comandos de la unidad Shayetet 13, una de las más letales del Ejército israelí, asaltaron el barco. Los activistas fueron tiroteados, golpeados, torturados. Nueve personas murieron en el acto; un décimo activista murió más tarde por las heridas. Hubo decenas de heridos.
Lo que debía ser una misión humanitaria se convirtió en una masacre. Y en un aviso al mundo: Israel no permitirá que se cuestione su bloqueo, y está dispuesto a matar para defenderlo.
LA IMPUNIDAD QUE ALIMENTA EL CRIMEN
El asalto al Mavi Marmara generó una crisis diplomática sin precedentes entre Turquía e Israel. Ankara rompió relaciones. Exigió disculpas. Llevó el caso ante la ONU. Un informe de la propia Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas concluyó que Israel había actuado de manera ilegal y que las muertes fueron «arbitrarias y sumarias». Pero como tantas veces, el Derecho Internacional quedó en papel mojado.
Israel maniobró durante años para evitar un juicio real. Solo en 2016, por razones puramente estratégicas, ofreció unas disculpas formales y una compensación simbólica a las familias de las víctimas. Los responsables materiales e intelectuales del crimen jamás fueron procesados. Y la comunidad internacional, una vez más, miró hacia otro lado.
Esa impunidad es la que hoy permite que otro barco, el Madleen, sea secuestrado en condiciones similares. Que activistas como Sergio Toribio y periodistas como los de Al Jazeera sean arrestados y humillados mientras intentan llevar comida a una población cercada. Que Israel siga actuando como un Estado pirata en el Mediterráneo, bajo la complicidad de Europa y Estados Unidos.
Por eso el Mavi Marmara nunca ha dejado de navegar. Porque el crimen no se reparó. Porque las lecciones de entonces no se aprendieron. Y porque Israel sigue aplicando la misma doctrina: matar o reprimir a quienes denuncian el bloqueo, secuestrar barcos en alta mar, silenciar voces críticas.
El Mavi Marmara es el espejo del Madleen. Y la vergüenza internacional es la misma.
EL BLOQUEO COMO CRIMEN, LA SOLIDARIDAD COMO DELITO
Recordarlo es esencial. Porque si dejamos que Israel construya la narrativa del Madleen como «provocación», como «maniobra mediática», habremos renunciado también a la verdad del Mavi Marmara. Y con ello, a la memoria de quienes murieron intentando romper un cerco inhumano.
El bloqueo a Gaza no es una cuestión de seguridad: es un castigo colectivo prohibido por el Derecho Internacional Humanitario. Las flotillas que intentan romperlo no son una amenaza militar: son expresiones de solidaridad internacional. El abordaje de barcos civiles en aguas internacionales no es un acto de autodefensa: es un crimen de piratería.
Todo esto lo sabíamos ya en 2010. Lo sabemos hoy. Y sin embargo, dejamos que la historia se repita. Porque la impunidad no solo protege a los criminales: los envalentona.
Mientras tanto, Gaza sigue cercada, hambrienta, bombardeada. Los barcos humanitarios siguen siendo interceptados. Los activistas siguen siendo perseguidos. Y el Mavi Marmara sigue recordándonos que un crimen no condenado siempre vuelve a ocurrir.
No es el pasado: es el presente. Y si no actuamos, será también el futuro.
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