Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Cuando un Estado organiza el acceso a los cuerpos vulnerables, no garantiza justicia, solo refuerza un modelo patriarcal maquillado con reformas.
Las calles de Bruselas siguen siendo un escaparate donde el cuerpo femenino se convierte en mercancía. El barrio rojo de la capital belga, con sus vitrinas y anuncios, se presenta como un microcosmos que materializa una contradicción flagrante: mujeres hipersexualizadas y vigiladas, en contraste con calles cercanas donde abundan símbolos de religiosidad y modestia. Esta imagen resume una problemática más profunda: una ley que, bajo la apariencia de progreso, no hace sino reforzar un modelo de subordinación que se lucra de los cuerpos de mujeres precarizadas.
Bélgica, al implementar un marco contractual para las trabajadoras sexuales, busca erigirse como referente en derechos laborales, pero la pregunta central persiste: ¿puede un contrato limpiar la explotación inherente al negocio del sexo? Organizaciones como Human Rights Watch han aplaudido la medida, confiando en que aporte seguridad y derechos básicos. Sin embargo, esta ley no aborda el núcleo del problema: la mayoría de quienes se prostituyen lo hacen empujadas por necesidades económicas y exclusión social.
Los contratos propuestos solo benefician a una minoría privilegiada dentro de este sector. Aproximadamente 25.000 personas participan en la prostitución en Bélgica, pero se estima que apenas 5.000 podrán acceder a estas supuestas garantías legales. El resto, atrapadas en la economía sumergida, queda fuera del paraguas de protección. La normativa excluye a quienes trabajan online o lo hacen de manera secundaria, perpetuando la invisibilidad de las más vulnerables.
La exigencia de registrarse y operar bajo un empleador autorizado introduce un nuevo filtro de exclusión. Muchas mujeres no pueden ni quieren registrarse por temor a represalias, estigma o pérdida de acceso a ayudas sociales. Un marco laboral que promete libertad, pero que en realidad legitima un modelo de explotación, encubre la desigualdad con un falso barniz de derechos.
EL PROBLEMA DEL PROXENETA LEGAL Y LA FALACIA DEL CONSENTIMIENTO
Uno de los mayores temores es la normalización del proxenetismo bajo la etiqueta de «empleador». La ley exige que los gestores no tengan antecedentes penales, pero la realidad demuestra que el negocio del sexo se basa en jerarquías de poder difíciles de supervisar y controlar. Mientras el Estado regula la actividad, ¿quién controla a quienes gestionan el acceso a los cuerpos?
Las asociaciones abolicionistas, como Isala, denuncian el peligro de transformar la prostitución en una industria legitimada por el contrato. «Se sigue permitiendo que el cuerpo de las mujeres sea un producto en el mercado laboral», critican. Bajo la narrativa del consentimiento y el «empoderamiento», se oculta una estructura que sigue beneficiando a los hombres y empobreciendo a las mujeres.
Además, el argumento del libre albedrío choca con las condiciones de precariedad que rodean a muchas de estas mujeres. Como señala Utsopi, el sindicato de trabajadoras sexuales belga, el acceso a un botón de alarma o el derecho a rechazar a un cliente no eliminan la realidad de fondo: el trabajo sexual sigue siendo el resultado de un contexto de falta de opciones. En palabras de una prostituta entrevistada: «La única diferencia entre las que son obligadas y las que lo hacen por elección es que antes ninguna tenía derechos. Ahora algunas tienen contrato, pero la explotación sigue siendo la misma».
La realidad es que en una sociedad verdaderamente igualitaria, ninguna persona debería tener que vender su cuerpo para subsistir. La ley belga blinda ciertos aspectos formales, pero no resuelve las causas estructurales de la explotación. La protección de los derechos laborales debe comenzar por garantizar alternativas reales y dignas. En lugar de regular la demanda, se debería cuestionar el propio sistema que considera aceptable que algunos compren el acceso al cuerpo de otras personas.
La preocupación por la implementación también deja entrever las limitaciones del enfoque: los trámites burocráticos para validar estos contratos han sido lentos, y el propio Ministerio de Trabajo no cuenta aún con cifras que demuestren un impacto positivo. Mientras tanto, las dinámicas de poder permanecen intactas. El 85% de las trabajadoras sexuales siguen sin declarar su actividad por miedo al rechazo bancario y a la estigmatización. La inclusión financiera y social no llegará por decreto mientras persista un sistema que convierte la pobreza en negocio.
La regulación belga puede presentarse como un avance, pero en el fondo, institucionaliza una desigualdad que seguirá alimentando la violencia y el sufrimiento de miles de mujeres. Cuando un Estado organiza el acceso a los cuerpos vulnerables, no garantiza justicia, solo refuerza un modelo patriarcal maquillado con reformas.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
4 Comments
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Ojalá en España pronto también tengan derechos, viva el trabajo sexual!!
Que el estado reconozca el trabajo sexual como trabajo es un gran paso para garantizar justicia y acceder a derechos de ciudadanía
“Aproximadamente 25.000 personas participan en la prostitución en Bélgica, pero se estima que apenas 5.000 podrán acceder a estas supuestas garantías legales.“ Fuente? El modelo neozelandés de despenalización en el que se ha basado la ley se ha demostrado eficaz en reducir el estigma y la violencia. El abolicionista se ha demostrado una catástrofe, como constatan Amnistía Internacional, Human Rights Watch, ONUSIDA, etc. Menos moralismos y más escuchar a los colectivos de trabajadoras sexuales.
¿»Trabajo ha dicho»? El patrón: el «empresario» y el cliente…la supuesta «trabajadora» (casi siempre mujer) sometida al capricho de ellos. Las mujeres sometidas, violadas, entregadas al capricho de los demás, hombrecitos; necesitando de ellos para no estar a la intemperie, ser agredidas,…de donde la necesidad de un local, de un chulo o dueño del local, y así hablar de la libertad de ejercer el sexo por parte de las mujeres que se dedican a tal venta de su cuerpo, es una falacia de tomo y lomo…La defensa, bajo la careta de la libertad, viene de parte de los que sacan tajada del negocio y de quienes acuden a tales servicios, en el mayor de los casos de mujeres obligadas por la necesidad, etc., etc., etc.