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El actor recordó en Ausserd que la solidaridad del pueblo español no borra la responsabilidad política de España en una descolonización abandonada desde 1976.
EL CINE COMO MEMORIA CONTRA EL ABANDONO
La explanada junto a la casa de la gobernadora de Ausserd, en Argelia, empezó a llenarse hacia las 18.00 horas. El calor seguía pegado al suelo, pero la gala de clausura de la XIX edición del FiSahara ya estaba en marcha. Técnicos desenrollando cables, alfombras extendidas, familias saharauis llegando poco a poco. El 2 de mayo no era solo una noche de cine. Era otra forma de decir que el Sáhara Occidental sigue existiendo aunque la diplomacia española mire hacia otro lado.
Durante la última semana de abril se proyectaron una veintena de películas, documentales y cortos. Tres recibieron la Camella Blanca: La Recompensa (2024), de Aicha Chej Blal; Mariem (2025), de Javier Corcuera; y, como primer premio, Todo lo que fuimos (2025), largometraje producido por Javier Bardem y Mark Ruffalo sobre una familia palestina expulsada de su tierra en 1948. Palestina y el Sáhara, otra vez, en el mismo mapa del despojo.
Bardem intervino por videollamada durante la gala y dejó una frase que atravesó la noche: “El pueblo español está con vosotros. Nuestros políticos no nos representan, nunca lo han hecho”. La declaración, recogida en el vídeo difundido desde el FiSahara, fue recibida con vítores por una audiencia formada por cineastas, actores y actrices españolas, periodistas, traductores, soldados del Frente Polisario y familias saharauis que viven en Ausserd.
Conexión con Javier Bardem en la clausura del @FiSahara denunciando que España sigue siendo la colonia responsable de descolonizar el Sáhara Occidental a todos los efectos legales.
— Patricia Simón ✍️ (@patriciasimon) May 3, 2026
Aplauso cerrado. pic.twitter.com/T2YZHJEpyY
No era una frase de cortesía. Era una acusación. Bardem apuntó a “los vergonzosos gobernantes” españoles de todos los colores y citó expresamente a Pedro Sánchez, que en 2022 asumió como “la más seria, realista y creíble” la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. Traducido al lenguaje de los hechos: otra cesión ante Rabat. Otra puñalada envuelta en papel oficial.
UN PUEBLO PARTIDO POR UN MURO Y UNA RESPONSABILIDAD ESPAÑOLA
El pueblo saharaui fue expulsado de su tierra en 1976, cuando Marruecos ocupó el territorio ante la negligencia de España, que debía culminar la descolonización. No hablamos de una historia lejana ni de una nota al pie. Hasta entonces, el Sáhara Occidental había estado bajo administración española: primero como colonia y después, desde los años cincuenta, como la provincia número 53. España no puede fingir que pasaba por allí.
Hoy el pueblo saharaui vive dividido por un muro. Alrededor del 80% de su antiguo territorio está bajo control marroquí. El otro 20% corresponde a los llamados territorios liberados. Pero buena parte de la población ni siquiera vive allí, sino en Argelia, repartida entre los cinco campamentos levantados por quienes huyeron de la ocupación. Medio siglo en el desierto. Lejos del océano. Lejos de sus casas. Lejos de una justicia que siempre parece llegar tarde cuando no hay petróleo, bancos o grandes contratos presionando.
La ONU sigue considerando el Sáhara Occidental un territorio pendiente de descolonización. España, en cambio, lleva décadas actuando como si la memoria pudiera archivarse por cansancio. Y no. **La descolonización no es una molestia diplomática: es una deuda histórica.** Una deuda con personas concretas, con niñas y niños nacidos en campamentos, con jóvenes que crecen entre la resistencia y la emigración, con familias que dependen de la ayuda humanitaria porque se les arrebató el derecho a vivir de su tierra.
FiSahara funciona precisamente contra ese borrado. No solo proyecta películas. Organiza encuentros, actividades culturales en las jaimas, partidos de fútbol, conciertos, debates sobre el robo de tierras a pueblos indígenas y proyectos de cocina para impulsar la autonomía alimentaria. A pocos kilómetros del festival, un grupo de ingenieros ha instalado una piscifactoría y un huerto conectado al tanque de peces que alimenta el sistema de riego. Donde los gobiernos dejan abandono, la gente inventa vida.
Ese es el punto incómodo. El pueblo saharaui no necesita compasión decorativa. Necesita justicia, reconocimiento y una política exterior que no se arrodille ante Marruecos cada vez que Rabat enseña los dientes. Necesita que las y los responsables políticos españoles dejen de hablar de legalidad internacional solo cuando les conviene. Porque el Sáhara Occidental no desaparece porque Madrid lo silencie. Sigue ahí, esperando que España deje de comportarse como una potencia colonial con mala conciencia y peor memoria.
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