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El pacto de silencio se resquebraja: todos apuntan a todos, y nadie está dispuesto a caer solo
El 23 de junio de 2025 pasará a la historia interna del PSOE como uno de esos días en que se rompe algo más que la disciplina de voto. Se rompe la disciplina del miedo. Tres hombres, tres lealtades cruzadas y un silencio que ha durado más de una década: José Luis Ábalos, Koldo García y Santos Cerdán comparecen ante el Tribunal Supremo señalándose entre sí como muñecos rotos de una maquinaria que parecía no tener límites. No hablamos ya de una trama personal, sino de una presunta estructura corrupta incrustada en el corazón organizativo del partido, con epicentro en el Ministerio de Transportes y tentáculos en Navarra, Ferraz y hasta Adif.
Los hechos se precipitan. La Guardia Civil ha entrado en la sede del PSOE para clonar el correo corporativo de Cerdán, que fue el artífice de colocar a Koldo como chófer de Ábalos en 2018. Pero los indicios dicen que no era un simple conductor. Era un nodo. Un intermediario. Un repartidor de favores y supuestas mordidas, según los audios que él mismo grabó y guardó durante años como póliza de supervivencia.
Ábalos intenta salvar su cuello diciendo que fue utilizado. Que nunca supo nada, que la responsabilidad era de los otros dos. Pero los informes de la UCO no lo exculpan: apuntan que habría recibido hasta 620.000 euros en comisiones procedentes de contratos públicos. Que disfrutó de un chalet en Cádiz a cambio de favores. Que su pareja vivió en un piso de lujo pagado por la trama. Y que todo esto se hacía mientras compartía tertulias en medios y despachos con quien ahora quiere arrastrarlo consigo: Santos Cerdán, entonces secretario de Organización del partido, hoy con el agua al cuello.
Las grabaciones hablan. Lo hacen con una claridad que no deja margen a la interpretación poética. Koldo acusa a Cerdán de haberlo usado durante quince años. Ábalos insinúa que no conocía el juego pero estaba en la mesa. Y Cerdán aún no ha hablado. Declarará el 30 de junio. Pero los indicios pesan: su nombre aparece como “mediador” en la adjudicación de obras públicas y “gestor” del dinero obtenido. La UCO quiere saber dónde está ese dinero. Y de momento no lo encuentran.
LA CAÍDA DE UNA RED POLÍTICA QUE ADMINISTRABA OBRA PÚBLICA COMO SI FUERA BOTÍN DE GUERRA
Este caso no trata simplemente de tres hombres. Trata del aparato. Del engranaje de partido. De cómo se utilizaba el poder institucional no solo para gobernar, sino para repartir contratos, cargos y beneficios en una especie de feudalismo moderno con sobres en lugar de vasallos.
La UCO ha detectado una red de empresas —Acciona, Servinabar 2000 y otras— que se beneficiaban de contratos públicos adjudicados bajo criterios sospechosamente repetitivos. Una de ellas, Servinabar 2000, aparece en un documento de 2016 como propiedad al 45% de Santos Cerdán, aunque el empresario Antxon Alonso asegura que no fue elevado a escritura. Una práctica habitual —según los investigadores— cuando el objetivo es ocultar la verdadera titularidad de los beneficios. Lo mismo pasaba con los dispositivos electrónicos. Cuando registraron la casa de Ábalos, intentó esconder un móvil con la ayuda de su pareja. Después declaró que ahí estaban sus estrategias y “conversaciones con miembros del Gobierno, incluido Sánchez”.
Esto ya no es una “operación mediática”, como dijo Ábalos en su momento. Esto es una posible trama de corrupción político-empresarial que ha puesto en juego miles de millones de euros de dinero público. Y el PSOE —el partido que presume de regeneración— ha reaccionado con reflejos viejos: primero silencio, luego expulsiones selectivas, y ahora un intento de contención que no logra frenar la hemorragia.
Porque lo que hay aquí no es un simple caso aislado de comisiones. Es la puesta en evidencia de una forma de hacer política construida sobre favores cruzados, blindajes mutuos y la promesa tácita de impunidad. Una lógica de partido que permitió que alguien como Koldo —sin formación técnica, pero con una fidelidad ciega al escalafón— acabara con asiento en consejos de administración públicos, colocando a su mujer y a su hermano en puestos del Ministerio.
La investigación patrimonial abierta sobre Cerdán, con rastreo de cuentas, vehículos y bienes inmuebles, excluye por ahora las cuentas del PSOE y de la Fundación Pablo Iglesias. Pero el foco ya está sobre la pregunta que sobrevuela toda esta historia: ¿el dinero era para Cerdán o para el partido? Y si era para el partido, ¿hasta qué punto la dirección miró hacia otro lado?
Lo cierto es que los tres protagonistas están atrapados en sus propias contradicciones. Se acusan, se reúnen en secreto, se deslizan en entrevistas, pero ninguno rompe del todo. Hasta ahora. Porque los audios que obran en poder del Supremo no dejan espacio para muchas metáforas.
Hay quien dice que lo peor para un partido no es el escándalo, sino el goteo. Y aquí el goteo se ha convertido en catarata. Una catarata que arrastra no solo a tres nombres propios, sino a toda una manera de hacer política que el PSOE juraba haber dejado atrás. Hoy el Supremo no solo juzga a Koldo, Cerdán y Ábalos.
Juzga al PSOE que permitió que llegaran hasta aquí.
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