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75 millones de dólares, carteles arrancados y una protesta que señala la hipocresía del poder migratorio en Estados Unidos
El negocio sucio de la guerra empieza en Córdoba
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Trump y el crimen de agresión: un sistema jurídico diseñado para no tocar al poder
El derecho internacional reconoce el delito, pero protege al agresor cuando viste traje presidencial y controla el veto.
Bruselas como cuartel general de la cruzada reaccionaria
La extrema derecha internacional vuelve a usar las instituciones democráticas como plataforma para recortar derechos y blanquear su agenda
La trama de la FP cerca al núcleo duro de Ayuso
Contratos fantasma, millones sin control y altos cargos señalados mientras la presidenta mira hacia otro lado
TikTok en manos estadounidenses: una semana para demostrar torpemente quién manda
La venta forzada prometía “seguridad nacional”. Lo que ha dejado es censura percibida, fallos técnicos y una desconfianza que no se arregla con comunicados.
Andrew, Epstein y el silencio del poder
Una segunda mujer señala al duque caído y el Estado británico empieza, tarde y mal, a mirar hacia otro lado
La corona noruega y los archivos Epstein: cuando el privilegio se escribe por correo
Casi 1.000 menciones, años de correos y una disculpa tardía: el poder vuelve a tropezar con el mismo nombre y la misma impunidad
Epstein y el saqueo planificado de Libia: el capitalismo depredador al descubierto
Epstein y el saqueo planificado de Libia: el capitalismo depredador al descubierto
Correos, cifras y servicios de inteligencia revelan cómo el colapso de un país se convirtió en un botín financiero potencial de miles de millones
La publicación de nuevos documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos vuelve a colocar a Jeffrey Epstein en el centro de una trama que va mucho más allá de la explotación sexual de menores. En julio de 2011, mientras Libia se desangraba tras la intervención internacional y la caída del régimen de Muamar Gadafi, Epstein y su entorno planearon apropiarse de los fondos estatales libios congelados en Occidente. No era una idea abstracta ni una fantasía oportunista. Era un plan con cifras, contactos y complicidades.
Un correo electrónico interno describe la “agitación política y económica” como una oportunidad para localizar y reclamar activos libios congelados por un valor aproximado de 80.000 millones de dólares, de los cuales 32.400 millones estaban en Estados Unidos. La cifra no se presentaba como un límite, sino como un punto de partida. El propio mensaje sugería que el valor real podía multiplicarse por tres o cuatro, una estimación obscena en un país devastado por la guerra y el colapso institucional.
La lógica era brutal y conocida. Presentar esos fondos como “robados” o “malversados”, activar litigios en tribunales occidentales y convertir el expolio en una operación financiera con honorarios de éxito. Bufetes internacionales cobrarían solo si ganaban. Epstein y su red se llevarían una parte. Libia, mientras tanto, seguiría sin acceso a su propio dinero.
EL BOTÍN DE GUERRA COMO NEGOCIO
Los documentos revelan que antiguos agentes del MI6 británico y del Mossad israelí mostraron su disposición a colaborar en la identificación y recuperación de esos activos. No hablamos de rumores ni de insinuaciones vagas, sino de referencias explícitas a MI6 y Mossad como redes de apoyo. El capitalismo financiero y los aparatos de inteligencia aparecían alineados alrededor de una misma mesa.
El correo iba más lejos. Calculaba que recuperar solo una pequeña parte de los fondos podía generar “miles de millones de dólares” y recordaba que Libia necesitaría gastar al menos 100.000 millones de dólares en reconstrucción. Es decir, primero se congela el dinero, luego se especula con su devolución y finalmente se ofrece el saqueo como “solución técnica” para un país destruido.
Todo esto ocurría bajo el paraguas legal de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en marzo de 2011. La resolución prometía que los fondos serían descongelados y devueltos a Libia cuando terminara la guerra. Quince años después, esa promesa sigue incumplida. La continuidad del conflicto se convirtió en la coartada perfecta para retrasar indefinidamente la restitución y abrir la puerta a demandas, embargos y maniobras financieras.
INTELIGENCIA, IMPUNIDAD Y DOBLE MORAL
En 2025, el Gobierno de Unidad Nacional encabezado por Abdelhamid Dbeibeh creó un comité jurídico para rastrear estos fondos y frenar las reclamaciones de países y empresas que exigen compensaciones por inversiones interrumpidas. Es el reverso tardío de una historia que empezó cuando Libia fue reducida a territorio disponible para intereses ajenos.
El contexto no es menor. El último lote de archivos desclasificados incluye más de 3 millones de páginas, 2.000 vídeos y 180.000 fotografías. El propio Departamento de Justicia reconoce redacciones extensas para proteger investigaciones y privilegios legales. El Congreso estadounidense ha criticado la retención de documentos clave. La transparencia sigue siendo parcial, incluso cuando los hechos apuntan a delitos de una gravedad estructural.
Epstein, muerto en 2019 en una prisión de Nueva York, aparece de nuevo como nexo entre poder político, financiero y criminal. Los archivos mencionan a figuras de primer nivel como Bill Clinton, Donald Trump, Andrés de Inglaterra y Ehud Barak. No todas las menciones implican delitos, pero todas evidencian un ecosistema de impunidad en el que Epstein se movía con comodidad.
Mientras tanto, Libia sigue sin recuperar su dinero. Decenas de miles de millones de dólares permanecen congelados en bancos occidentales, gestionados por los mismos Estados que prometieron devolverlos. La guerra terminó para algunos en contratos, litigios y comisiones. Para la población libia, nunca terminó.
Cuando el saqueo se disfraza de legalidad y la inteligencia se pone al servicio del expolio, la guerra deja de ser un desastre para convertirse en un modelo de negocio.
Ilan Pappé y el colapso anunciado del proyecto sionista
Cuando un historiador israelí afirma que el mundo acabará diciendo basta, no está profetizando: está leyendo los síntomas de un régimen que ya no puede sostenerse.
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Ayuso convierte la maternidad en trinchera ideológica con su “ley del concebido no nacido”
Isabel Díaz Ayuso ha anunciado que el próximo 2 de julio llevará a la Asamblea de Madrid un pleno extraordinario para debatir y aprobar la llamada “ley del concebido no nacido”. No es una anécdota parlamentaria. No es una medida técnica. Es una pieza más en la ofensiva reaccionaria que intenta reescribir los derechos sexuales y reproductivos con lenguaje administrativo, una carpeta institucional y una sonrisa de superioridad moral.
La propuesta reconoce al “concebido no nacido” como “miembro más de la unidad familiar”. Dicho así parece una fórmula burocrática. Pero no lo es. Es política pura. Y de la más peligrosa: la que pretende colarse por la puerta de las ayudas sociales para instalar una visión ultraconservadora de la maternidad, del cuerpo de las mujeres y de la familia. No están ampliando derechos: están moviendo el marco para que el embarazo pese jurídicamente antes que la vida material de las mujeres.
El pacto entre EE.UU. e Irán redibuja Oriente Medio y deja a Israel mirando el desastre
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán, firmado el 18 de junio por Donald Trump y Masoud Pezeshkian, ya tiene su etiqueta grandilocuente: el “gran pacto”, el “acuerdo del siglo”, la jugada histórica que supuestamente cerraría una etapa de guerra y abriría otra de negociación. La liturgia también fue cuidadosamente escogida. Trump lo formalizó en Versalles, al margen de la cumbre del G7, como si el decorado imperial pudiera maquillar lo evidente: las potencias no reconstruyen el orden internacional, lo reparten.
Es el primer pacto firmado por un presidente estadounidense y un presidente iraní desde la Revolución Islámica de 1979. No es un detalle menor. Tiene 14 puntos, prolonga el alto el fuego durante 60 días, incluye a Líbano y abre la puerta a negociar un arreglo permanente, incluido el programa nuclear iraní. Dicho así parece diplomacia. Pero la diplomacia, cuando llega después de miles de muertos, suele ser el nombre elegante del fracaso moral.
Israel rompe con Kaja Kallas porque ya no soporta que Europa pronuncie la palabra apartheid
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Ahí está el asunto. Israel no rompe con quien bombardea, ocupa, desplaza, bloquea o coloniza. Rompe con quien señala.
Vídeo | Estrenamos este domingo la segunda parte del reportaje “Palestina y la historia que quieren borrar”
Spanish Revolution estrena este domingo a las 15:00 la segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”, el reportaje dirigido y presentado por Patricia Salvador dentro de #ReportajesSR, el proyecto audiovisual dirigido por Patricia Salvador y Lea Guggelman.
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El turismo urbano ya no puede seguir vendiéndose como una postal amable, una maleta con ruedas y una pareja haciéndose fotos frente a una fachada histórica. En demasiadas ciudades se ha convertido en otra cosa. En una forma educada de saqueo. Entra sonriendo, paga tres noches, deja propina si toca, sube una historia a Instagram y se marcha. Lo que queda detrás no sale en la foto: alquileres imposibles, vecinas expulsadas, comercios de barrio sustituidos por locales sin alma y calles que ya no pertenecen a quienes las habitan.
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