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Vistas desde la Peña Rubia, Caravaca de la Cruz (Murcia). Foto tomada por David F. Carreño, Author provided
Se estima que ya desde el Homo neanderthalensis (400 000-40 000 años atrás) los seres humanos nos hemos preguntado para qué estamos en este mundo, si hay algo más de allá de nosotros mismos. De hecho, esta consciencia existencial es probablemente la característica que más nos distingue del resto de los animales.
Muchas personas piensan que el sentido en la vida es una cuestión puramente metafísica o completamente subjetiva, y que por lo tanto no puede ser estudiada objetivamente. Otras afirman que es una cuestión que no tiene respuesta.
Sin embargo, en psicología el sentido en la vida (se habla del sentido en la vida y no del sentido de la vida como tal porque varía en cada persona) se ha abordado científicamente desde hace varias décadas, principalmente desde la pionera aportación del psiquiatra austriaco Viktor E. Frankl.
Un constructo importante en psicología
Lejos de ser una cuestión metafísica inabordable, el sentido en la vida ha sido descrito como constructo psicológico y hay todo un campo de investigación sobre la importancia de este constructo en el comportamiento humano, la salud mental y la salud física. Por ejemplo, sabemos que el sentido en la vida es uno de los pilares de la felicidad y el bienestar psicológico. Al contrario, la falta de sentido en la vida se ha relacionado con una gran variedad de problemas psicológicos como la depresión y la ansiedad.
¿Hay aspectos objetivos en el sentido en la vida? La respuesta científica es sí. El sentido en la vida se ha definido como “la percepción de orden, coherencia y propósito en la existencia de uno, la búsqueda y logro de metas valiosas, y un acompañante sentido de realización” (Reker y Wong, 1988). En los últimos años se ha generado consenso basado en la evidencia de que el sentido en la vida está compuesto por tres elementos básicos (modelo tripartito): coherencia, propósito e importancia/significancia.
Cognición, motivación y emoción
La coherencia, como faceta más cognitiva, hace referencia al grado en que una persona percibe orden y comprensión sobre sí mismo, el mundo y su lugar en la vida. El propósito es el elemento de carácter motivacional y se refiere a tener metas, valores o aspiraciones que dan una dirección a la vida de una persona. La importancia o significancia es la faceta de tipo más emocional y hace alusión a la percepción y sentimiento de que la vida de uno tiene valor e importa en el mundo.
Como dato interesante, cuando se han comparado estos tres componentes, la importancia/significancia es claramente la faceta que más predice la valoración del sentido en la vida. Dicho de otra forma, este sentimiento de importancia dentro de nuestro contexto parece ser el componente más central en nuestro sentido en la vida.
En beneficio de otros
En línea con las ideas originales de Viktor Frankl, la importancia/significancia se ha vinculado con la autotranscendencia, entendida como la persecución y contribución a una causa mayor que va más allá de uno mismo (por ejemplo, hacia otras personas o seres, la sociedad, la naturaleza, o Dios en caso de ser religioso).
En resumidas cuentas, es más probable que experimentemos un mayor sentido en nuestra vida si la dirigimos, voluntariamente claro, hacia el beneficio de otros, y no solamente en beneficio propio. Por supuesto, hay infinitas formas de hacerlo y cada persona decide el cómo y hacia quiénes o qué dirige su esfuerzo. Al igual que puede decidir no hacerlo y probablemente perderse una gran parte del sentido que pueda tener su vida. Lejos de ser incompatibles, la prosocialidad y el crecimiento personal van unidos de la mano.
Experiencias y ‘carpe diem’
Además, en una reciente investigación que hemos llevado a cabo junto con otros colaboradores internacionales, publicada en la revista Nature Human Behaviour, aportamos una amplia evidencia empírica sobre un cuarto elemento que constituye el sentido en la vida: la apreciación experiencial, es decir, la contemplación de lo que acontece a uno en el momento presente.
Como observamos a lo largo de siete estudios, esta capacidad para apreciar las experiencias que estamos teniendo en nuestra vida, el estar conectado con el aquí y el ahora, puede llegar a predecir un mayor juicio de sentido en la vida que los otros elementos propuestos hasta la fecha. Otro dato a tener en cuenta si queremos potenciar nuestro sentido en la vida: no descuidar el carpe diem.
Menos pensar, más actuar
Y, por último, en congruencia con las ideas de Viktor E. Frankl, Paul T. P. Wong y la psicología contextual, en nuestra investigación hemos visto la importancia de otro elemento básico del sentido en la vida: las acciones responsables o acciones valiosas (aquellas conductas que dirigimos hacia lo que valoramos en la vida y creemos moralmente correcto).
El sentido en la vida no solo tiene que ver con lo que pensamos, sentimos o nos motiva, sino también en gran medida con lo que hacemos. No es tarea fácil asumir la responsabilidad de nuestra propia existencia. Esto supone enfrentarse a las consecuencias, no siempre agradables, de ser lo que uno quiere ser. Sin embargo, es todavía más difícil creer que alguien pueda sostener y percibir por mucho tiempo que su vida tiene un sentido significativo si no emprende acciones hacia lo que considera valioso. Así que no nos quedemos hasta el infinito pensando y repensando. Avancemos, tomemos decisiones y ¡actuemos!
Las fuentes de sentido
Más allá de estas cinco facetas que definen el sentido en la vida, otro objeto de estudio en psicología ha sido el de identificar qué da sentido a la vida de las personas, es decir, cuáles son las fuentes de sentido más comunes. Las encuestas realizadas en diferentes culturas sobre qué da sentido a la vida han concluido con resultados muy similares.
Las relaciones personales, la intimidad o el amor, la autotrascendencia, la contribución a la sociedad, los logros personales, la espiritualidad y la armonía están a la cabeza de las fuentes de sentido identificadas a nivel global.
Como defendía Ortega y Gasset, parecen existir ciertas condiciones fundamentales que dan valor a nuestras vidas, no simplemente porque nosotros las consideremos subjetivamente valiosas, sino que estas áreas deben contener cualidades en sí mismas que nos hacen valorarlas. La teoría evolutiva aporta diferentes explicaciones en este aspecto. Por ejemplo, la motivación humana hacia los vínculos personales es adaptativa y crucial para la especie .
Libres para elegir
La ciencia sistemáticamente nos muestra que los seres humanos no podemos deshacernos de nuestra filogenia y el contexto social en que vivimos. Pero, ¡tranquilidad! Esto no significa que no seamos libres de elegir nuestro sentido en la vida. Nuestra libertad y nuestra naturaleza son perfectamente compatibles.
Ya desde Viktor E. Frankl, se ha considerado que el sentido en la vida es en gran parte personal e individual. El rango y diversidad de las fuentes de sentido varían entre las personas, así como varían los niveles de cada faceta utilizada para concebir su propio sentido en la vida. De la misma forma, hay personas que dan más sentido a sus vidas que otras.
David F. Carreño recibió fondos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte a través de una beca FPU.
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