Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Ayuso paga el negocio y la ciudadanía paga el precio
EL NEGOCIO NO CURA, FACTURA
La escena es tan grotesca que cuesta escribirla sin sentir rabia. Un consejero delegado al frente de un hospital público ordena, el 25 de septiembre, ante una veintena de mandos, rechazar pacientes para ganar más dinero. No lo dice a micrófono cerrado, ni en un papel filtrado de madrugada. Lo afirma en voz alta, en una reunión formal, como quien comenta una estrategia de ventas. La elasticidad entre listas de espera y beneficios es directa, argumenta Pablo Gallart, CEO de la empresa que gestiona el Hospital Universitario de Torrejón. En sus palabras se resume una lógica perversa: menos pacientes atendidos, más millones en el EBITDA.
Esto no es un error puntual. Es el modelo.
Madrid, bajo el gobierno de Isabel Díaz Ayuso, lleva años entregando centros públicos a empresas cuyo principal deber no es cuidar a las personas sino rendir cuentas a su accionariado. Ribera Salud y su máximo accionista, Vivalto Santé, declaran ahora que su prioridad siempre han sido las y los pacientes. Pero los hechos recién revelados muestran otra cosa. Muestran cómo se cocina el negocio sanitario privado cuando se apropia de lo público: seleccionando qué vidas conviene atender, qué cirugías proporcionan más margen, qué demoras inflan los balances trimestrales.
El audio es demoledor. Gallart explica que en 2022 y 2023 hicieron un esfuerzo para reducir listas de espera y que ahora toca “desandar el camino”. Lo dice sin rubor. Si antes se contrató personal para atender más, ahora toca revertirlo para atender menos. El razonamiento es técnico y frío, casi quirúrgico: decidir qué intervenciones se mantienen y cuáles no, fijar la actividad que se va a “proveer”, ajustar gastos y beneficios en función de las demoras. No habla de personas. Habla de unidades de facturación con piernas.
La consecuencia es evidente: cuando un hospital público está en manos de una empresa cuyo CEO da estas instrucciones, la salud deja de ser un derecho y se convierte en un capítulo contable. Y en ese punto, el sufrimiento humano se mide en márgenes de beneficio.
MADRID COMO LABORATORIO DE LA SANIDAD MERCANTILIZADA
Lo que estalla ahora con Torrejón no es un caso aislado. Es una grieta que deja al descubierto el andamiaje completo de un sistema privatizador que lleva años debilitando la sanidad pública madrileña. No se trata solo de Gallart ni de una reunión concreta. Es la culminación de un modelo político que ha convertido hospitales públicos en oportunidades financieras para fondos internacionales.
Si algo indigna de verdad no es que el CEO haya dimitido tras hacerse públicos los audios. Es que ese mismo día, la Consejería de Sanidad se apresurara a afirmar que hasta ahora no ha detectado ningún incumplimiento del contrato de concesión. Los audios no parecen, para el Gobierno autonómico, una evidencia de incumplimiento ético, profesional o humano. Todo se reduce a un procedimiento administrativo que quizá haya que “revisar”.
El mensaje es brutal: mientras no haya un papel que certifique la vulneración del contrato, la instrucción de rechazar pacientes no merece sanción ni alarma política. La auditoría anunciada por Ribera Salud suena más a cortafuegos que a compromiso reparador. Una auditoría no borra el hecho de que hubo alguien al mando ordenando limitar el acceso a un hospital público para cuadrar cuentas.
Mientras tanto, la oposición carga contra Ayuso. Más Madrid anuncia acciones legales. El PSOE-M habla de “vergüenza absoluta”. Los partidos denuncian lo que ya saben las y los profesionales sanitarios desde hace años: Madrid es la avanzadilla de un modelo que mercantiliza la vida y externaliza la responsabilidad política sobre los servicios esenciales.
Los audios de Gallart son solo una prueba sonora de algo que está pasando cada día: listas de espera que crecen, derivaciones que se disparan, personal exhausto, y hospitales gestionados como centros de coste y no como espacios de cuidado. La ciudadanía paga impuestos para sostener una sanidad pública que después se entrega a empresas que optimizan beneficios negando intervenciones. Y el Gobierno madrileño sigue defendiendo este modelo como si fuese un logro económico.
Porque el capitalismo sanitario no se esconde. Se expresa así. En tono neutro, en PowerPoints, en reuniones en las que se decide quién entra y quién queda fuera.
No hay concesión que lo maquille. No hay comunicado que lo suavice. No hay auditoría que lo redima.
A lo que llaman gestión eficiente es, en realidad, una violencia administrativa que decide cuántas personas pueden enfermar sin estorbar el beneficio.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir