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La compra de armamento israelí revela la hipocresía de las políticas españolas de derechos humanos
¿Cómo es posible que un gobierno que se dice defensor de los derechos humanos financie a quienes cometen crímenes contra la humanidad? Esta es la pregunta que resuena en la conciencia de quienes ven con estupor cómo España sigue llenando sus arsenales con armamento proveniente de Israel, un país acusado de genocidio por organismos internacionales.
El reciente artículo publicado por Infolibre, desvela contratos millonarios entre el Ministerio de Defensa español y dos de las principales empresas armamentísticas israelíes, Elbit Systems y Rafael, levanta una ola de indignación. Con un valor cercano a los 1.000 millones de euros, estas compras incluyen tecnología bélica avanzada: desde lanzacohetes de alta movilidad hasta misiles anticarro, pasando por sistemas de aviones de combate. Todo ello en pleno contexto de la guerra en Gaza, donde las cifras de muertes civiles palestinas, especialmente de niños, no dejan de aumentar.
ESPAÑA, EL NUEVO MERCADO DE ISRAEL: ¿DÓNDE QUEDAN LOS DERECHOS HUMANOS?
El gobierno español ha intentado esconderse tras una cortina de humo. La ministra de Defensa, Margarita Robles, se ha apresurado a decir que las compras se han detenido desde el 7 de octubre. Sin embargo, los datos de la Plataforma de Contratación del Sector Público cuentan una historia diferente. España ha firmado al menos 13 contratos con Israel desde el inicio de los bombardeos en Gaza, que han dejado más de 40.000 muertos, entre ellos más de 16.000 niños. Los repuestos, los componentes y la tecnología que Robles menciona no son otra cosa que parte integral de un engranaje bélico que perpetúa la violencia en la región.
Elbit Systems y Rafael, las dos gigantes armamentísticas israelíes involucradas, no solo son proveedores de tecnología militar, sino actores directos en la ocupación y el asedio a Gaza. Cada misil vendido es un misil que, tarde o temprano, acabará en manos de un ejército que ya ha demostrado que su objetivo no es otro que la aniquilación de un pueblo entero.
Y mientras tanto, el gobierno español hace la vista gorda, priorizando los beneficios económicos por encima de los principios que dice defender. No es una sorpresa: la industria militar siempre ha sido uno de los sectores más opacos y corruptos del mundo. Las y los trabajadores que ven cómo se recortan sus derechos, cómo se precarizan sus empleos, deberían saber que parte de esos recortes van destinados a engordar las arcas de quienes fabrican la muerte.
LA HIPOCRESÍA DEL GOBIERNO: COMPRANDO ARMAS MIENTRAS HABLAN DE PAZ
El relato del gobierno español es un relato de contradicciones. Por un lado, condenan los crímenes de guerra de Israel, mientras que, por otro, financian a sus fabricantes de armas. Cada euro destinado a Elbit o Rafael es un voto de confianza al régimen de Netanyahu. No hay manera de suavizar este hecho: España está contribuyendo activamente a la maquinaria de guerra israelí, una maquinaria que no solo mata, sino que destruye hogares, sueños y futuros.
Los contratos millonarios aprobados por el Ministerio de Defensa van mucho más allá de simples acuerdos comerciales. Son una muestra clara de las prioridades del gobierno español: las vidas de las y los civiles palestinos valen menos que la ‘seguridad’ de sus negocios armamentísticos. ¿Cómo puede hablarse de paz y justicia cuando el gobierno firma contratos con empresas que fabrican los cohetes que destruyen escuelas, hospitales y barrios enteros?
No se trata solo de misiles y drones. Estos contratos incluyen la adquisición de sistemas avanzados de combate, como los designadores láser para los aviones Eurofighter, tecnología que servirá para apuntar con precisión y asegurar que cada bomba lanzada por estos cazas alcance su objetivo. ¿Qué objetivos? Personas, familias, vidas enteras reducidas a cenizas bajo la excusa de la seguridad.
Y mientras tanto, en España, los discursos oficiales intentan maquillar la realidad. La ministra Robles insiste en que las licencias de exportación están «paralizadas». Sin embargo, los contratos que se firman y se publican desmienten esas palabras. El gobierno español está más interesado en proteger su relación con las empresas israelíes que en velar por los derechos humanos.
La hipocresía de las declaraciones políticas contrasta con la brutal realidad de los contratos armamentísticos. Cada arma comprada es un paso más hacia el sufrimiento y la devastación. Cada acuerdo firmado es un aval a un régimen que ha sido señalado por crímenes de guerra.
Las y los políticos que hoy aprueban estos contratos no pueden lavarse las manos. El dinero manchado de sangre siempre encuentra la manera de regresar, y cuando lo haga, será demasiado tarde.
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