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La muerte de Francisco abre una guerra de poder en el Vaticano donde la lucha no es espiritual, sino profundamente política.
Tras el fallecimiento del papa Francisco, el Vaticano se enfrenta a un cónclave sin precedentes. El mayor número de cardenales electores de la historia —135 procedentes de 71 países— se reunirá en la Capilla Sixtina sin un rumbo claro, en medio de una división doctrinal profunda y una crisis de legitimidad espiritual. Francisco deja una Iglesia herida por dentro y acosada por fuera, pero también más diversa y menos obediente a los centros de poder tradicionales.
No es casualidad. El 79% de los cardenales que entrarán a votar han sido nombrados por el propio Bergoglio, que apostó por perfiles periféricos, a menudo poco conocidos, y alejados del eurocentrismo que durante siglos dominó el catolicismo. Pero lo que podría haber sido una oportunidad para democratizar el papado está siendo interpretado por los sectores conservadores como una amenaza que debe ser revertida a toda costa.
Y ahí está el primer campo de batalla: una reacción violenta desde dentro contra la línea reformista de Francisco, protagonizada por cardenales como Timothy Dolan (Nueva York) o Gerhard Müller (Alemania), que maniobran como grandes electores del ala reaccionaria, deseosos de restaurar una Iglesia más autoritaria, doctrinal y cerrada al mundo.
La propia Santa Sede reconoce el temor a campañas de desinformación para sabotear candidaturas progresistas. Por primera vez, el Vaticano admite su vulnerabilidad frente a bulos y operaciones de redes que buscan demoler reputaciones antes de que puedan alzarse. Una estructura medieval enfrentada a estrategias digitales del siglo XXI. La ironía es brutal.
LOS CANDIDATOS: MÁS PODER, MENOS FE
Entre los 15 nombres que más suenan, la Iglesia vuelve a jugar al juego del trono con la máscara de la espiritualidad. Y detrás de cada sotana, intereses geopolíticos, guerras culturales y viejos fantasmas del colonialismo eclesial.
Italia, aunque ya no manda, no renuncia. Pietro Parolin, secretario de Estado, representa la vieja diplomacia vaticana: un burócrata de equilibrios imposibles, sin experiencia pastoral y enfrentado a varios sectores internos. Matteo Zuppi, de la comunidad de Sant’Egidio, es el nombre más vinculado a la línea de Francisco, aunque su pacifismo y su activismo por la paz internacional le han granjeado enemistades en sectores ultracatólicos. Pierbattista Pizzaballa, franciscano y patriarca de Tierra Santa, podría sonar fuerte… si no fuera porque tener 59 años es ahora un problema en un sistema que prefiere un pontífice de transición, manejable y previsible.
Fuera de Europa, la lucha es aún más cruda. Luis Antonio Tagle, filipino y ex de Cáritas Internacional, ha caído en desgracia tras las críticas a su gestión según informa The Pillar. Charles Bo, arzobispo de Yangón, es una voz valiente frente a la dictadura militar de Myanmar, pero ¿quién en la Curia quiere un Papa incómodo con los poderosos? Malcolm Ranjith (Sri Lanka) y Robert Sarah (Guinea) podrían agradar a los nostálgicos de Benedicto XVI, pero son figuras del pasado, ligadas al integrismo litúrgico y al desprecio por los derechos LGTBI.
En África, el nombre de Fridolin Ambongo Besungu, arzobispo de Kinsasa, resuena con fuerza. Fue una de las voces más agresivas contra las bendiciones a parejas del mismo sexo, rechazando la apertura del documento Fiducia supplicans, promovido por el propio Francisco como recoge Vatican News. Lo que para algunos es claridad doctrinal, para otras y otros es simple homofobia revestida de incienso.
En América, el jesuita Michael Czerny y el canadiense-estadounidense Robert Prevost destacan. Este último, criado en Perú y actual prefecto del Dicasterio de Obispos, podría ser el antídoto perfecto contra la ofensiva neoevangelista trumpista en EE.UU., donde el catolicismo está siendo secuestrado por el supremacismo blanco y las cruzadas provida como denuncia esta investigación de The Guardian.
Europa resiste, pero cada vez más como símbolo de lo que fue. Jean-Marc Aveline (Francia) representa una Iglesia cercana a los márgenes, al diálogo interreligioso y al Mediterráneo multicultural. José Tolentino de Mendonça (Portugal), poeta y teólogo, es una anomalía: intelectual progresista en una institución que ha premiado durante siglos la obediencia acrítica. En el otro extremo, Peter Erdo (Hungría) y Willem Eijk (Países Bajos) siguen la línea dura, nostálgica de un cristianismo monocorde y disciplinado.
La lista se cierra con Mario Grech, maltés, mano derecha de Francisco en el proceso sinodal, que defiende una Iglesia más horizontal, algo que en la Curia romana se sigue viendo como herejía.
Todos estos nombres son más símbolos que opciones: señales del rumbo que puede tomar una institución incapaz de soltar sus privilegios, pero cada vez más presionada por los márgenes que quiso ignorar.
En medio de todo esto, lo que menos importa es la fe. Lo que se juega en la elección del nuevo Papa no es el alma del catolicismo, sino su rol en el orden mundial: si será el opio que adormece conciencias o la chispa que incendie los cimientos de un poder impune.
LISTA DE LOS 15 PAPABLES
- Pietro Parolin (Italia)
Secretario de Estado del Vaticano. Perfil diplomático, continuidad institucional, con poca experiencia pastoral. Centro conservador. - Matteo Zuppi (Italia)
Arzobispo de Bolonia, vinculado a la comunidad de Sant’Egidio. Promotor del diálogo y la paz. Reformista. - Pierbattista Pizzaballa (Italia)
Patriarca latino de Jerusalén. Muy mediático y activo en Oriente Próximo. Reformista moderado. - Luis Antonio Tagle (Filipinas)
Exdirector de Cáritas Internacional, de madre china. Popular pero debilitado tras polémicas internas. Progresista, en declive. - Charles Bo (Myanmar)
Arzobispo de Yangón. Defensor de los derechos humanos frente a la dictadura birmana. Reformista valiente. - Malcolm Ranjith (Sri Lanka)
Arzobispo de Colombo. Conservador litúrgico con gran experiencia en Roma. Tradicionalista. - Robert Sarah (Guinea)
Ex prefecto de Liturgia. Abiertamente enfrentado con Francisco. Muy apreciado por sectores ultracatólicos. Ultraconservador. - Fridolin Ambongo Besungu (RD del Congo)
Arzobispo de Kinsasa. Franciscano, crítico con los derechos LGTBI. Conservador duro. - Michael Czerny (Canadá)
Jesuita, prefecto de Desarrollo Humano Integral. Vinculado al estilo de Francisco. Progresista. - Robert Francis Prevost (EE.UU./Perú)
Prefecto de la Congregación de Obispos. Puente entre América del Norte y del Sur. Reformista pragmático. - Anders Arborelius (Suecia)
Obispo de Estocolmo. Convertido del luteranismo, carmelita. Muy respetado. Progresista con raíces europeas. - Peter Erdo (Hungría)
Arzobispo de Budapest. Conservador firme, formado en el Este comunista. Conservador con peso ideológico. - Jean-Marc Aveline (Francia)
Arzobispo de Marsella. Experto en diálogo interreligioso y periferias urbanas. Progresista social. - Willem Jacobus Eijk (Países Bajos)
Arzobispo de Utrecht. Fiel a Benedicto XVI, vinculado a África. Conservador doctrinal. - José Tolentino de Mendonça (Portugal)
Prefecto de Cultura y Educación. Poeta, teólogo, perfil intelectual abierto. Progresista de fondo.
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