La hemeroteca la persigue. Lo que antes era pluralidad ahora es dogma. Lo que antes era respeto a las diferencias hoy es cruzada moral.
CUANDO AYUSO ERA “MODERADA” Y NO USABA PINGANILLO
La memoria digital tiene mejor puntería que la justicia. Las redes han rescatado un vídeo de una joven Isabel Díaz Ayuso, más relajada, menos impostada y con un discurso que hoy la haría enemiga de su propio partido. En su intervención en El gato al agua, defendía un PP “no creyente ni sectario”, donde cabía el debate sobre el aborto o la eutanasia.
“No todos pensamos igual, y afortunadamente, porque no somos una secta”, decía.
Años después, la misma mujer que presumía de un partido plural aplaude en la Asamblea de Madrid la imposición de Vox para difundir el falso “síndrome postaborto”, un concepto sin respaldo científico que busca culpabilizar a las mujeres que interrumpen voluntariamente su embarazo. La líder que aseguraba no ir a misa ni militar por fe, sino por ideas, ha terminado abrazando la moral ultracatólica más rancia, esa que convierte los derechos reproductivos en campo de batalla electoral.
La grabación recuperada no solo muestra un cambio de tono, sino una mutación política: del liberalismo superficial al integrismo conservador. Donde antes había una defensa del pluralismo, hoy hay castigo moral. Donde antes había debate, hoy hay sentencia.
¿Sabías que hubo un tiempo en que ISABEL DÍAZ AYUSO no escuchaba voces cristofascistas en su cabecita loca, no usaba un pinganillo que le establecía línea directa con MAR, no era una desquiciada macarra y defendía un debate abierto en la sociedad sobre el aborto y la eutanasia? pic.twitter.com/o6dqzzgh9C
— GUILLERMO GUIJARRO (@remerikos) October 9, 2025
EL NUEVO DOGMA Y LA VIEJA DOBLE MORAL
En plena ofensiva antiabortista, con Almeida y Vox como socios de púlpito, Ayuso acusó a Pedro Sánchez de ser responsable de “un millón de abortos” desde su llegada a La Moncloa. La cifra, además de manipulada, es usada como arma de propaganda, no como dato sanitario. “Se ha abortado a un millón de personas, quieren más. Se podría evitar. Pero les da igual”, dijo sin pestañear.
No se trata de religión. Se trata de control. La presidenta de la Comunidad de Madrid no pretende salvar almas, sino votos. El mismo PP que desmantela servicios públicos, que dejó a 2.000 mujeres sin tratamiento oncológico y que recorta en atención primaria, ahora se erige en defensor de la vida mientras niega a las mujeres el derecho a decidir sobre la suya.
Durante el debate, Manuela Bergerot (Más Madrid) le recordó que el último político que intentó limitar el aborto, Alberto Ruiz Gallardón, tuvo que abandonar la política: “El feminismo le hizo hacer las maletas”. La frase resonó como advertencia, pero también como espejo. Porque Ayuso, que presume de fuerza, se ha convertido en rehén del discurso más retrógrado.
El PP actual no quiere un partido de mayorías, sino de obediencias. La diversidad ideológica que Ayuso defendía en su juventud ha sido reemplazada por el cálculo electoral y la consigna de Vox. De aquella militante que hablaba de libertad queda solo el eslogan vacío. La presidenta que decía no creer, ahora predica. Y quien predica, no escucha.
La huella digital no miente: la joven Ayuso debatía; la Ayuso actual sentencia.
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