Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Celulosa ENCE, en la ría de Pontevedra. Wikimedia Commons / juantiagues, CC BY-SA
La fábrica de papel del grupo ENCE, en la ría de Pontevedra, fue inaugurada por Franco en 1963. Lleva años en el centro de un contencioso entre la propiedad, que considera la infraestructura un elemento fundamental del desarrollo económico de la región, y el Ayuntamiento local, gestionado por BNG y apoyado por varias asociaciones ambientalistas y vecinales que denuncian el impacto de la industria papelera sobre el frágil ecosistema de la ría.
A pesar de las condenas por delitos ecológicos por los vertidos realizados en la ría hasta 1994, en 2016 el Gobierno de Mariano Rajoy renovó por sesenta años la concesión de los terrenos donde se ubica la fábrica. La razón esgrimida fue la de preservar los cientos de puestos de trabajo de la fábrica.
El Ayuntamiento de Pontevedra y asociaciones ecologistas como Greenpeace y la Asociación pola defensa da ría impugnaron la medida y, en 2021, la Audiencia Nacional anuló la prórroga concedida por el Gobierno del PP a la papelera ENCE acogiéndose a la reforma de la Ley de Costas.
Finalmente, el 7 febrero de 2023 el Tribunal Supremo revertió el fallo de la Audiencia Nacional, avalando la prórroga hasta 2073 concedida a la fábrica. Para esa fecha, el litoral de Lourizán, donde se sitúa la fábrica, podría estar ya completamente inundado por la subida del nivel del mar a causa del cambio climático. Subida a la que, irónicamente, la fábrica contribuye al emitir cada año más de 700 mil masas de CO₂ equivalentes.
¿Quién defiende a quién en los conflictos ambientales?
El caso de ENCE es un ejemplo clásico de conflicto medioambiental, en el que el miedo legítimo de los trabajadores y las trabajadoras a perder sus empleos se entrelaza con las injusticias sociales y los daños ambientales que esos mismos empleos crean en un territorio.
La instalación de ENCE en la ría pontevedresa en 1963 desplazó de forma violenta a muchas mariscadoras que encontraban en la playa de Lourizán su sustento y su forma de vida.
Además, la fábrica ha envenenado durante décadas el frágil ecosistema de la ría e impuesto en gran parte de Galicia un monocultivo tan destructivo como el del eucalipto.
Vista panorámica de la ría de Pontevedra, con la ciudad a la izquierda y la celulosa ENce a la derecha.
Wikimedia Commons / juantiagues, CC BY-SA
Ecología, trabajo, ideario
El trabajo de mapeo sistemático del proyecto EJAtlas que lidera el profesor Joan Martinez Alier (UAB) es una mina de información sobre los conflictos entre ecologismo y trabajo. Para la escuela ecosocialista, la lucha para proteger el entorno natural no está reñida con la lucha por la defensa del empleo, sino que es condición fundamental para la protección y el empoderamiento de la clase trabajadora.
Por esto no se entiende cómo los principales sindicatos españoles han apoyado la permanencia de una industria tan contaminante como ENCE en un entorno natural y social tan delicado como la ría de Pontevedra. En defensa de los puestos de trabajo amenazados, los secretarios generales de UGT y Comisiones Obreras se han pronunciado a favor de la permanencia de ENCE en la ría. También las juventudes comunistas gallegas privilegian los puestos de trabajo a la protección del medioambiente.
No resulta sorprendente que sindicatos y organizaciones políticas, siguiendo la clásica visión marxista productivista, defiendan a los trabajadores y las trabajadoras. Lo que sorprende es que, aunque se les suponga progresistas, asuman posiciones claramente antiecologistas.
Entre los trabajadores que ven amenazados sus empleos hay una peligrosa tendencia a considerar el ecologismo como un movimiento hostil a la clase trabajadora, o incluso como una conspiración de los capitalistas.
Pero, ¿estamos seguros de que defendiendo cualquier forma de empleo, incluso los que causan la destrucción de la naturaleza, se defienden los derechos de las trabajadoras y trabajadores? La defensa del trabajo a toda costa, ¿no favorece más bien los intereses de los grandes grupos económicos, que son los mayores responsables de los daños medioambientales?
Una falsa dicotomía entre trabajo y medioambiente
Estos posicionamientos se basan en el falso antagonismo entre trabajo y medioambiente, derivado de una interpretación productivista del marxismo que hoy en día no solo es obsoleta, sino también dañina para los intereses de la clase trabajadora.
Hasta los años 70 del siglo XX el marxismo se caracterizó por su enfoque productivista, con el desarrollo de las fuerzas productivas y de la tecnología como elementos emancipadores de los trabajadores. A partir de entonces, pensadores como André Gorz reivindicaron la importancia de fusionar el pensamiento marxista con el ecológico. Otros autores: John Bellamy Foster, Paul Burkett, James O’Connor y, más recientemente, Kohei Saito, han argumentado que los escritos originales de Marx ya incluían una crítica a la destrucción ecológica causada por el capitalismo. Por tanto, la defensa de la clase trabajadora pasa por la defensa de la naturaleza frente al sistema de expoliación puesto en marcha por la acumulación capitalista.
Es más, como sostiene Stefania Barca, profesora de Ecológica Política en la Universidad de Santiago, la emancipación de las clases trabajadoras solo es posible a través del reconocimiento de las fuerzas de la reproducción, entendidas como trabajo de subsistencia, reproducción, regeneración, restauración y cuidado de la vida humana y la no humana. Después de todo, sin un medioambiente sano no puede haber vida ni trabajo.
Falta imaginación
En el proyecto JUST2CE, financiado por el programa Horizonte 2020 de la UE, hemos analizado las luchas de las comunidades de vecinos y de algunos grupos sindicales en el conflicto medioambiental generado en Tarento por la que fue la fábrica más grande de acero en territorio italiano, de la siderúrgica ILVA.
Durante décadas, la acería provocó muertes y destrucción medioambiental. En este caso, también los grandes sindicatos de izquierda se opusieron durante años al cierre de las instalaciones.
Sin embargo, el comité de vecinos “Liberi e Pensanti” (Libres y Pensadores) sigue luchando para que se cierre la fábrica, aunque preservando los puestos de trabajo. Su propuesta es crear cooperativas que serían autogestionadas por los trabajadores de la acerería, con el objetivo de revitalizar la zona y devolverla a la ciudadanía. La tarea, dura y larga, daría trabajo a los empleados de ILVA durante 30 años más.
Para este comité, el ILVA es irreformable. Sin embargo, la producción de acero podría mantenerse, aunque reducida al mínimo, dimensionada a las necesidades nacionales, empleando tecnologías limpias y en una ubicación que no comporte riesgos para las personas y el medioambiente. No se trata de transferir las producciones contaminantes a terceros países, sino de producir menos y de forma limpia y autogestionada por los trabajadores de la zona.
Esta idea también representa una tercera vía entre las nacionalizaciones de empresas poco eficientes que suelen proponer los sindicatos clásicos, y el cierre de las fábricas o la deslocalización de las políticas neoliberales.
Acería de ILVA en Tarento, Italia, fotografiada en 2007.
Wikimedia Commons / mafe de baggis, CC BY-SA
¿Por qué no aplicar estas ideas al caso ENCE?
¿Por qué no diseñar junto con los empleados y empleadas de la fábrica y la ciudadanía soluciones innovadoras que preserven los intereses de las personas con el imperativo de cuidar la ría pontevedresa?
Es probable que ENCE acabe dejando Pontevedra antes de 2073. Quizás por la subida del nivel del mar, quizás porque encuentre otras formas de maximizar sus beneficios. Entonces, los empleados se habrán quedado sin trabajo y Pontevedra con un desastre ecológico irreversible. Como suele pasar, los costes del abandono los asumiría la sociedad en su conjunto.
Mario Pansera recibe fondos del programa H2020 de la Unión Europea y del Consejo Europeo de Investigación (ERC)
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir