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El eurodiputado József Szájer, de la ultraderecha de Orban, fue multado por la policía el pasado viernes por participar en una orgía en Bruselas, posteriormente dimitió .
El eurodiputado József Szájer, abogado de profesión es cofundador de Fidesz, aliado acérrimo de Orbán y del núcleo más conservador del partido de la ultraderecha hungara.
El diario de Bruselas La Darniere Heure exponía que la policía irrumpió el pasado viernes en un bar, que están cerrados por la pandemia y allí sorprendieron a un grupo de 25 personas, «en su mayoría hombres» practicando una orgía y consumiendo todo tipo de alcohol y drogas. Lo más distópico de todo esto es que el céntrico bar de la ciudad, no está ni a 100 metros de una de las mayores comisarias policiales del país.
Entre los participantes en la bacanal se encontraban diversos diplomáticos, entre ellos el húngaro, que intentó escaparse por la ventana deslizándose por una tubería y que posteriormente fue retenido por los agentes.
Una vez detenido tras la orgía Szájer tenía encima pastillas de éxtasis, pero el asegura que: «No tomé drogas. Me ofrecí a hacer un test, pero los agentes no lo hicieron. Según dicen encontraron pastillas, pero no era mía y no sé cómo llegó ahí».
Szájer, destacan una y otra vez los medios es «emblema del partido de Viktor Orban, arquitecto del giro iliberal, paladín de la familia tradicional, casado con una juez del Tribunal Constitucional y habitual en las trifulcas de la cámara, fue quien de su puño y letra reescribió uno de los artículos más polémicos de la Constitución, hace casi una década».

Habitual de la reclama de que «Hungría debe proteger la institución del matrimonio, entendida como la unión de un hombre y una mujer», según explica Szabolcs Panyi, periodista de investigación de Direk36.
El político ha pedido disculpas y asegura que «lamenta profundamente haber violado las restricciones por la Covid. Fue irresponsable por mi parte. Estoy dispuesto a asumir la multa que llegue. Con mi dimisión del domingo saqué las conclusiones políticas y personales» asegura.
El partido de Orbán y su abuso de poder en plena pandemia
Algunos dirigentes europeos están siendo cuestionados por la forma en la que han respondido contra la pandemia del coronavirus. A muchos, incluso, se les acusa de aprovechar la crisis sanitaria para reforzar su poder.
Uno de ellos es Viktor Orban, primer ministro de Hungría, quien ya ha sido señalado en su país y en el extranjero de utilizar la crisis del coronavirus de esta manera, en lugar de unir al país.
Hungría declaró el estado de emergencia el 11 de marzo de manera indefinida, por lo que el gobierno ahora tiene el poder de gobernar por decreto durante el tiempo que sea necesario y puede decidir cuándo el peligro ha terminado.
El primer intento de obtener respaldo para esta ley que necesitaba cuatro quintos de los votos de la cámara fracasó. La oposición pedía un límite de 90 días algo a lo que Orban se negó e impulsó otra votación para la que le ha bastado con dos tercios de los apoyos, que son con los que ya cuenta su partido.
Este estado de alarma indefinido ha recibido numerosas críticas no solo porque no incluya un límite temporal sino también desde el punto de vista de la libertad de prensa, en un país donde lleva años amenazada y que ahora podría penarse con hasta cinco años de prisión para quienes publiquen informaciones falsas o distorsionadas que «obstruyan o eviten la protección eficaz de la población».
Zoltan Szente, experto en derecho constitucional, ha advertido de que la pandemia podría utilizarse para continuar con estos poderes extraordinarios y dice que el Parlamento en realidad se ha «suicidado» al renunciar a su derecho de control sobre el gobierno.
Los críticos hablan ya del fin de la democracia aunque el primer ministro de Hungría y su partido, Fidesz, asegura que devolverá el poder al Parlamento en cuanto haya pasado la crisis.
Sobre el poder de Orban hay tres áreas de control: el Parlamento sigue sesionando, el Tribunal Constitucional aún funciona y las elecciones generales están programadas para 2022.
Según el abogado Hurrem Sonmez, quien ha representado a acusados en casos de libertad de expresión, la sociedad y la oposición son más débiles debido a la pandemia y teme que la pandemia sea una oportunidad para el presidente Erdogan. «Todos tienen la misma agenda: el virus. La prioridad es sobrevivir. Existe una seria preocupación de que la situación pueda ser mal utilizada por este gobierno», señala.
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