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La industria armamentística israelí señalada por corrupción en la OTAN cobra millones en España mientras Gaza arde y Europa mira hacia otro lado.
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La guerra no solo mata en el frente. También corrompe despachos, engrasa contratos y convierte la violencia en una línea más de facturación. La empresa israelí Elbit Systems, el mayor fabricante de armas de Israel y uno de los principales proveedores militares de la OTAN, se ha convertido en el epicentro de un escándalo de corrupción de alcance continental. La Alianza Atlántica ha suspendido todos sus contratos con la compañía tras una macroinvestigación por presunto amaño de adjudicaciones millonarias mediante sobornos. Y mientras Bruselas investiga, Córdoba fabrica lanzacohetes con tecnología probada sobre población civil palestina.
Los hechos no son menores. La investigación fue destapada en diciembre de 2025 por La Lettre, Le Soir, Knack y Follow The Money. Afecta a cinco empleados de la agencia de compras de la OTAN (NSPA), con sede en Luxemburgo, que solo en 2025 gestionó casi 10.000 millones de euros en adquisiciones militares. La fiscalía federal de Bélgica ha ordenado registros contra un consultor que actuaba presuntamente en nombre de Elbit Systems y que habría facilitado contratos amañados dentro de la propia estructura de la Alianza.
La NSPA ha reconocido oficialmente la suspensión de contratos con “contratistas sospechosos de actividades fraudulentas”. No cita nombres, pero los datos son claros. Trece de los quince contratos suspendidos fueron adjudicados a Elbit Systems y a su filial Orion Advanced Systems. Munición de 155 milímetros, espoletas, bengalas para aeronaves, sistemas de defensa aérea. Material diseñado para matar, adjudicado bajo sospecha de corrupción y ahora bloqueado por una de las mayores organizaciones militares del planeta.
LA GUERRA COMO MODELO DE NEGOCIO
Elbit Systems no es una empresa más. Es el corazón industrial del aparato militar israelí y una de las compañías que más ha crecido al calor de la escalada bélica global. También es la propietaria de la tecnología de los lanzacohetes SILAM, que se fabrican en Córdoba a partir del modelo israelí PULS. Por esa transferencia tecnológica, Elbit cobró 150 millones de euros, en un acuerdo firmado en diciembre de 2023 junto a la española Escribano M&E y la alemana Rheinmetall. El contrato total ascendía a casi 700 millones de euros para suministrar 12 sistemas al Ejército español.
El acuerdo se cerró dos meses después del 7 de octubre de 2023, tras los ataques de Hamás y en pleno inicio de la ofensiva israelí sobre Gaza. Desde entonces, más de 70.000 palestinas y palestinos han sido asesinados. La mayoría, mujeres y niños. El 80 % de las viviendas, hospitales y estructuras civiles han sido destruidas. Y la Corte Penal Internacional ha dictado órdenes de detención contra el primer ministro Benjamin Netanyahu y su ministro de Defensa por presuntos crímenes de guerra y genocidio.
La tecnología que se transfiere en Córdoba ha sido probada en combate contra población civil. No es una opinión. Es un hecho documentado. En septiembre de 2025, Amnistía Internacional incluyó a Elbit Systems en su listado de 15 empresas “cómplices con el genocidio” en Gaza. No por ideología, sino por evidencias.
EUROPA COMPRA, CORROMPE Y CALLA
La presión social y política obligó al Gobierno español a anunciar la cancelación de la cooperación militar con Israel. El 9 de septiembre de 2025, el Ministerio de Defensa anuló la publicación de la adjudicación del contrato SILAM. Pero la transferencia tecnológica ya estaba en marcha, y diversas fuentes cuestionan que la suspensión sea real y efectiva.
Mientras tanto, el modelo se repite en toda Europa. Antiguos cargos de la NSPA reconvertidos en consultores privados. Empresas armamentísticas cazando contratos públicos. Países disparando su gasto militar en nombre de una seguridad que solo beneficia a los fabricantes de armas. Según La Lettre, Elbit Systems ha suministrado sistemas de autoprotección a helicópteros Airbus Caracal H225M en Países Bajos, equipamiento electrónico para aviones C-390 en Austria y tecnología para aviones cisterna Airbus MRTT en Alemania, Bélgica, Dinamarca y Países Bajos.
La corrupción no es una anomalía del sistema militar europeo, es una de sus consecuencias directas. Cuando la guerra se convierte en negocio, la ética desaparece y la legalidad se vuelve negociable. Y cuando una empresa señalada por corrupción y genocidio sigue cobrando millones en suelo europeo, la pregunta no es qué hace Israel, sino qué está dispuesta a tolerar Europa.
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