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El periodista Javier García, responsable de EFE noticias en China, anuncia su abandono del periodismo por la manipulación informativa que vive a diario.
Una de las argucias de la agnotología, palabra griega neoclásica que se refiere a la ignorancia o el «no conocimiento», se produce en estos tiempos inciertos de manera notoria, aunque en los últimos años se ha potenciado de mano de ultras de la información y agencias de noticias a sueldo.
La desinformación encubierta en prensa es una comunicación que incluye información intencionadamente falsa, incompleta o desorientadora (frecuentemente combinada con información verdadera para dar similitud de realidad) que busca engañar, informar erróneamente y/o inducir al error al blanco objetivo. El blanco puede estar constituido por élites gubernamentales y no gubernamentales extranjeras, o audiencias masivas o seleccionadas.
El objetivo de la desinformación es hacer que el blanco crea en la veracidad del mensaje y consecuentemente actúe según los intereses de la nación que conduce la operación de desinformación.
Esta técnica puede ser fomentada mediante rumores, falsificaciones, acciones políticas de manipulación, agentes de influencia, organizaciones y otros medios.

Tiempos nuevos para el periodismo
Un ejemplo claro de la manipulación informativa fue la duda, motivada por cuestiones políticas, sobre la nacionalidad del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, sembrada durante muchos meses por sus oponentes.
Otro caso ocurrió en Australia, cuando algunos analistas políticos trataron de sembrar el pánico al comparar la calificación crediticia del país con la de Grecia, a pesar de que ya estaba disponible información pública de las agencias de clasificación que ponía de relieve las diferencias entre ambas economías.
Las compañías tabacaleras utilizaban la información falsa o sesgada para vender la idea de que sus productos eran inofensivos, y esta técnica es utilizada hoy en día por los negacionistas del cambio climático (políticos como Bolsonaro entre ellos) para argumentar en contra de la evidencia científica.
Robert Proctor, un historiador científico de la Universidad de Stanford que comenzó a indagar en las prácticas de las firmas tabacaleras y en cómo propagaban la confusión en torno a si fumar causa cáncer, averiguó que la ignorancia se propaga cuando, en primer lugar, mucha gente no entiende un concepto o hecho y, en segundo lugar, cuando grupos de intereses especiales, como una firma comercial o un grupo político, trabajan duro para crear confusión sobre un tema. Y así hemos llegado hasta nuestros días.
Javier García y el cansancio
Referente a esta situación, el periodista Javier García, responsable de EFE noticias en China, parece que se ha visto superado por la información falsa que se difunde sobre el país asiático y anuncia su abandono del periodismo por la manipulación informativa que vive a diario. García deja con ello un mensaje a la sociedad tal y como nos queda: ¿es este el periodismo que queremos?
Transcribimos su hilo de Twitter:
En pocos días dejaré el periodismo, al menos temporalmente, tras más de 30 años de profesión. La bochornosa guerra informativa contra #China se ha llevado buenas dosis de mi ilusión por este oficio, que hasta ahora había sobrevivido a no pocos conflictos y otras lindezas.
— Javier García 随 风 (@javihagen) September 28, 2021
En pocos días dejaré el periodismo, al menos temporalmente, tras más de 30 años de profesión. La bochornosa guerra informativa contra #China se ha llevado buenas dosis de mi ilusión por este oficio, que hasta ahora había sobrevivido a no pocos conflictos y otras lindezas.
Llegué a #China, como a cualquier otro destino, intentando mantener la mente abierta y libre de prejuicios e ideas preconcebidas. Siempre he creído que la curiosidad y la capacidad de asombro, junto al rigor y la lealtad a la verdad, son los mimbres básicos del periodismo.
Lo que me encontré me sorprendió. Por un lado, un país enorme, diverso y en constante transformación, repleto de historias que contar. Un lugar innovador, moderno y tradicional a la vez, en el que se vislumbra el futuro y se juega de algún modo el destino de la humanidad.
Por otro, un relato de la prensa extranjera -en su inmensa mayoría- profundamente sesgado, que sigue constantemente la estela de lo que los medios estadounidenses y el departamento de Estado de #EEUU quieren contarnos, da igual lo que pase.
En esa información, llena de lugares comunes, no hay casi espacio para la sorpresa, ni para un mínimo análisis veraz de lo que ocurre aquí. No hay lugar para profundizar en las claves históricas, sociales o culturales. Todo lo que hace China debe ser por definición negativo.
La manipulación informativa es flagrante, con decenas de ejemplos a diario. Quien se atreva a confrontarla o a intentar mantener posturas medianamente objetivas e imparciales será acusado de estar a sueldo del gobierno chino o algo peor. No se tolera la menor discrepancia.
Los poderes que promueven la muy peligrosa deriva de confrontación con China no dejan nada al azar. Sus aparentemente invisibles hilos llegan a los lugares más insospechados. Cualquiera que se salga de la senda marcada será apartado o marginado.
El tan proclamado tótem occidental de “prensa libre” recibe así, paradójicamente reflejada, su más descarnada imagen en China: prensa libre para decir exactamente lo mismo, para no salirse del guion preestablecido, para recalcar una y otra vez lo malo que es el “comunismo”.
Hasta políticas que deberían servir de ejemplo, como la reforestación, sin parangón, o la salida de la pobreza de 800 millones de personas, llevan siempre la sempiterna coletilla del “but at what cost”, que usan hasta la saciedad los medios anglosajones al informar sobre #China.

Se habla sin cesar de la propaganda china, que es evidente por tan obvia. Pero nada de la de EEUU, mucho más sutil, menos detectable y, por ello, más efectiva: el lector cree que se está formando una opinión en base a su propio criterio, sin que nadie le esté empujando a ello.
La arrogancia y un disimulado complejo de superioridad son el pan de cada día a la hora de acercarse a una civilización desconocida, con una evolución radicalmente diferente, que no se puede juzgar con los habituales parámetros americanos o europeos sin intentar abrir el foco.
En lugar de seguir buscando lo peor de China y el enfrentamiento, cuando no el racismo, deberíamos esforzarnos por conocerla mejor y aprender lo que pueda haber de positivo en su modelo, igual que China ha puesto en práctica lo mejor de Occidente, a todas luces con notable éxito.
El conocimiento sin prejuicios ni manipulaciones tóxicas es el principal instrumento que tenemos frente al odio y la confrontación, que solo nos lleva a un conflicto de dimensiones inimaginables, capaz de acabar con el planeta y con todos nosotros.
Con ese bendito afán de conocer, nuestra hija, mi mujer y yo nos quedaremos aún en China, donde continuaré vinculado al periodismo desde la Universidad. Aunque llevemos ya 2 años sin poder salir del país y la distancia con la familia en España se haga cada vez más cuesta arriba.
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