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Mucho humo, cero derechos y la sanidad convertida en moneda de cambio para millonarios
Donald Trump volvió a hacerlo el 15 de enero. Presentó su enésimo “gran plan”, esta vez en materia sanitaria, envuelto en consignas grandilocuentes y vacío de contenido real. Lo llamó Great Healthcare Plan, pero lo que anunció el presidente de Estados Unidos fue, según organizaciones sociales, economistas y representantes demócratas, una operación de propaganda sin cifras, sin garantías y con un historial previo devastador.
Trump prometió bajar precios de medicamentos, reducir primas de seguros y hacer responsables a las grandes aseguradoras. No explicó cómo. No presentó borradores legislativos. No aportó calendarios. Ni un solo detalle técnico. El mismo patrón de siempre. Palabras grandes para esconder políticas pequeñas que, cuando se concretan, siempre van en la misma dirección: menos derechos y más negocio.
Desde la organización Protect Our Care fueron directos. Definieron el anuncio como “un plan sanitario de broma” y una nueva maniobra para engañar a una población exhausta. No es una exageración. Desde que Trump regresó al poder, su Administración y sus aliados republicanos han impulsado recortes por valor de 1 billón de dólares en Medicaid. El resultado no es abstracto: casi 22 millones de personas han visto cómo sus primas sanitarias se duplicaban, triplicaban o incluso cuadruplicaban en un país donde ponerse enferme ya es un privilegio de clase.
LA SANIDAD COMO BOTÍN POLÍTICO
El problema no es solo lo que Trump propone ahora, sino lo que ya ha hecho. 15 millones de personas están en riesgo de perder cobertura sanitaria como consecuencia directa de sus políticas fiscales, diseñadas para financiar rebajas de impuestos a multimillonarios. La sanidad no es un derecho en su modelo. Es un ajuste contable.
Mientras tanto, una solución concreta y urgente duerme en el Senado. La Cámara de Representantes aprobó una extensión limpia de tres años de los créditos fiscales de la Ley de Atención Asequible. Trump amenazó con vetarla. Los republicanos bloquearon su avance. El líder republicano del Senado, John Thune, mantiene el texto en un cajón. No por inviabilidad técnica, sino por cálculo político.
Según la Oficina Presupuestaria del Congreso, una institución no partidista, esa extensión permitiría que millones de personas más tuvieran seguro médico. 3 millones en 2027. 4 millones en 2028. Las cifras existen. Los beneficios están medidos. El coste es asumible. Pero no encaja con el proyecto ideológico que concibe la salud como mercancía.
El congresista Brendan Boyle lo resumió sin rodeos: el plan de Trump es un timo. Aumentaría los costes y recortaría cobertura en un contexto de inflación médica desbocada. No es un error de diseño. Es la consecuencia lógica de un sistema orientado al beneficio privado.
CONCEPTOS DE UN PLAN, NEGOCIO DE SIEMPRE
Desde Public Citizen, el diagnóstico fue igual de contundente. El llamado Great Healthcare Plan no es impresionante por su ambición, sino por su vacío. No es grande. No es un plan. No mejora nada. Tras más de una década en el centro del poder político, Trump y su entorno siguen instalados en los “conceptos de un plan”. Una expresión que ya se ha convertido en símbolo de su gestión: prometer sin cumplir y gobernar sin rendir cuentas.
El trasfondo es conocido. Recortes sanitarios para financiar rebajas fiscales. Desprecio explícito por las familias trabajadoras. Un sistema que expulsa a quien no puede pagar. Y una clase política que normaliza que enfermar sea una ruina económica.
Frente a ese modelo, el debate de fondo sigue siendo el mismo. A corto plazo, ampliar y proteger la cobertura existente. A medio y largo plazo, cambiar las reglas del juego. Como recordó el activista Eagan Kemp, la única solución estructural es garantizar la sanidad como derecho universal. En Estados Unidos eso tiene nombre y lleva años sobre la mesa: Medicare for All.
No es radical. Es lógico. Es más barato. Es más justo. Y es exactamente lo contrario de lo que defiende Trump.
Porque cuando un presidente convierte la sanidad en un eslogan vacío mientras millones temen ir al médico, no estamos ante una mala política, sino ante una estafa organizada desde el poder.
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