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La periodista de Al Jazeera Shireen Abu Akleh fue asesinada a tiros por el ejército israelí mientras cubría una redada en la ciudad ocupada de Jenin en Cisjordania este miércoles.
La reportera palestina recibió un disparo y murió poco después. Según los informes, otro periodista palestino que trabajaba para el periódico Al-Quds, con sede en Jerusalén, resultó herido por disparos israelíes, pero se encuentra estable.
En las imágenes de vídeo del incidente, se puede ver a Abu Akleh usando un chaleco antibalas azul donde se lee claramente la palabra “Prensa”.

El ejército israelí dijo que sus fuerzas fueron atacadas con intensos disparos y explosivos mientras operaban en Jenin, y que respondieron. El ejército dijo que está “investigando el suceso”.
El régimen de Israel ha llevado a cabo incursiones casi diarias en Cisjordania. La ciudad, y particularmente su campo de refugiados, ha sido conocida durante mucho tiempo como un bastión de la resistencia palestina frente a la ocupación.
Israel capturó Cisjordania en la guerra del Medio Oriente de 1967. Casi tres millones de palestinos viven en el territorio bajo el dominio militar israelí. El régimen sionista ha construido más de 130 asentamientos en Cisjordania que albergan a casi 500.000 colonos judíos, que tienen plena ciudadanía israelí.
Israel, el apartheid
Michael Benyair, ex fiscal general de Israel, escribió en The Journal, donde ha tomado las declaraciones de Amnistía Internacional que califican a Israel de «un cruel sistema de dominación y un crimen contra la humanidad».
«La continua dominación de Israel sobre estos territorios es una gran injusticia que debe rectificarse urgentemente. Con gran tristeza también debo concluir que mi país se ha hundido a tales profundidades políticas y morales que ahora es un régimen de apartheid. Es hora de que la comunidad internacional reconozca también esta realidad», expresaba Benyair.

«Desde 1967, las autoridades israelíes han justificado la ocupación alegando que es temporal hasta que se pueda encontrar una solución pacífica entre israelíes y palestinos. Sin embargo, han pasado cinco décadas desde que estos territorios fueron conquistados e Israel no muestra interés en rescindir este control. Es imposible concluir lo contrario: la ocupación es una realidad permanente. Esta es una realidad de un solo Estado, con dos pueblos diferentes que viven con derechos desiguales», continuaba.
«Violando el derecho internacional, Israel ha trasladado a más de 650.000 de sus ciudadanos judíos a vivir en asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este. Estos asentamientos se establecen en áreas que rodean aldeas palestinas, fragmentando intencionalmente a las comunidades palestinas entre sí, para evitar en última instancia la posibilidad de un estado palestino contiguo. En Jerusalén Este, las leyes de propiedad discriminatorias están obligando a los palestinos a abandonar sus hogares en una política respaldada por el estado de judaizar la ciudad», explicaba.
«Es el gabinete ministerial israelí para los asentamientos el que aprueba todos los asentamientos ilegales en los territorios ocupados. Fui yo, en mi papel de Fiscal General en Israel, quien aprobó la expropiación de tierras privadas palestinas para construir infraestructura como carreteras que han arraigado la expansión de los asentamientos», confesaba.
«Son los tribunales de Israel los que defienden las leyes discriminatorias destinadas a expulsar a los palestinos de sus hogares en Jerusalén oriental y de sus tierras en la Ribera Occidental. Sus proveedores de atención médica operan a través de la Línea Verde. Y los ciudadanos israelíes en última instancia pagan impuestos que subsidian el afianzamiento del control y la dominación del gobierno en estos territorios», especificaba.
Entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, es Israel el que está privando permanentemente a millones de palestinos de sus derechos civiles y políticos. Esto es el apartheid israelí.
«Hay dos posibles soluciones democráticas que pueden resolver este statu quo. La primera es otorgar a todos los que viven bajo control israelí la ciudadanía plena y la igualdad», sentenciaba.
«Desafortunadamente, este escenario conduciría a una pérdida de la mayoría judía y a la «balcanización» de todo el territorio, aumentando la probabilidad de un conflicto intratable. La segunda solución posible sería que Israel se retirara de los territorios ocupados y estableciera un Estado palestino que viviera junto a Israel. Esto no solo garantizaría la división justa de la tierra entre los palestinos indígenas y el pueblo judío que han sido perseguidos durante miles de años. También garantizaría tanto una solución sostenible al conflicto israelo-palestino como el fin del apartheid», concluía.
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