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Una subasta es una alternativa al mercado para determinar un precio de equilibrio para un bien o servicio. Aunque lo primero que se nos viene a la cabeza es un subastador bajando el martillo para entregar el bien a aquel oferente cuya oferta ha sido la más alta, existen otros formatos de subasta
En 2020 el Nobel de Economía recayó sobre Paul R. Milgrom y Robert B. Wilson, ambos de la universidad de Stanford, por sus contribuciones a la teoría sobre las subastas y la fijación de precios.
Al anunciar el premio, la Academia sueca señaló en su comunicado: “Han mejorado la teoría de las subastas e inventado nuevos formatos, beneficiando a los vendedores, compradores y contribuyentes de todo el mundo”. Y añadió: “Las subastas están en todas partes y afectan nuestra vida cotidiana”.
Eficiencia y subastas
La teoría de subastas es la encargada de diseñar asignaciones eficientes en las subastas, entendiendo por ello mecanismos que permitan que los bienes se queden en manos de los agentes que más los valoren y que la asignación sea lo menos costosa posible en términos de recursos totales.
Hay dos circunstancias en las cuales resulta especialmente relevante su estudio:
Cuando el tamaño del mercado es reducido.
Cuando los agentes involucrados tienen asimetrías informativas que generan ineficiencias en la asignación.
La utilidad de los estudios
El trabajo de Wilson y su discípulo Milgrom no solo sirve para entender cómo funcionan las subastas y por qué los postores se comportan en ellas de cierta manera. También han diseñado nuevos formatos de subastas para la venta de bienes y servicios que han beneficiado tanto a vendedores como a compradores de todo el mundo.
Basándose en la maldición del ganador, esto es, pagar demasiado y perder (dinero), Wilson ha estudiado por qué los postores tienden a apostar por debajo de su mejor estimación del valor común. Por su parte, Milgrom ha formulado una teoría más general de las apuestas que no solo permite que varíen los valores comunes entre los diferentes apostadores, sino también los valores privados.
Juegos y subastas
Abordar el problema económico de las subastas utilizando la teoría de juegos no cooperativos supuso, a finales de los años setenta, un cambio importante en la teoría económica. En particular, Milgrom y Wilson pusieron de manifiesto que había varios problemas económicos que no se podían analizar en el ámbito de los mercados perfectamente competitivos; había que centrarse en el estudio de los incentivos y la información, lo que proporcionaba una perspectiva más realista de cómo funciona el mercado.
Entre sus múltiples aportaciones, los economistas fueron los primeros en recomendar (en 1994) el sistema de rondas múltiples simultáneas, basado en pujas abiertas en las que cada empresa puede ver lo que ofrecen las otras, en lugar del sistema de sobres cerrados que se aplicaba en las concesiones de licencias de radio y de móviles, y cuyo resultado no era bueno para ninguna de las partes de la subasta.
El sistema propuesto por los futuros Nobel resultó claramente más eficiente que el modelo tradicional.
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