Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Cuatro figuras con poder simbólico suficiente para frenar la deriva eligen la comodidad mientras la democracia se vacía por dentro.
Esto es una acusación directa, documentada y políticamente incómoda contra una de las mayores anomalías del presente estadounidense: el mutismo calculado de quienes ocuparon la Casa Blanca antes que Donald Trump. La pregunta es tan simple como devastadora: qué más tiene que pasar para que los expresidentes pidan públicamente su destitución.
No es señalar a figuras marginales. Apunto a George W. Bush, Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden. Cuatro hombres con capital político acumulado, redes de influencia intactas y millones de votantes aún dispuestos a escucharles. Cuatro silencios que pesan más que cualquier tuit incendiario del actual presidente.
LA COMODIDAD DE LAS ÉLITES FRENTE A LA DEMOLICIÓN DEMOCRÁTICA
No se trata de ignorancia. Se trata de comodidad. Los expresidentes son parte de las “clases satisfechas”, instaladas en una vida de conferencias bien pagadas, fundaciones, memorias y prestigio, mientras Trump acelera un proceso de vaciado institucional sin precedentes recientes. La acusación es concreta: mirar hacia otro lado ante los recortes fiscales a las grandes fortunas, la desregulación masiva, y el trasvase de recursos públicos hacia el complejo corporativo-militar.
Las cifras importan. Trump ha impulsado un aumento de 150.000 millones de dólares adicionales al Pentágono, por encima de lo solicitado por los propios mandos militares, mientras recorta programas sociales básicos, desmantela servicios públicos y deja a millones de personas en riesgo de perder Medicaid. Al mismo tiempo, mantiene congelado el salario mínimo federal en 7,25 dólares la hora, una cifra que no permite vivir en ningún estado del país.
Esto no es un debate ideológico. Es una transferencia de poder y recursos. Y los expresidentes lo saben. En privado comparten la convicción de que Trump debería ser sometido a un tercer impeachment. En público, callan. Ese doble lenguaje es el verdadero escándalo.
Hay un precedente histórico clave: 1974. Cuando el Partido Republicano abandonó a Richard Nixon ante la evidencia de sus abusos, forzando su dimisión. La diferencia es que hoy el autoritarismo no se esconde. Trump presume de él. “Con el Artículo II puedo hacer lo que quiera”, ha repetido. Nunca fue tan explícita la amenaza, nunca tan tibia la respuesta institucional.
IMPEACHMENT, GUERRA Y POLICÍA POLÍTICA
Trump es su mejor prueba de cargo. Existe una lista de hechos que, por sí solos, justificarían un proceso de destitución. Indultó a 1.500 personas implicadas en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, 600 de ellas con delitos violentos, llamándolas “patriotas”. Prometió “ley y orden” y liberó a quienes atacaron el corazón del sistema político.
A ello se suma la militarización creciente del aparato migratorio, convertido en una fuerza de choque interna. Antiguos cuerpos civiles funcionan hoy como cantera de operadores de un Estado policial, desplegados en ciudades contra su propia población. Esto no es seguridad. Es intimidación.
En política exterior, el balance es aún más grave. Trump ha actuado como actor bélico sin control constitucional, lanzando operaciones contra Irán y Venezuela, amenazando con apoderarse del Canal de Panamá, Groenlandia y promoviendo abiertamente el derrocamiento del Gobierno cubano. La guerra como prerrogativa personal, al margen del Congreso y del derecho internacional.
Y claro, hay que interpelar directamente a Obama como jurista constitucional. Una pregunta simple para cualquier especialista en derecho: si los 56 firmantes de la Declaración de Independencia de 1776 y los 39 redactores de la Constitución de 1787 tolerarían a un presidente que concentra poder, desprecia la legalidad y actúa como monarca. La respuesta sería unánime.
Mientras tanto, los liderazgos demócratas actuales evitan incluso pronunciar la palabra “impeachment”. Chuck Schumer y Hakeem Jeffries alegan que “no es el momento”. Revierto la pregunta: cuántos abusos más hacen falta. Cuántas guerras, cuántos recortes, cuántos indultos a golpistas, cuántas amenazas abiertas a la prensa y a juezas y jueces.
No pido heroísmos. Pido responsabilidad. Que esos cuatro expresidentes utilicen su influencia para romper el cerco mediático, financiar estructuras cívicas distrito a distrito y obligar al Congreso a actuar. No hacerlo los convierte en cómplices por omisión.
Porque mientras el silencio se prolonga, los “botines de hierro” del trumpismo siguen cayendo sobre salarios, derechos, libertades y vidas, y la historia no suele ser indulgente con quienes tuvieron poder para frenar la barbarie y prefirieron seguir dando conferencias.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir