Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Una segunda mujer señala al duque caído y el Estado británico empieza, tarde y mal, a mirar hacia otro lado
Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Una segunda mujer ha roto el silencio y ha vuelto a colocar el nombre de Andrew Mountbatten-Windsor en el centro del escándalo Epstein. Según su abogado, el financiero estadounidense Jeffrey Epstein la envió al Reino Unido para mantener un encuentro sexual con el entonces príncipe en 2010, cuando ella tenía veintitantos años. El escenario no es menor: Royal Lodge, residencia oficial, patrimonio de la Corona. Después, según el testimonio, hubo visita guiada al Palacio de Buckingham y té incluido. Normalidad institucional tras una noche que hoy vuelve a exigir explicaciones.
La revelación llega en un momento incómodo para el establishment británico. No es una acusación aislada ni un rumor tardío. Es la segunda mujer que afirma haber sido enviada por Epstein al Reino Unido para encuentros sexuales con Mountbatten-Windsor. Y, sin embargo, durante años, el sistema ha optado por el encogimiento de hombros, la duda meticulosa y el silencio administrativo. El poder no necesita negar cuando puede demorar.
El abogado Brad Edwards, que representa a decenas de supervivientes de la red Epstein en todo el mundo, ya ha adelantado que estudia una demanda civil contra el exduque. Edwards fue también el letrado de Virginia Giuffre, quien denunció haber sido forzada a mantener relaciones sexuales con Mountbatten-Windsor en 2001, cuando tenía 17 años, en Londres, Nueva York y en la isla privada de Epstein en el Caribe. Giuffre se suicidó en abril de 2025. Su muerte no cerró el caso. Lo dejó en evidencia.
Andrew Mountbatten-Windsor niega todas las acusaciones. Negó a Giuffre. Niega ahora a esta segunda mujer. Niega cualquier conducta ilícita relacionada con Epstein, condenado por delitos sexuales y muerto en prisión en 2019, oficialmente por suicidio. La estrategia es conocida: negar, resistir, esperar a que el ruido baje. Durante años funcionó.
LA CORONA ANTE EL CONGRESO
La diferencia ahora es política. La publicación de una nueva tanda de documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos, difundidos el 31 de enero de 2026, ha reactivado la presión institucional. Mountbatten-Windsor aparece de forma reiterada en esos archivos. Tanto, que una comisión del Congreso estadounidense lleva desde 2025 reclamando su comparecencia como testigo en la investigación sobre las operaciones criminales de Epstein.
Por primera vez, la presión no viene solo de activistas o de la prensa internacional. El propio primer ministro británico, Keir Starmer, ha afirmado que Mountbatten-Windsor “debería estar preparado para dar explicaciones”. No es una condena. Tampoco una exigencia. Es la mínima formulación posible para no incomodar demasiado a la arquitectura institucional que durante décadas protegió al acusado.
Starmer habla de una investigación “centrada en las víctimas”. El problema es que no se puede invocar a las víctimas mientras se protege a los poderosos. En abril de 2020, el propio Departamento de Justicia de EE. UU. ya estaba dispuesto a interrogar a Andrew bajo una “proffer letter”, un mecanismo legal que no garantiza inmunidad pero sí limita el uso posterior de sus declaraciones. Mountbatten-Windsor nunca dio el paso.
Mientras tanto, en Reino Unido, el debate se mantiene en el terreno de lo hipotético. El ministro de Comunidades, Steve Reed, admite que Andrew “tiene información relevante”, pero evita pronunciarse sobre una eventual extradición. Todo es condicional, todo es prudente, todo es calculadamente lento. La justicia avanza con pies de plomo cuando camina por alfombras rojas.
UNA RED, NO UN ACCIDENTE
Las imágenes recientes de Mountbatten-Windsor, difundidas en el marco de los nuevos archivos, han vuelto a sacudir a la opinión pública. Fotografías “muy perturbadoras”, en palabras del propio Reed. No prueban delitos por sí mismas, pero sí confirman algo esencial: Epstein no operaba en los márgenes del poder, sino en su interior.
El caso no va solo de un exmiembro de la familia real. Va de una red de complicidades, silencios y privilegios. De cómo el dinero y los apellidos ilustres funcionan como amortiguadores morales. De cómo, mientras las víctimas cargan con el estigma y el trauma, los nombres ilustres negocian comunicados y tiempos judiciales.
En febrero de 2022, Andrew Mountbatten-Windsor cerró la demanda civil de Giuffre con un acuerdo extrajudicial de 12 millones de dólares (unos 8,7 millones de libras). Sin admisión de culpa. Sin juicio. Sin verdad pública. Pagó y se retiró. Perdió títulos, sí. Pero conservó algo más importante: el control del relato.
Hoy, con una segunda mujer señalando, con documentos oficiales sobre la mesa y con la presión internacional creciendo, la pregunta ya no es si Andrew debe declarar. La pregunta es cuántas veces más el sistema permitirá que los poderosos esquiven la rendición de cuentas mientras las víctimas siguen esperando justicia.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Tucker Carlson rompe con Trump: cuando el monstruo descubre que el imperio también lo devora
ucker Carlson no se ha vuelto progresista. Conviene dejarlo claro desde la primera línea para no caer en entusiasmos baratos. Tucker Carlson sigue siendo Tucker Carlson: un comunicador reaccionario, una figura central de la derecha dura estadounidense, un propagador de bulos, un arquitecto televisivo del resentimiento blanco y una de las voces que más ayudó a normalizar el trumpismo como espectáculo político. Pero que alguien así rompa con los republicanos dice mucho del nivel de descomposición interna del monstruo.
La ruptura se hizo oficial en una entrevista grabada el 18 de junio en el pódcast Can’t Be Censored. Allí, el antiguo comunicador estrella de Fox News lo dijo sin demasiada vuelta: “No voy a apoyarlos. No hay ninguna posibilidad de que lo haga”. No hablaba de los demócratas. No anunciaba una epifanía democrática. Hablaba del Partido Republicano, el mismo bloque político al que dice haber apoyado durante 35 años, el mismo aparato que lo convirtió en altavoz, símbolo y agitador.
Irán aprende la lección de la guerra: más Estado duro, más China y menos cuentos occidentales
Más de 100 días de guerra no pasan gratis por un país. No pasan por sus calles, por sus cuerpos, por sus cárceles, por sus hospitales, ni por los despachos donde las élites deciden cuánto dolor puede soportar la gente antes de llamar estabilidad a la obediencia. Irán sale ahora del choque con EEUU con una pregunta encima de la mesa: qué han aprendido sus nuevos dirigentes. La respuesta, por ahora, no invita a celebrar nada. Los primeros indicios apuntan a un liderazgo más autoritario, más pegado a la Guardia Revolucionaria y más dispuesto a mirar hacia China como tabla de salvación.
La pregunta nuclear sigue ahí, claro. Si las negociaciones entre Teherán y Washington acaban en un acuerdo verificable que impida el desarrollo de un arma nuclear, Oriente Medio puede entrar en otra fase. Pero reducirlo todo al expediente atómico es una trampa cómoda. Lo que está en juego no es solo una centrifugadora. Es el modelo de poder que va a imponerse sobre millones de personas iraníes después de la guerra.
Vox, ladrillo y ventas fantasma en Eivissa: la patria empieza en el garaje
La historia tiene todos los ingredientes de la España que predica orden mientras chapotea en el barro. Una concejala de Vox, Araceli Colomar Costilla, regidora en Sant Josep de sa Talaia desde el verano de 2023, administradora de fincas, agente de la propiedad inmobiliaria y rostro local de un partido que vende mano dura contra la “okupación”, aparece ahora denunciada por una presunta trama de ventas fantasma de locales, trasteros y plazas de garaje en el Edificio Galaxia de Eivissa.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir