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Cada día, cada segundo del día, estamos expuestos a la radiación, la energía que viaja en forma de ondas o partículas. Nos referimos a las inofensivas ondas de radio, las microondas, la propia luz que percibimos con los ojos…
Pero existe un tipo de radiación con la que debemos tener precauciones: la ionizante, un potente agente mutágeno y cancerígeno cuyo uso se ha extendido para diagnosticar y tratar numerosas enfermedades. Es la que se emplea para hacer radiografías o tomografías computerizadas y para proporcionar los tratamientos de radioterapia, entre otras aplicaciones. Aunque sus beneficios son indudables, hay que limitar los posibles daños que pueden ocasionar.
Consecuencias de la exposición a la radiación ionizante en órganos y tejidos según el tiempo de exposición y de la dosis.
Obrador, E. et al. 2020, Author provided
Una de las estrategias usadas para reducir ese efecto dañino es la administración de los llamados radioprotectores. Estos compuestos químicos son capaces de secuestrar radicales libres (moléculas inestables que se pueden acumular en las células y dañar otras moléculas, como el ADN, los lípidos y las proteínas, incrementando el riesgo de cáncer y otras enfermedades), aumentar la capacidad de reparación del ADN y/o reducir la respuesta inflamatoria derivada de la radiación.
Actualmente, el interés de la comunidad científica se centra en buscar radioprotectores con baja toxicidad. Y ahí entran en escena algunos alimentos, porque en nuestra dieta abundan los compuestos con propiedades antioxidantes, o sea, que ayudan a eliminar el exceso de radicales libres producidos por las radiaciones ionizantes.
Es el caso de las vitaminas E y C, minerales como el selenio, el zinc o el magnesio, ciertas enzimas y compuestos fenólicos como los tocoferoles, los flavonoides y los ácidos fenólicos.
Además, las virtudes antieméticas (que previenen o reducen las náuseas y los vómitos) y antiinflamatorias de ciertos alimentos podrían considerarse también como radioprotectoras, ya que la exposición a la radiación ionizante ocasiona episodios de náuseas, vómitos o inflamación. El jengibre, la curcumina, el aloe vera y el ajo, por ejemplo, ayudarían a combatir estos síntomas.
Las vitaminas A, C, D y E
La búsqueda sustancias que nos protejan de esa forma de energía no se detiene. Así, una reciente investigación del Food & Health Lab y del Departamento de Farmacia y Tecnología Farmacéutica y Parasitología de la Universitat de València junto con el Servicio de Protección Radiológica del Hospital Universitario y Politécnico La Fe y la Unidad Mixta de Investigación de Endocrinología, Nutrición y Dietética Clínica del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe ha revelado que cuatro tipos de vitaminas de las trece que existen tienen propiedades radioprotectoras.
Concretamente, las vitaminas A, C, D y E pueden ser útiles para reducir efectos de la radiación en el cuerpo, los órganos y las células. La vitamina E es la que mayor efectividad ha demostrado, seguida de las vitaminas C, A y D, por este orden.
¿En qué alimentos se encuentran estas vitaminas?
No existe un alimento que contenga todas las vitaminas en las cantidades óptimas para el organismo. Por eso es imprescindible seguir una dieta variada que permita cubrir las necesidades nutricionales (y vitamínicas) y evitar carencias o excesos que pueden llevar a un estado de malnutrición.
Clasificación de las vitaminas según su solubilidad, principales fuentes alimentarias y efecto radioprotector.
Ilustración elaborada por los autores, Author provided
Las vitaminas liposolubles (solubles en grasas) se encuentran principalmente en alimentos como los aceites vegetales, el pescado, vegetales como la zanahoria, el brócoli o las espinacas y lácteos como los quesos. En esta categoría entrarían las vitaminas radioprotectoras A, D y E.
Concretamente, la vitamina A se puede encontrar en el hígado, los patés, las zanahorias, la anguila, la margarina, los quesos y las espinacas; la D, en los huevos, la mantequilla, la leche y los aceites de pescado; y la E, en los frutos secos (como las avellanas, almendras y nueces), los aceites vegetales (como el de girasol), la mantequilla, la margarina y los vegetales de hoja verde.
Por su parte, las vitaminas hidrosolubles (solubles en agua) abundan sobre todo en alimentos como los cítricos, cereales integrales, legumbres, alimentos de origen animal y hojas verdes. La que tiene efecto radioprotector según el estudio antes citado, la C, está presente en frutas (naranjas, fresas, kiwis…), tomates, espinacas, patatas, pimientos verdes y rojos.
Aunque se necesita investigar más para garantizar la seguridad y eficacia de la vitaminas contra los efectos de las radiaciones, todo apunta a que su uso en personal sanitario y pacientes abre nuevas líneas de trabajo interesantes. Estos descubrimientos, incluso, podrían ayudar a prevenir los efectos nocivos de las radiaciones cósmicas en los futuros astronautas que viajen hasta la Luna o Marte.
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