Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Feijóo intenta distanciarse de Vox sin asumir que lo creó. El divorcio no es ideológico, sino de conveniencia.
LA PÉRDIDA DE CONTROL
Alberto Núñez Feijóo ha pasado de ser la promesa de estabilidad conservadora a convertirse en el rehén de su propio discurso. Durante años, el Partido Popular alimentó a Vox para debilitar al adversario, y hoy es Vox quien marca los tiempos de la derecha. La ausencia de Santiago Abascal en el desfile del 12 de octubre no ha sido un gesto aislado, sino la evidencia pública de una relación que se agota.
Feijóo ha querido interpretar el desplante como una deslealtad institucional, comparando la actitud de la ultraderecha con la de los partidos independentistas. Pero esa analogía revela más fragilidad que autoridad. Cuando un líder se ve obligado a recordar quién es el aliado y quién el enemigo, es que el liderazgo ya ha sido puesto en duda. El PP no se distancia de Vox por convicción democrática, sino por cálculo electoral. Lo hace tarde, sin convicción y sin relato alternativo.
El gallego aspira a ocupar el espacio de la moderación, pero ese territorio fue dinamitado por su propio partido. La deriva de los gobiernos autonómicos compartidos con la extrema derecha, la normalización de discursos excluyentes y el silencio cómplice ante los ataques a periodistas, mujeres o migrantes han dejado al PP sin margen moral. No se puede jugar a ser la derecha sensata cuando se gobierna con quienes desprecian las reglas básicas del juego democrático.
El divorcio es inevitable, pero Feijóo no lo gestiona como una ruptura política, sino como una crisis de imagen. Intenta parecer institucional frente a un Abascal que se exhibe como insurgente. En esa pugna, la ultraderecha gana por algo elemental: no tiene nada que perder. Vox no necesita gobernar para condicionar la agenda pública. Le basta con incendiarla.
EL FIN DEL RELATO PATRIÓTICO
El bloque reaccionario nació con una bandera en la mano y un enemigo inventado: el Gobierno traidor, la izquierda separatista, la España que no era “de bien”. Ese relato sirvió para unir lo que en realidad estaba dividido. Pero el patriotismo de plató tiene fecha de caducidad. Cuando el enemigo deja de asustar, el odio se queda sin negocio.
Feijóo lo sabe. Por eso intenta reescribir su papel en la historia reciente, como si nunca hubiera compartido espacio con quienes niegan la violencia machista o blanquean el franquismo. En su discurso del 12 de octubre, insistió en la lealtad al rey y en la defensa de los soldados, buscando una imagen de orden frente al caos de Vox. Sin embargo, esa apelación al orden suena hueca cuando el propio PP ha alimentado durante años el ruido.
El líder popular repite que está “en el camino correcto”. Pero ese camino ya no existe. El bipartidismo que le permitió ascender en Galicia se desintegró. En el Congreso, su grupo vota con Vox cuando la aritmética lo exige y lo critica cuando la estrategia lo aconseja. Esa ambigüedad no es pragmatismo: es miedo.
Feijóo ha intentado sustituir el debate ideológico por un relato moralista: el PP es la decencia frente a un Gobierno corrupto. Pero en un país cansado de discursos vacíos, el cinismo pesa más que las palabras. Nadie olvida que bajo gobiernos del PP florecieron tramas de financiación ilegal, ni que los mismos que hoy se erigen en guardianes de la ética pactan con quienes la dinamitan.
El distanciamiento con Vox no responde a una toma de conciencia democrática, sino a una necesidad electoral. El PP necesita diferenciarse para sobrevivir, pero no puede romper con quienes le aseguran poder en ayuntamientos y comunidades. La distancia es de escenario, no de fondo.
Feijóo parece creer que basta con no coincidir en una tribuna para marcar una línea ideológica. Sin embargo, el problema no es dónde se sienta cada uno, sino lo que comparten cuando se levantan. En ambos discursos persiste la misma visión autoritaria de la patria, la misma desconfianza hacia el pluralismo y el mismo desprecio hacia lo público.
Cuando el amor se rompe, lo que queda no es la verdad, sino la costumbre. Feijóo y Abascal seguirán necesitándose, aunque ya no puedan fingir respeto. Porque en la derecha española, romper nunca significa soltar, sino calcular cuánto duele fingir.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir