Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El líder ultra de Se Acabó la Fiesta lanza graves insinuaciones contra sus compañeros, desatando una crisis interna sin precedentes
Luis ‘Alvise’ Pérez no necesita enemigos. Ya se encarga él de destruir todo lo que toca, incluso lo que ha creado. Esta vez el blanco de sus delirios conspiranoicos han sido sus propios eurodiputados, Diego Solier y Nora Junco, a quienes ha acusado públicamente de haber podido ser “comprados” por lobbies de la industria armamentística. El estallido ha sido inmediato. Ambos niegan rotundamente cualquier implicación y ya estudian acciones legales contra su excompañero.
En una entrevista reciente, Alvise llegó a afirmar que “no sé si ha venido un lobby por detrás y me ha comprado un eurodiputado mío”, sembrando dudas sin una sola prueba, pero con toda la intención de intoxicar. Su discurso, disfrazado de denuncia antisistema, repite el manual habitual: victimismo, difamación y espectáculo.
Lo que parece una denuncia contra el poder es en realidad un ataque personal para justificar su aislamiento político.
Mientras Solier y Junco han conseguido integrarse en el grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), dominado por los ultras de Meloni y Ley y Justicia, Alvise se ha quedado fuera. El grupo no quiso acogerlo debido a sus causas judiciales abiertas y su historial de desinformación. Ahora, él responde acusando de traición y corrupción a quienes sí han conseguido hueco en Bruselas. El agitador se encuentra así en el grupo de los No Inscritos, sin aliados, sin influencia parlamentaria y con un ego cada vez más desbocado.
UNA FORMACIÓN ULTRA REDUCIDA A UN CULEBRÓN DE ACUSACIONES
Se Acabó la Fiesta se presentó como el azote de la “casta” y de los partidos tradicionales. Apenas un año después, lo que queda es una carcasa vacía, dividida por los egos, las estrategias personales y las sospechas cruzadas. Lo que Alvise no tolera es perder el control de un invento que considera suyo. Y cuando alguien no le baila el agua, la maquinaria de la calumnia se pone en marcha.
Diego Solier y Nora Junco han roto con la sumisión a su líder y eso, en los códigos del populismo autoritario, se paga.
La ruptura no es solo política, es también judicial. Alvise arrastra dos causas abiertas en el Tribunal Supremo: una por financiación ilegal tras recibir 100.000 euros en efectivo de un empresario del mundo cripto y otra por difundir un bulo sanitario durante la pandemia. En este contexto, su credibilidad cae en picado incluso entre los suyos, y su estrategia pasa por sembrar la sospecha para arrastrar consigo a quienes le dan la espalda.
La insinuación de que un eurodiputado puede ser comprado con un maletín durante una cena, como llegó a decir literalmente, no es una denuncia, es una fantasía conspiranoica con tintes de autojustificación. El viejo truco: si algo sale mal, la culpa es de un enemigo invisible. Lo que no explica Alvise es por qué permitió que esas personas entrasen en su lista. Ni cómo piensa liderar algo mientras se dedica a acusar a sus propios compañeros de corrupción.
Mientras tanto, el Parlamento Europeo vota resoluciones de rearme y la Comisión Europea impulsa un gasto militar de 800.000 millones sin apenas control democrático. Pero Alvise no se enfrenta al poder: se dedica a incendiar su propio campamento. Prefiere convertirse en mártir que asumir que ha sido desplazado.
El partido que prometía acabar con la fiesta del sistema ha terminado montando una tragicomedia de traiciones, maletines imaginarios y caudillismo sin disimulo.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Se le está acabando la fiesta,al fiestero,karma.