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Por Franz Helgon
Vivimos en un mundo en el que las idas y las venidas de absolutamente todo son la norma y no la excepción. Sin ir más lejos, los pantalones de campana que se llevaron en los 70, y que volvieron en los primeros 2000 (sí, yo también los llevé), parecen volver a provocarnos a la gente normal unas irreprimibles ganas de que nos caiga un meteorito.
Sin embargo, mientras las cosas importantes, como el continuo y sistemático blanqueo del fascismo, la criminalización de la pobreza o la normalización de la violencia, van siendo introducidas muy poco a poco, de forma gradual, tal como lo describió hace bastantes años un tal Noam Chomsky, a los dueños del cortijo y a sus brazos mediáticos no les tiembla el pulso a la hora de cambiar el relato y, con él, encumbrar o hundir a cualquier personalidad pública. Ejemplos de esto los podemos encontrar a montones a lo largo de la historia. El más reciente podríamos tenerlo en el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, quien, con el cambio en la presidencia de los Estados Unidos de América, pasó de ser el sufrido defensor de la patria ucraniana contra el infame invasor ruso a ser poco más que un estorbo, llegando a aparecer en algunos medios su nombre junto a la palabra “dictador”.
En el presente artículo vamos a hacer una revisión de la evolución del relato sobre una de las personalidades más relevantes de los últimos años: la activista medioambiental Greta Thunberg.
Para no aburrir al personal sobre los detalles de su vida, remitiremos a su correspondiente artículo de Wikipedia.
La joven activista sueca Greta Thunberg saltó a la fama en 2018, cuando tenía 15 años, con la iniciativa Fridays for future, consistente en que los adolescentes de todo el mundo hicieran huelga para protestar contra el cambio climático y contra la pésima (y escasa) gestión que los diferentes líderes mundiales han hecho del mismo. Desde el primer momento, la maquinaria mediática se puso en marcha para crear un relato conveniente protagonizado por una adolescente que decía lo que nadie osaba. Y decimos relato conveniente porque la línea argumental común que hemos observado en la prensa de la época aprovecha, sin cargar en exceso contra una persona menor de edad y neurodivergente, el activismo de Thunberg para apuntalar el relato del fracaso de la política y de la democracia. Este relato, desde un punto de vista meramente teórico y especulativo, servirá para que la población acepte mansamente la caída de las democracias actuales y su conversión en gobiernos más o menos dictatoriales, tal como rezan los siguientes titulares:
- El Mundo: Los jóvenes ante la seducción de la dictadura: “¿De qué nos sirve la democracia si no podemos progresar?”
- El Confidencial: La gran pregunta: ¿Es mejor vivir en una democracia o en una dictadura?
Volviendo al tema que nos ocupa, podemos encontrar ejemplos de lo anteriormente expuesto, esto es, del relato de la crisis de las democracias, en las siguientes piezas:
- France24, 1 de marzo de 2019: Si bien [los manifestantes de Fridays for Future] no se hacen ilusiones sobre una respuesta concreta por parte de los dirigentes políticos para este día, los jóvenes esperan seguir ejerciendo presión con este tipo de acciones y aumentar el debate sobre la importancia del tema en la opinión pública. Dicho de esta forma, parecería que esta inacción por parte de la clase política es producto de una suerte de incompetencia, y no de la presión (y la financiación) que algunos grupos ejercen sobre esta clase política para que sean aprobadas las leyes que más les convienen. Sobre esto, algunas piezas como esta de La Sexta, pasan un poco por encima, dibujando, a su vez, a una Greta Thunberg que “utiliza a los políticos”. He aquí la antesala de lo que vendrá después.
- El Confidencial, 23 de septiembre de 2019: Sus duras palabras, acusando a los presentes [de la COP25, esto es, a los líderes políticos mundiales] de «no ser los suficientemente maduros para decir las cosas como son», han triunfado en la red. Curiosamente, también triunfa en la red el relato de “los políticos que dicen las cosas como son”, es decir, de los Abascales, Mileis y Orbanes de turno.
- Agencia EFE (21 de enero de 2020): Para ella, tanto la derecha como la izquierda y el centro «han fracasado» en la lucha contra la emergencia climática. Sí, la izquierda y la derecha son lo mismo. No obstante, habría que mirar a qué se le está llamando “izquierda”. No sé. Imaginaos un partido que se llamara a sí mismo “de izquierdas” pero legislara a favor de las grandes energéticas, de los fondos de inversión, en contra de regular los alquileres de inmuebles y que, además, encubriera a un monarca demostradamente inmiscuido en delitos fiscales. En fin, solo estaba hablando por hablar.
Pasaron los años, Greta creció, y la adolescente se convirtió en una adulta que sabía atar cabos. Y atando cabos, descubrió que los principales responsables de esta cambio climático que tanto la asustaba de niña eran los grandes (y no tan grandes) capitostes del capitalismo mundial.
- XL Semanal (22 de febrero de 2019). Y claro que hay responsables: empresas y personas con capacidad de decisión que sabían perfectamente las cosas tan valiosas que estaban sacrificando a cambio de acumular unas riquezas inimaginables.
Como dijo alguien a quien en un pasado remoto admiré y odié a partes iguales, “las ideas son buenas o malas dependiendo de quién las tenga”. En este caso, no es lo mismo que los megamillonarios del planeta sean señalados por una adolescente “rarita”, en cuyo caso se la puede tratar con paternalismo y condescendencia (ya describimos en otro artículo cómo los progresistas muchas veces somos tachados de ingenuos, e incluso de mermados mentales), o por una persona adulta contra la que se puede cargar abiertamente.
Por si esto fuera poco, el activismo de Thunberg viró hacia el genocidio de Gaza, especialmente a partir del 7 de octubre de 2023. Según palabras de la propia activista, luchar por cuidar el planeta va de la mano de exigir una “Palestina libre y el fin del colonialismo y la opresión en todo el mundo” . Con estas palabras, la sueca tocaba la tecla que nunca nadie debería tocar: la de Israel.
Y esto nos lleva a la situación actual, en la que Greta Thunberg fue detenida el pasado 9 de junio en aguas internacionales por fuerzas israelíes mientras transportaba ayuda humanitaria a la franja de Gaza junto con otros diez activistas de diferentes países. Dejando de lado el detalle de que ninguna fuerza de seguridad o de defensa de ningún país tiene ninguna jurisdicción en aguas internacionales, con lo que el Estado de Israel se estaría saltando a la torera (otra vez) cualquier legislación internacional, vamos a dar un repaso a lo que la prensa ha dicho sobre esta detención ilegal.
Por una parte, encontramos medios como AP News que se limitan a dar voz por igual a quien dice que está lloviendo y a quien dice que no. De esta forma, podemos leer que las fuerzas israelíes detuvieron [término de cierta neutralidad] a primera hora del lunes un barco de asistencia que se dirigía a Gaza y en el que viajaban Greta Thunberg y otros activistas, para mantener un bloqueo [como sucede con todos los bloqueos, sin entrar a valorar sus motivaciones] sobre el territorio palestino que se ha endurecido durante la guerra [cuidado con llamarla genocidio] con Hamás. Más adelante, la pieza dice que el Ministerio de Exteriores [de Israel] anunció que los activistas regresarían a sus países de origen y que la ayuda sería enviada a Gaza a través de canales establecidos. Tal vez habría que añadir el dato de que el ente sionista aprovecha estos repartos para deshacerse del mayor número de palestinos usando el menor número de recursos posibles, tal como publicó El Salto el pasado 2 de junio. En el mismo artículo se da voz tanto al comunicado de Adalah, grupo de derechos de Israel, que dice que el arresto de los activistas desarmados, que operaban de manera civil para proporcionar ayuda humanitaria, constituye una grave violación del derecho internacional como al portavoz del gobierno israelí, David Mencer, que califica el viaje de estos once activistas como activismo de Instagram en tanto que llevan muy poca ayuda humanitaria, mientras que Israel ha entregado más de mil doscientos camiones de ayuda humanitaria y que Greta no estaba trayendo ayuda, se estaba trayendo a sí misma.
En esta misma línea hemos encontrado un titular de The New York Times que reza que Israel intercepta [qué manía con no llamarlo secuestro] un barco de ayuda para Gaza que transportaba a Greta Thunberg. Sí, lo hemos leído bien. El barco transportaba a Greta Thunberg. De esta forma, colocando a Thunberg como complemento directo, trasladamos el foco de la frase de la ayuda humanitaria o de cualquier clase de simbología a una mera cuestión de postureo. Durante la lectura del artículo, encontramos los tópicos que se han repetido hasta la saciedad con el fin de justificar lo injustificable. El texto habla de activistas propalestinos, de Greta y otros, recalcando la idea anterior, y justifica el bloqueo con el ascenso de Hamás al poder en Gaza en 2007 y el aumento de la crudeza de los ataques y la represión con el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Nada nuevo bajo el sol.
Sin embargo, hemos dejado lo mejor para el final. Preparad los chupitos, porque vamos a asistir al desfile de tópicos más grande imaginable de la mano de nuestros medios de confianza.
- Mediterráneo Digital: Greta Thunberg cambia el «ecologismo» [ojo al entrecomillado] por el tráfico de inmigrantes ilegales. El artículo, que no es, como tampoco lo son los «lectores» [aquí todos y todas podemos jugar al juego de poner comillas] de este medio, excesivamente largo, se hace eco del salvamento, por parte del mencionado barco, de cuatro inmigrantes sudaneses. Con el apelativo de “tráfico de inmigrantes ilegales”, el medio criminaliza el derecho de libre circulación y convierte en delito el salvamento de personas al cual obliga la legislación naval vigente.
Por lo demás, el texto constituye un abundante compendio de argumentos habituales en el que resalta su abundante adjetivación. Leemos allí sobre un supuesto objetivo de entregar ayuda a la población palestina, de tripulantes amateurs, de inmigrantes ilegales de aparente nacionalidad sudanesa y de una llamada de socorro presuntamente procedente de una embarcación que había salido desde Libia con rumbo a Italia. Así pues, si todo es aparente, presunto y supuesto, ¿de qué se supone que está informando este medio?
Finalmente, y antes de pasar a otra pieza, veremos que, según este diario, rescatar a personas que se están ahogando en el mar constituye un delito contra la soberanía de los Estados, y la culpa es de Greta y su séquito, palabra con unas connotaciones muy concretas. - Periodista digital: Israel intercepta un barco cargado de activistas ‘humanitarios’ [seguimos con los entrecomillados] con destino a Gaza y arresta a Greta Thunberg.
El yate británico Madleen, organizado por la Coalición Flotilla de la Libertad, partió de Sicilia hace una semana transportando suministros básicos como fórmula para bebés, alimentos y material médico con el objetivo declarado de romper el bloqueo marítimo israelí sobre Gaza y visibilizar la crisis humanitaria en el territorio palestino. Aquí el uso de la palabra yate es totalmente intencional. Según la RAE, un yate es una embarcación de gala o de recreo y tiene connotaciones de ser algo exclusivo de gente adinerada, con lo que se pretende desproveer a la expedición de cualquier relación con nada humanitario y sí con el ocio de cuatro pijos que no tienen otra cosa que hacer y salen a pasear por el mar, todo en consonancia de uno de los argumentos clásicos con los que se nos desacredita, el del postureo, que ya ha aparecido unas líneas más arriba. Además, se remarca la idea de que el objetivo de la expedición no es el de hacer llegar ayuda humanitaria a Gaza (objetivo humanitario), sino visibilizar la crisis humanitaria (objetivo propagandístico).
Más adelante, leemos que el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, había advertido previamente que no permitiría que nadie rompiera el bloqueo naval de Gaza, que según él tiene como objetivo impedir que Hamás importe armas. Y aquí es donde encontramos que un barco que, según unos, contiene una ínfima ayuda comparada con la que los gazatíes realmente necesitarían, sí que contiene, según otros, ingentes cantidades de armamento para Hamás. A ver si para futuras ocasiones se aclaran entre ellos.
Por lo demás, el texto exhibe esa supuesta imparcialidad consistente en poner al mismo nivel a opresores y oprimidos. - Okdiario: Greta Thunberg y Liam Cunningham llevan ayuda ‘simbólica’ a Gaza para desafiar el bloqueo de Israel a Hamás. Como vemos, el titular del medio de Eduardo Inda sigue en la línea del postureo de los otros dos artículos que hemos visto. No obstante, el cuerpo del artículo comienza a lo grande, hablando de la activista izquierdista radical Greta Thunberg. Dicho de otra forma, todo lo que no sea yo es ETA. Más adelante, además de añadir ambiental a la lista de epítetos peyorativos de Thunberg, leemos que Israel ha negado de forma rotunda las acusaciones de «genocidio» [sí, entre comillas]. Háganme caso a mí y no se lo hagan a sus propios ojos, podríamos leer entre líneas.
Entre justificaciones y recordatorios de los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023, finaliza un texto que tampoco es excesivamente largo.
Según parece, mientras Greta Thunberg fue menor de edad, los medios se cortaron un poco a la hora de criticarla. Por desgracia, la niñez se cura con el tiempo, y en el momento en que Thunberg se convirtió en una mujer adulta y señaló al capitalismo como principal causante del cambio climático y visibilizó las atrocidades que este capitalismo puede llegar a cometer, este se defendió como siempre ha hecho. Thunberg se convirtió de un día para otro en una radical izquierdista antisemita que trafica con personas y ampara al terrorismo (ronda de chupitos), palabras que, de tanto uso espurio que se les ha dado, han quedado vacías de significado y han pasado a servir únicamente para crear marcos mentales en los que la dignidad y la solidaridad son actos delictivos.
Tal vez sea cierto que el Madleen tenía como misión más desafiar a la autoridad sionista que llevar material humanitario, pero (y esto es, que quede claro, una opinión personal) sin la presencia de personas de cierta relevancia como Greta Thunberg o Liam Cunningham (el actor que interpretó al contrabandista Davos Seaworth en la serie Juego de Tronos), tal vez la expedición habría sido tiroteada en lugar de secuestrada, como pasó en el asalto israelí a la flotilla Mavi Marmara en 2010, en el que murieron a manos de las fuerzas sionistas diez activistas turcos sin nombres ni apellidos. Sí, también se quejan en los medios de que tanto Thunberg como Cunningham aprovechan su estatus para “hacer política”, porque para algunos “hacer política” consiste en ser de izquierdas. En cambio, ser de derechas, como dijo aquel gran sabio, es lo más apolítico del mundo.
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