Justicia tardía: entre 10 y 24 años de cárcel para los asesinos de Samuel Luiz
La brutalidad homófoba recibe una respuesta judicial tras más de tres años de espera.
Meta expone a las personas LGBTQ al odio: permite a los usuarios llamarles enfermos mentales
Las nuevas políticas de Meta normalizan la discriminación y eliminan salvaguardas esenciales para los grupos vulnerables
La primera rebelión en El Corte Inglés en 100 años: un grito contra la precariedad
Las rebajas de enero comienzan con la primera protesta laboral en la historia de los grandes almacenes.
Albert Rivera y las pensiones: la bala que esquivamos
Un exdirigente que destila el cinismo del privilegio económico
Blanquear la explotación: Bélgica regula la prostitución y perpetúa una dinámica de desigualdad bajo la fachada de protección
Cuando un Estado organiza el acceso a los cuerpos vulnerables, no garantiza justicia, solo refuerza un modelo patriarcal maquillado con reformas.
¿Y éramos nosotras la generación de cristal?
Generación de cristal no es quien busca justicia, sino quien teme perder su pedestal. Y ese pedestal, de todas formas, ya se tambalea.
Quedan 7 días para conseguir 30 000 euros: financiación popular en apoyo a Las 6 de La Suiza
Esta campaña no es solo por Las 6 de La Suiza, sino por todas las personas que defienden los derechos laborales y sindicales.
Todas estábamos en el juicio con Gisèle
Gisèle lo dejó claro: “Sin el respaldo de quienes me acompañaron cada día, no habría tenido la fuerza para volver al tribunal”.
Cañada Real: cinco Navidades de oscuridad que alumbran la hipocresía institucional
Cinco inviernos sin electricidad en la periferia de Madrid, mientras las luces de Navidad iluminan la indiferencia.
Eduard Cortés, acusado por 27 mujeres, expone las grietas de un sistema cultural que calla y consiente
Con promesas de futuros papeles o colaboraciones artísticas, manipulaba a mujeres que luchaban por abrirse paso en el competitivo mundo del cine.
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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