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Usar la tragedia para ganar puntos en Bruselas y frenar las políticas climáticas no tiene límites
En una muestra de cinismo político, el Partido Popular ha convertido la tragedia de la DANA en Valencia en un argumento para intentar frenar la designación de Teresa Ribera como vicepresidenta de la Comisión Europea. Durante su intervención en Bruselas, el PP español no dudó en culpar a Ribera por las inundaciones, obviando el papel de la administración regional y, en última instancia, su propio historial de recortes y desatención en prevención y gestión de riesgos climáticos. El desastre ha sido un escenario perfecto para embarrar el proceso y desviar la atención de las verdaderas responsabilidades.
Con una retórica incendiaria, Dolors Montserrat, portavoz del PP en la Eurocámara, exigió que Ribera asumiera la culpa y anunció que el «examen» de su gestión en la DANA era suficiente para cuestionar su idoneidad para el puesto. Sin embargo, Montserrat no mencionó que el propio PP, en los últimos años, votó sistemáticamente en contra de proyectos de inversión en infraestructuras y prevención de desastres en regiones vulnerables a inundaciones como Valencia. Ignoraron los estudios que advertían del cambio climático y sus consecuencias en el Mediterráneo, minimizando los riesgos y los efectos del calentamiento global, hasta que la catástrofe fue irrefutable. Ahora, sin pestañear, usan esta misma tragedia para lanzar ataques hacia la gestión de Ribera.
La respuesta de Teresa Ribera fue clara: las alertas de la AEMET se emitieron a tiempo, y algunas instituciones, como la Universidad de Valencia y ciertos ayuntamientos, tomaron medidas preventivas. En cambio, el Gobierno de Carlos Mazón, líder regional del PP en Valencia, desestimó la urgencia de estas advertencias, retrasando la implementación de restricciones en zonas de alto riesgo. La falta de reacción a las alertas rojas puede tener consecuencias catastróficas, y en este caso, esa irresponsabilidad costó vidas.
EL NEGACIONISMO CLIMÁTICO COMO TELÓN DE FONDO
En el contexto de la Unión Europea, el debate fue un espectáculo político. Mientras la ultraderecha y los conservadores intentaban erosionar la candidatura de Ribera, el portavoz de Vox, Jorge Buxadé, volvió a defender abiertamente posturas negacionistas y cuestionó la pertinencia de proyectos hídricos que, hasta hace poco, la derecha ignoraba o directamente eliminaba. Buxadé apeló al Partido Popular Europeo para que se posicionara «del lado de la vida de los españoles» y no del lado de Ribera, un comentario diseñado para desestabilizar y dividir el apoyo europeo a políticas ambientales responsables.
Ribera recordó que su gestión ha recuperado proyectos hidrográficos paralizados en crisis anteriores, los mismos proyectos que ahora la derecha considera imprescindibles para haber evitado el desastre. Pero estos planes requieren una financiación pública consistente, algo que la derecha, comprometida con políticas de austeridad, recortes y desregulación, ha debilitado sistemáticamente. Ante el alarmismo de Vox, Ribera fue contundente al señalar que la falta de presupuestos y los recortes dificultan la inversión en infraestructura y prevención climática, recordando que, sin políticas activas y recursos adecuados, los riesgos se multiplican.
El examen de Ribera ante el Parlamento Europeo fue pospuesto, y no es casualidad: el PP de Feijóo, desesperado por frenar la política progresista en Bruselas, sigue apostando por el caos y la manipulación en lugar de buscar soluciones reales. Al proponer imputaciones y cuestionamientos judiciales, logran que la catástrofe sea explotada como una herramienta política, desviando el foco de atención de las verdaderas causas y de sus propias decisiones.
Cuestionar la credibilidad de los servicios de alerta y minimizar los efectos del cambio climático es peligroso y profundamente irresponsable. Ribera destacó que Europa necesita sistemas de alerta y preparación sólidos para proteger a la población. La política de prevenir y anticipar estos fenómenos es esencial en un continente cada vez más vulnerable a desastres climáticos extremos.
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Enhorabuena. Merecidísimo nombramiento.
Gracias Teresa Ribera