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«Me siento como Galileo, en una época en la que si alguien se atrevía a discrepar, se le azotaba o se le enviaba a la hoguera»
El evocador mundo de la música a menudo nos sirve de espejo para reflexionar sobre la sociedad. Si se presta atención a las melodías de los últimos años, es indiscutible la creciente presencia de una nueva sensibilidad ecológica que emana de las letras. Cada vez son más los artistas que transforman sus preocupaciones sobre el cambio climático en canciones crudas y desgarradoras que, como señales de alarma, resuenan en los auriculares de jóvenes y adultos. Sin embargo, a pesar de esta ola de consciencia, existen quienes, en la esfera política, deciden hacer oídos sordos, creando sus propias canciones de negación, notas desafinadas en el concierto global por el clima.
LOS ACORDES DISONANTES DE VOX
En un escenario donde los actores políticos debatían fervorosamente sobre la importancia de la ciencia en el desarrollo de la nación, un debate sobre el cambio climático entre los representantes de ciencia de los principales partidos de España, Julio Utrilla, portavoz de ciencia de Vox, resonó discordante, como una guitarra desafinada. Con una retórica que recordaba a los tiempos más oscuros de la historia de la ciencia, el portavoz exclamó: «Me siento como Galileo, en una época en la que si alguien se atrevía a discrepar, se le azotaba o se le enviaba a la hoguera».
En una afirmación llena de connotaciones altamente dudosas, Utrilla reconoció que «no negamos que el planeta se esté calentando, sería estúpido afirmar lo contrario. Sin embargo, nuestro partido no cree que este aumento de la temperatura sea producto de la actividad humana». Esta posición choca directamente con la abrumadora evidencia científica que vincula directamente la actividad humana con el calentamiento global.
LA MELANCOLÍA DE LA NEGLIGENCIA
A pesar de su postura negacionista, Utrilla no dudó en usar como respaldo argumentos y autores notoriamente desacreditados por la comunidad científica. «Para respaldar nuestras posturas, citaré a una serie de autores, a menudo desacreditados por su negacionismo climático». Es desalentador observar cómo la retórica de la negación puede encontrar eco en el ámbito político, donde las decisiones tomadas tienen efectos palpables y duraderos en la vida de las personas y en el futuro del planeta.
Para el portavoz de Vox, aquellos que discrepan de su visión son tachados de borregos o de estar en contra de la ciencia: «Parece que todos debemos seguir el mismo sendero ovejuno y quien discrepe es tachado de anticientífico o acusado de estar en contra de la ciencia».
Con una sonata de negación resonando en el aire, queda claro que, aunque la música del cambio climático sea cada vez más fuerte, aún hay quienes se niegan a escucharla. De la misma manera, es importante recalcar que, aunque los acordes de la negación puedan sonar estridentes y desafinados, no deben desviar nuestra atención del verdadero concierto: la lucha colectiva y global para mitigar el impacto del cambio climático.
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