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DESTACADA, POLÍTICA ESTATAL

La derecha radical en España: antecedentes históricos y la revuelta neocón 

El desencanto de los más radicales dentro del PP sirvió de caldo de cultivo para apuestas cada vez más virulentas.

Al Descubierto
España ha sido considerada durante muchos años una excepción en el contexto europeo debido a la ausencia de un partido marcadamente ultraderechista que lograse buenos resultados en las elecciones o tuviese cierta presencia institucional, tal y como venía sucediendo en Europa desde hacía años. Sin embargo, este hecho no responde a la ausencia de un público objetivo afín a estas ideas ni a la inexistencia de partidos u organizaciones que las representasen.

Antecedentes históricos de la derecha radical

Manuel Fraga Iribarne en fecha indeterminada. Posiblemente en una campaña electoral durante la Transición Española. Autor: Sergio Calleja (Life is a trip). Fuente: Flickr (CC BY-SA 2.0.)
Manuel Fraga Iribarne en fecha indeterminada. Posiblemente en una campaña electoral durante la Transición Española. Autor: Sergio Calleja (Life is a trip). Fuente: Flickr (CC BY-SA 2.0.)

La particularidad del caso español se debe, principalmente, a la importancia que tiene todavía la reconfiguración democrática que se lleva a cabo tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, y cómo los diferentes actores se sitúan en el marco político del nuevo sistema. Nacida de la Constitución de 1978, todavía bajo la sombra del franquismo y la tutela de sus tecnócratas, la joven democracia española no pudo construirse ajena al hecho de no haber juzgado ni sancionado la dictadura, antes bien, ha sido casi considerada como una cesión por parte de quienes gobernaron España junto a Franco durante cuarenta años.

Así, tanto la Ley de Amnistía de 1978, que dejaba impunes los crímenes del régimen, la no depuración de los elementos represivos y cómplices, así como la continuación de prácticamente todo el aparato burocrático franquista, permitieron que en el Estado permaneciera cierta estructura vinculada al franquismo.

La extrema derecha, sin embargo, nunca desapareció. Tras la pérdida del único diputado que había conseguido en 1979, Fuerza Nueva (FN), un partido de extrema derecha heredero del franquismo liderado por Blas Piñar, ex procurador de las Cortes Franquistas, precipitó su disolución tras las elecciones de 1982.

Así, la derecha española, reconvertida y reivindicada como demócrata, reconfiguró todo su espacio político para abarcar desde el centroderecha hasta la extrema derecha, principalmente bajo las siglas de Alianza Popular (AP) primero y, posteriormente, del Partido Popular (PP), fundado en 1989 por Manuel Fraga Iribarne, exministro de la dictadura franquista, quien consiguió aglutinar a un gran número de partidos, corrientes e ideas del lado derecho del tablero político.

El PP se concibió como un partido catch all o atrapalotodo en el que convivían prácticamente todas las familias de las derechas y extremas derechas españolas. El papel hegemónico del PP en la derecha española se ha reflejado no solo en la inexistencia de éxitos destacables de los partidos ultraderechistas españoles, sino en las propias encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que reflejaban cómo hasta el 90 % de las personas que se consideran de extrema derecha votaban al Partido Popular.

No obstante, a la derecha del PP existieron desde siempre otros partidos de extrema derecha: nostálgicos de la dictadura franquista y falangistas (nacionalsindicalistas militantes de Falange Española y sus partidos herederos, sostén político de la dictadura franquista), por una parte, y otros similares a las nuevas extremas derechas que llevaban años instaladas en Europa, que llegarían a España a partir de la segunda mitad de los años 90, como Democracia Nacional (DN), España 2000, Frente Nacional (FN), Alianza Nacional (AN) y otros partidos y plataformas que irían cambiando de nombre o reconfigurándose tras sus sucesivos fracasos. Y todos ellos tenían un origen prácticamente común y relacionados con el entorno de Blas Piñar o con el Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE), una organización neonazi fundada en los años 60 al amparo del franquismo.

Además, surgirían otros partidos populistas de derechas, marcadamente personalistas y alrededor de personajes muy mediáticos, con capital suficiente
para desarrollar un proyecto a su medida. Es el caso de la Agrupación Ruíz-Mateos, partido creado en 1989 en torno a la figura del empresario que le daba nombre, tras la expropiación de su holding de empresas, Rumasa, por parte del Estado. Este partido logró dos eurodiputados en las elecciones de 1989 tras conseguir 609.170 votos.

Una experiencia similar fue la del Grupo Independiente Liberal (GIL), del exalcalde de Marbella y empresario Jesús Gil, creado en 1991. Finalmente, otro ejemplo es la fracasada Unión Centrista-Centro Democrático Social (CDS), del exbanquero procesado Mario Conde, creada en 1999. Estas tres experiencias representarían a la derecha protestataria, como las denomina el historiador Xavier Casals, que trataron de disputar el voto al PP, pero sin articular un programa que se pueda situar en el entorno de las extremas derechas convencionales y homologables al resto de Europa. Esta particular forma de hacer política podría considerarse un antecedente de la nueva derecha radical representada en personalidades como el expresidente de Estados Unidos Donald Trump.

Plataforma per Catalunya (PxC) fue el partido de extrema derecha que tuvo el mayor éxito con un discurso antiinmigración, islamófobo y de prioridad nacional en las elecciones municipales en Cataluña el año 2011. Esta formación, liderada por el exmiembro de Fuerza Nueva Josep Anglada, obtuvo 67 concejales en diferentes municipios catalanes. Ese mismo año, el partido España 2000 también conseguiría cuatro concejales en diferentes municipios del País Valenciano, convirtiéndose en referente de la ultraderecha.

Plataforma per Catalunya (PxC) fue el partido de extrema derecha que tuvo el mayor éxito con un discurso antiinmigración en 2011

Por otro lado, el PP fue siempre fue muy prudente a la hora de traspasar ciertas líneas rojas que lo acercaran a las extremas derechas europeas. Tan solo en contadas ocasiones, ciertos líderes del PP explotarían los temas habituales de la extrema derecha europea como la inmigración, la islamofobia o la romafobia (antigitanismo). Es el caso de Xavier García Albiol, alcalde de Badalona, o Javier Maroto, alcalde de Vitoria.

Ambos protagonizaron discursos contra la inmigración que fueron duramente criticados y aún denunciados ante los tribunales. Incluso el Consejo de Europa los puso como ejemplo de políticos xenófobos en el Estado español. Sin embargo, la mayor parte del PP mantuvo siempre cierta prudencia a la hora de hacer uso de este tipo de mensajes.

Es más, las manifestaciones del alcalde del PP de Badalona coincidieron con la irrupción de PxC en el panorama político catalán. También el candidato del partido de derechas nacionalista catalán Convergència i Unió traspasaría esta línea roja con un cartel durante la campaña de ese mismo año, 2011, que decía “A Catalunya no hi cap tothom” (en Cataluña no cabe todo el mundo).

La irrupción de PxC explica en gran medida este tanteo inédito de las derechas españolas y catalanas representadas por PP y CiU con los discursos antiinmigración. Hasta entonces, estos estaban circunscritos exclusivamente al ámbito de la extrema derecha. Este mismo viraje de la derecha hacia los discursos de la extrema derecha en materia de migraciones, incluso con tintes islamófobos y xenófobos, volvería a aparecer con la irrupción de Vox, sobre todo a partir de 2018.

Según el eurodiputado y autor de varios trabajos sobre extrema derecha, Miguel Urbán, “en los territorios donde tiene una competencia por el espacio político conservador o, más bien, donde el PP aparece como el partido minoritario de dicho espacio, gira hacia postulados más homologables a los de la extrema derecha europea”. Urbán contextualizaba la irrupción en España del discurso de extrema derecha más actual en su libro La emergencia de Vox (2019), en el que explica la experiencia de Cataluña:

La deriva lepenista, que parecía una opción meramente instrumental para conquistar y gobernar la compleja ciudad de Badalona, se convirtió en la nueva opción estratégica del PP en toda Cataluña. Durante el penúltimo congreso del PP catalán, García Albiol consiguió que la ponencia en política social estableciera la reducción de ayudas a los inmigrantes y señaló: «Nuestra capacidad de acogida no es ilimitada. O aceptan nuestros valores o que se vuelvan por donde han venido».

De este modo, la inmigración y la seguridad ciudadana ganaron centralidad en el mensaje de este partido, que aspiraba de este modo a dirigirse a un electorado transversal y con una fuerte presencia de sectores populares. Con este fin, otros líderes del PP pusieron en práctica ese discurso, especialmente Sonia Esplugas en L’Hospitalet de Llobregat (la segunda urbe catalana en número de habitantes) y otras fguras del PP catalán, como Alberto Fernández Díaz, candidato en la ciudad de Barcelona, que alertó sobre la eventual creación de «guetos islámicos».

Sin embargo, más allá de los partidos, siempre ha existido en España un poso de extrema derecha subterráneo, a veces más visible y a veces menos, que ha tenido su propia vida bajo discretas organizaciones políticas, sociales y religiosas. Estas tendrían un papel clave en la reconfiguración del espectro de derechas, pero, sobre todo, para movilizar a grandes masas que protagonizarían o amplificarían campañas contra políticas progresistas.

La revuelta neocón

Los ecos de la ola reaccionaria global, en el contexto posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001, tuvieron su repercusión en España. Dentro de la derecha española se vivió una sacudida importante impulsada desde dentro del propio Partido Popular y por sus márgenes, en los que se situaban medios de comunicación, think tanks y organizaciones que trataron de acelerar su radicalización. Este punto resulta importante para entender de dónde viene la nueva extrema derecha española y cómo los mecanismos que ya se usaron quince años atrás contra un gobierno progresista volverían a activarse con el nuevo Gobierno de coalición entre PSOE-UP en 2020.

Hace cinco lustros, la derecha española todavía conformaba un bloque más sólido, con múltiples frentes, pero con prácticamente un único beneficiario: el PP. Hoy, quien más se ve beneficiada es la extrema derecha. Vox representa en gran medida esa escisión neoconservadora (neocón) del PP.

La pérdida del Gobierno por parte del PP en 2004, tres días después de los atentados de Al Qaeda en Madrid, provocó una radicalización del discurso de la derecha española. El ala más conservadora del PP y sus aliados iniciaron una ofensiva contra el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que marcaría el camino para la radicalización de la derecha española.

El desencanto de los más radicales dentro del PP sirvió de caldo de cultivo para apuestas cada vez más virulentas. Fueron los primeros pasos de la nueva tendencia, del emergente conglomerado de medios de comunicación, movimientos sociales e instituciones privadas que acabarían por constituirse en lo que llamamos nueva derecha española, aquella que nunca virará al centro. – Spanish Neocón. La revuelta neoconservadora de la derecha española (2012)

El libro Spanish Neocón. La revuelta neoconservadora de la derecha española (VV. AA., Traficantes de Sueños, 2012) explica detalladamente cómo se produce este cambio dentro de la derecha española y cómo se materializó esta ofensiva, no solo en el terreno político, sino también la que se denomina la “guerra cultural” contra los consensos amplios en materia de derechos humanos y políticas sociales. Hay que señalar la coincidencia de este movimiento con el neoconservadurismo norteamericano y la emergencia de movimientos como el Tea Party, en la órbita del Partido Republicano.

Alianza contra el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero

César Vidal en la manifestación convocada por la AVT en Madrid neocón. Autor: José María Mateos, 25/11/2006. Fuente: Flickr (CC BY 2.0)
César Vidal en la manifestación convocada por la AVT en Madrid. Autor: José María Mateos, 25/11/2006. Fuente: Flickr (CC BY 2.0)

La hegemonía de determinados valores progresistas herederos de Mayo del 68, que se tradujeron en avances sociales durante el Gobierno de Zapatero con la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo, la reforma de la ley del aborto o la Ley de Memoria Histórica, provocaron una reacción sin precedentes en el bloque de la derecha. Para esta ofensiva fueron imprescindibles varios medios de comunicación y, sobre todo, el principal think tank de la derecha española, la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), a la que pertenecía, entre otros, el expresidente del Partido Popular, José María Aznar.

Como explica el libro antes citado, el método consistía en “atacar de forma feroz elementos y discursos que reunían consensos amplios, explotando sus debilidades manifiestas y abriendo una frontera insalvable entre los discursos institucionales y la verdad neocón”.

Para esto, la derecha española contó con el apoyo de todo tipo de organizaciones que iban más allá de la militancia del PP. Según Spanish Neocón, los principales actores que llevaron a cabo esta ofensiva fueron los siguientes: Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), presidida por José AlcarazPeones Negros, presidida por Luis del PinoAsociación Nacional por la Libertad Lingüística y Galicia Bilingüe; HazteOir, dirigida por Ignacio Arsuaga; las webs Grupo Risa y Monclovitas; medios de comunicación como la COPE, Intereconomía, Libertad Digital, La Gaceta o EsRadio; organizaciones religiosas como la Conferencia Episcopal, el Opus Dei y los Kikos, y fundaciones y think tanks como FAES, Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES), la Fundación Burke o la Fundación Juan de Mariana.

La importancia de esta alianza contra el Gobierno por parte de organizaciones con objetivos distintos, pero con una serie de valores compartidos, fue su capacidad para movilizar y convertirse en una suerte de movimiento social neocón activista que agitó las calles y los medios de comunicación como hasta entonces no había ocurrido.

Esta ofensiva tendría varias líneas de pensamiento y acción, algunas en sintonía con el resto de extremas derechas globales y otras particulares del contexto español. En primer lugar, la teoría de la conspiración en torno a los atentados del 11M en Madrid, que primero el PP y más tarde algunas organizaciones y medios de comunicación quisieron atribuir a la banda terrorista ETA.

Esta teoría todavía hoy persiste en algunos círculos de la derecha, aunque tanto la investigación policial y judicial como la propia reivindicación de Al Qaeda despejaron cualquier duda al respecto.

En segundo lugar, la movilización de la Iglesia católica y de organizaciones ultracatólicas supuso también un importante pulso al Gobierno y a leyes previstas, como la reforma de la ley del aborto, la del matrimonio de personas del mismo sexo, la de muerte digna (que no llegó a aprobarse) y la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Hasta la Conferencia Episcopal tacharía la ley de matrimonio homosexual como “un desafío único en la historia de la humanidad”. Es destacable el papel de lo que en un primer momento fue un blog de internet, HazteOír, fundado en 2001 por Ignacio Arsuaga, y que es hoy un lobby de movilización y presión ciudadana con importantes lazos internacionales.

En tercer lugar, una ofensiva del nacionalismo español que se podría concretar en tres ejes principales: tras el atentado del 11M, la defensa de “Occidente frente a la barbarie”; la “tregua trampa” de ETA y la oposición a la reforma del Estatut de Catalunya.

Occidente frente a la barbarie

La defensa de Occidente frente a la amenaza terrorista islamista tras los atentados del 11M se inició cuando España todavía participaba de la invasión de Irak que habían promovido George Bush, Tony Blair y el expresidente español José María Aznar.

Tony Blair, George W. Bush y José María Aznar, el llamado Trío de las Azores, del movimiento neocon. Autor: SSGT Michelle Michaud, USAF, 2002. Fuente: Military Service Digital Photographic Files
Tony Blair, George W. Bush y José María Aznar, el llamado Trío de las Azores y cabezas visibles del movimiento neocón. Autor: SSGT Michelle Michaud, USAF, 2002. Fuente: Military Service Digital Photographic Files

Esta reivindicación de la civilización occidental frente a la “barbarie” ha funcionado como lubricante para la islamofobia y la xenofobia tanto en España como en el resto de Occidente hasta hoy. “[…] no oigo a ningún musulmán que me pida perdón por conquistar España y estar allí ocho siglos”, o que los extranjeros de países de mayoría musulmana que viven fuera de sus fronteras sufren una “integración difícil” son manifestaciones del expresidente Aznar en una conferencia en el Instituto Hudson de Washington en 2006.

Estos discursos eran ya habituales en otros países en los que la extrema derecha tenía cierta presencia y atención mediática, pero en España, hasta entonces, era difícil escucharlos más allá de los entornos de la extrema derecha. Precisamente la Fundación FAES, en la que participaba Aznar, había tomado este marco como eje de sus discursos. En la reseña del seminario “Occidente y el futuro de la democracia liberal” (2006) del Campus FAES, se describe la intervención del diputado del PP Gustavo de Arístegui en la que se destacan sus advertencias sobre las amenazas a la democracia liberal.

Estas amenazas serían las “alianzas antisistema” donde coincidirían los movimientos antiglobalización, la izquierda radical, “determinado sector de la extrema derecha, el populismo indigenista no alineado y el islamismo radical”. La FAES, además, se manifestaría contra la idea de la Alianza de Civilizaciones, lanzada por Zapatero, con la acusación contra el presidente de querer dialogar y negociar con terroristas.

En la misma línea de las FAES está el Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), fundado por el exasesor ejecutivo del Ministerio de Defensa en los Gobiernos del PP y director de estudios de política internacional en FAES, Rafael Bardají. Este, junto a José María Aznar, fundaría además la Friends of Israel Iniciative, organización dedicada a promover las relaciones del Estado israelí con Occidente. Bardají sería posteriormente uno de los impulsores del partido Vox.

Los miembros del GEES contarían también con el apoyo de varios medios de comunicación, como el ya mencionado Libertad Digital, que tendría a varios de sus miembros como analistas de cabecera, muy beligerantes contra la inmigración y el multiculturalismo.

Estas ideas y estos discursos empezaron a ser más habituales, a partir de esta constante exhibición neocón, en varios medios de comunicación y en boca de varios políticos del PP. El entonces portavoz del PP en la Comisión de Interior del Congreso, Ignacio Cosidó (que sería más tarde director general de la Policía con el Gobierno de Mariano Rajoy), afirmaría en otro acto organizado por FAES en 2008 que los musulmanes “suponen un riesgo para nuestra democracia” y, alertando sobre el supuesto peligro de radicalización de las personas migrantes de religión musulmana, añadió que esta “genera algunas incompatibilidades con nuestros principios democráticos, sobre todo en términos de igualdad entre hombres y mujeres y en la concepción del islam como sistema político”, y que una política de tolerancia hacia el islam solo serviría “para generar más problemas, lejos de conseguir un apaciguamiento”.

La “tregua trampa” con ETA

En 2011, todavía con Zapatero en el Gobierno, el nacionalismo español volvería a las calles contra lo que consideraba una nueva “tregua trampa”: el anuncio de alto el fuego de ETA un año antes. Tras una pancarta con el lema “No más mentiras. No más treguas trampa, en mi nombre no”, varios representantes del PP y de diversas organizaciones de extrema derecha se manifestaron en Madrid junto a miles de personas.

El acto lo cerró con un discurso el actual líder de Vox, Santiago Abascal, exmiembro del PP y entonces presidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES).

La reforma del Estatut de Catalunya y la unidad de España

También la reforma del Estatut de Catalunya provocó la movilización de la derecha y la extrema derecha española, que advertía del peligro que este suponía para la unidad de España. En diciembre de 2005, el PP convocó a cerca de 50.000 personas en Madrid para reivindicar la “Constitución Española, la monarquía y la unidad de España”. A este acto acudieron numerosos representantes del partido, que leyeron fragmentos de la carta magna y negaron que España fuese un Estado plurinacional, para oponerse así a la consideración de Cataluña como nación que preveía el Estatut.

La unidad de España ha sido siempre uno de los ejes movilizadores y aglutinadores de la derecha, pero también de parte de cierta izquierda españolista contraria las reivindicaciones nacionalistas. Esto sería todavía más visible años más tarde, con el conflicto catalán en torno al referéndum del 1 de octubre de 2017.

Las lenguas de algunos territorios del Estado han servido también como arma arrojadiza de las derechas contra su normalización y promoción. Casos como el del País Valenciano, donde la derecha ha usado la denominación de la lengua (valenciano) para promover un conflicto artificial que cuestiona su pertenencia al sistema lingüístico catalán, han sido importantes campos de batalla para la extrema derecha.

Uno de los mantras habituales de la derecha y la extrema derecha en España ha sido la supuesta persecución que sufren el castellano y los castellanohablantes en los territorios del Estado donde existe otra lengua. Aunque el foco ha estado casi siempre en Cataluña, por sus políticas de normalización e inmersión lingüística, este relato se extiende a los otros territorios plurilingües.

La Asociación Nacional por la Libertad Lingüística (ANLL) fue uno de los principales caballos de batalla de esta ofensiva contra la normalización de las lenguas; esta organización basa su relato en el victimismo que propicia la supuesta conspiración para relegar el castellano a la marginalidad e impedir que sea una lengua de uso habitual. Su presidente fue Pablo Yáñez, entonces secretario de la Federación Norte de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, hoy socio de gobierno del PP y Vox en varias comunidades autónomas y ayuntamientos.

Este tipo de plataformas se multiplicarían durante los siguientes años para impedir que se promulgaran leyes que tratan de recuperar y normalizar las lenguas autóctonas; tratan de instaurar un marco de debate en el que se presentan como defensores de la libertad de elegir la lengua y contra la supuesta imposición que suponen las políticas de normalización lingüística. Este relato se acentuará todavía más sobre todo en Cataluña y en los demás territorios de habla catalana (País Valenciano e Islas Baleares), con la complicidad de gran parte de medios de comunicación, que tratarán de relacionar las políticas de normalización lingüística con el independentismo.

Es importante tener en cuenta esta ofensiva neocón en el Estado español para el análisis sobre la extrema derecha actual, ya que marcará el inicio de una nueva forma de activismo y de estrategia combinada entre varios actores. En ambos casos, la acción coordinada de fundaciones, think tanks y organizaciones de todo tipo siempre está reforzada y promocionada por varios medios de comunicación y, actualmente, con una enorme campaña en redes sociales.

Además, gran parte de los protagonistas de esta ofensiva neocón descrita en este apartado será clave en un futuro, tanto en la creación y promoción del partido de extrema derecha Vox como en la progresiva radicalización de la derecha española.

“Hay que tener presencia en las universidades, en el mundo del cine, del teatro…, de las artes en general. Y, evidentemente, en las instituciones. Y también hay que ser conscientes de los pocos escrúpulos que ellos tienen”. El exdiputado de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta, ofrecería estas declaraciones en una entrevista a El Español en octubre de 2020, junto a otros líderes de la derecha española, sobre la batalla cultural.

En este reportaje también se entrevista al escritor y catedrático en Literatura Española, Jon Juaristi, quien afirma que “la basura ideológica de la izquierda cae del lado de la doxa dominante. Por tanto, parece que lleva las de ganar, pero tan solo es una impresión engañosa. La especie humana puede nutrirse de mierda durante temporadas larguísimas, pero al final acaba hartándose”.

La fundadora de Unión Progreso y Democracia (UPyD), Rosa Díez, también apuntaría en la misma dirección: “Un papel importante en la construcción de esta hegemonía lo ha jugado la educación. El espacio público y el espacio educativo han permitido que la falacia de que la izquierda es más democrática se extienda. En el fondo, la falacia de la supremacía moral de la izquierda es un reproche a la democracia porque si no hay alternativa democrática y pluralismo ideológico, no hay democracia”.

El periodista Ricardo Dudda, autor del libro La verdad de la tribu: la corrección política y sus enemigos (Debate, 2019), donde disecciona la guerra cultural a partir de lo que él denomina la “corrección política”, afirma en la entrevista citada que “la guerra cultural es una política mediatizada en la que importan más los marcos, el relato y el posicionamiento simbólico que cuestiones materiales”.

Según Dudda, el conflicto reside “en cuestiones no materiales y simbólicas”. “Los partidos del establishment se distinguen solo en cuestiones culturales o simbólicas; en cuestiones materiales como la economía o las políticas públicas son muy parecidos“, asegura.

Capítulo 1 (Antecedentes históricos) y el capítulo 2 (La revuelta neocón) del Informe Europeo De los neocón a los neonazis: la derecha radical en el Estado Español, publicado por la Fundación Rosa Luxemburgo, coordinado por el periodista Miquel Ramos con la colaboración de Nora Rodríguez, Jordi Borràs, Román Cuesta, Julián Macías, Pep Anton Ginestà, Adrián Juste y Juan Francisco Albert Guerrero de Al Descubierto, Proyecto UNA, Nuria Alabao y Carles Viñas

Al Descubierto

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