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Una negativa burocrática para esquivar una indemnización: Iberdrola asegura que el apagón del 28 de abril no se produjo, pese a que afectó a toda la Península. FACUA prepara acciones legales.
NEGAR LA REALIDAD COMO ESTRATEGIA CORPORATIVA
El 28 de abril de 2025, buena parte de la Península Ibérica se quedó sin suministro eléctrico. Durante horas, hogares enteros vieron apagarse sus electrodomésticos, callarse sus radios, silenciarse sus redes. Y sin embargo, según Iberdrola, ese apagón nunca existió. No hay constancia, no hay rastro, no hay responsabilidad. Solo clientes desconectados, alimentos podridos y puertas cerradas a cualquier compensación.
Uno de esos clientes, Enrique, residente en Ávila y socio de FACUA – Consumidores en Acción, se limitó a pedir un documento a i-DE Redes Eléctricas Inteligentes —la distribuidora del grupo Iberdrola— para que su aseguradora, Zurich, le cubriera el coste de la comida que tuvo que tirar tras quedarse sin luz. La respuesta fue una bofetada: entre el 28 y el 29 de abril no se produjo ninguna incidencia, por tanto no se asume «compensación alguna por daño y/o pérdida».
No era una reclamación directa a la eléctrica, ni una amenaza judicial: era solo un papel. Pero Iberdrola respondió como si se defendiera de una acusación penal. Y lo hizo negando una evidencia que vivieron miles de personas en el Estado español.
La aseguradora Zurich tampoco pareció tener demasiado interés en confirmar lo ocurrido. Pidió a Enrique “documentación acreditativa” de la falta de suministro, como si ese día no hubiera trascendido en medios ni redes sociales. La suma a indemnizar no superaba los 250 euros. Pero al parecer, incluso eso es demasiado cuando hay que elegir entre el cliente y el balance trimestral.
SILENCIO INSTITUCIONAL Y EL NEGOCIO DEL OLVIDO
FACUA ha decidido intervenir. Su equipo jurídico ultima una denuncia para que el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 investigue si Iberdrola está negando de forma sistemática el apagón con el fin de evitar pagar compensaciones. Si se confirma, el Ministerio podría abrir un expediente sancionador.
La memoria del apagón no es difusa. En redes sociales, periodistas y usuarios documentaron el corte masivo del 28 de abril. Según reportó La Vanguardia, el fallo afectó durante más de una hora a regiones como Castilla y León, Madrid, Extremadura, Euskadi y parte de Catalunya. En el pico del apagón, más de 100.000 usuarios se quedaron sin luz. La Red Eléctrica de España (REE) lo reconoció como “una incidencia puntual pero significativa”.
Entonces, ¿cómo puede negar Iberdrola algo así? Muy fácil: repartiendo la responsabilidad entre distribuidora, comercializadora, aseguradora y administración. Lo que en otro sector sería una cadena de reparación, en el eléctrico se convierte en una red de evasión. Enrique, como miles, queda atrapado entre cláusulas, registros y “sistemas de información”.
Es una táctica ya conocida: negar el hecho, minimizar el impacto, dilatar la solución. Y si se llega a juicio, alegar que el daño no fue tan grave o que no hay pruebas suficientes. Se usa en casos de vertidos tóxicos, cortes de agua, telefonía… y, cómo no, electricidad. El negocio de las grandes compañías energéticas no es solo distribuir energía, es distribuir culpabilidad.
Por eso FACUA advierte que esta respuesta de Iberdrola podría no ser un caso aislado. Si se confirma que hay más personas recibiendo respuestas idénticas, estaríamos ante un patrón de comportamiento que merece sanción ejemplar.
Mientras tanto, Enrique sigue sin recuperar el valor de los alimentos que se estropearon en su congelador. Pero el problema va mucho más allá de una nevera vacía. Lo que está en juego es el derecho básico a una compensación justa cuando un servicio esencial falla.
Y este no es el primer episodio de impunidad energética. Ya en 2023, la CNMC sancionó a Endesa e Iberdrola con más de 25 millones de euros por prácticas irregulares en sus redes de distribución. El castigo, sin embargo, no parece haber cambiado la cultura de las eléctricas: negar siempre, pagar nunca.
Enrique pidió un simple papel. Y lo que recibió fue una mentira institucionalizada. Una forma de decirle: “te jodes, paga tú”.
¿Quién paga cuando se apaga la luz? La respuesta, como siempre, es: la persona usuaria, no la eléctrica.
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