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El PP quiere dar lecciones de violencia política mientras borra la memoria de quienes fueron asesinados por la ultraderecha en España.
EL CINISMO DE UNA PREGUNTA
El secretario general del Partido Popular, Miguel Tellado, aprovechó el asesinato del agitador trumpista Charlie Kirk en Estados Unidos para lanzar una pregunta retórica: “¿Qué pasaría en España si una persona de ultraderecha asesinara a tiros a un activista de izquierdas?”. La indignación en redes sociales no tardó en estallar. La ultraderecha española ya lo ha hecho, repetidamente, y los nombres de las víctimas siguen resonando: Carlos Palomino, Guillem Agulló, Lucrecia Pérez.
Abro debate:
— Miguel Tellado (@Mtelladof) September 11, 2025
¿Qué pasaría en España si una persona de ultraderecha asesinara a tiros a un activista de izquierdas? ¿Qué pasaría si un ciudadano español de piel blanca asesinara a una mujer de procedencia extranjera y otro color de piel?
El silencio ante la barbarie es lo que…
Tellado pretende construir un relato de simetría que no existe. Habla de hipótesis cuando la historia reciente está plagada de cadáveres provocados por neonazis, ultras y nostálgicos del franquismo. Esa violencia no es ficción. Está escrita en sentencias judiciales, en portadas de periódico y en lápidas que todavía visitan madres, padres, compañeras y amigos.
En 2007, Carlos Palomino, de 16 años, fue asesinado en el metro de Madrid por un militar neonazi. En 1992, Lucrecia Pérez, una mujer dominicana, fue tiroteada en Aravaca por un guardia civil acompañado de jóvenes neonazis. En 1993, Guillem Agulló, un joven antifascista valenciano, fue apuñalado en Montanejos por un grupo de ultraderechistas. Los tres murieron por lo que Tellado finge que nunca pasó.



LA MEMORIA QUE EL PP BORRA
Lo que convierte la declaración de Tellado en un acto de cinismo no es solo la pregunta tramposa, sino el contexto: hace apenas un año, PP y Vox eliminaron el premio contra los delitos de odio que llevaba el nombre de Guillem Agulló. El mismo Agulló al que ahora parecen no recordar. El mismo cuyo asesinato se intentó disfrazar como una pelea juvenil, invisibilizando su carácter político.
Mientras tanto, dirigentes de la derecha han relativizado amenazas de muerte contra líderes de izquierdas. Pablo Iglesias recibió balas en un sobre, un tirador subió a internet un vídeo disparando contra una foto de Pedro Sánchez y un militar jubilado llegó a fantasear con fusilar a 26 millones de “rojos”. Ninguna de esas violencias fue hipotética. Todas fueron reales, contemporáneas, y alimentadas por un discurso de odio que nunca cesa.
La politóloga Carolina Alonso lo resumió en redes: “A diario amenazáis o perseguís a alguien de izquierdas o a un inmigrante. Sois un peligro para la convivencia”.
En España un militar retirado hablaba de fusilar a 26 millones de HP, Iglesias recibió balas en un sobre y un tirador colgó un vídeo disparando la foto de Pedro Sánchez, a diario amenazáis o perseguís a alguien de izquierdas o a un inmigrante. Sois un peligro para la convivencia. https://t.co/Jg3yMGAEPL
— Carolina Alonso (@Carolalon1) September 11, 2025
El PP condena lo ocurrido en Utah, pero silencia lo que ocurre en España cuando la sangre la derrama la ultraderecha que ellos blanquean. Es un patrón: condenar selectivamente, usar la violencia como arma política y, al mismo tiempo, borrar la memoria de quienes murieron en manos de los suyos.
No es una hipótesis. Carlos Palomino, Lucrecia Pérez y Guillem Agulló están muertos. Y sus asesinos eran de ultraderecha.
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