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La formación de José Ignacio García pasa de 2 a 8 escaños, supera a Por Andalucía y se convierte en la voz más reconocible de una izquierda andaluza que ha entendido algo básico: sin territorio, sin clase y sin identidad propia, no hay proyecto que aguante.
Adelante Andalucía ya no puede ser tratada como una rareza parlamentaria. Tampoco como una marca sentimental construida alrededor de Teresa Rodríguez. Las elecciones andaluzas del 17 de mayo han dejado un dato político difícil de maquillar: la formación andalucista de izquierdas ha cuadruplicado su fuerza, ha pasado de 2 a 8 escaños, ha superado a Por Andalucía y ha alcanzado más de 401.000 votos, alrededor del 9,6% del electorado.
El resultado llega en un Parlamento donde el PP gana, sí, pero pierde la mayoría absoluta. Juanma Moreno se queda en 53 escaños, por debajo de los 55 necesarios, mientras Vox alcanza 15, el PSOE cae a 28, Adelante sube a 8 y Por Andalucía queda con 5. Dicho de otra forma: Moreno conserva el poder, pero pierde el relato de la moderación autosuficiente. Ahora tendrá que mirar a la ultraderecha aunque intente disimularlo con tono institucional.
EL NUEVO ROSTRO: JOSÉ IGNACIO GARCÍA Y EL FIN DEL “NO SE PUEDE”
El nombre central de esta nueva etapa es José Ignacio García Sánchez, jerezano, psicólogo, orientador educativo y heredero político de Teresa Rodríguez. No llega como producto de laboratorio ni como ficha colocada desde Madrid. Viene del activismo estudiantil contra el Plan Bolonia, del 15M y de una trayectoria pegada a la educación pública y al andalucismo de izquierdas. LaSexta recuerda que fue elegido candidato por unanimidad en la asamblea de Adelante y que ya venía ejerciendo como portavoz parlamentario durante los últimos años.
García ha hecho algo que muchas izquierdas parecen haber olvidado: hablarle a la gente sin sermonearla. Ha mezclado humor, identidad andaluza, vivienda, precariedad, servicios públicos y crítica al centralismo. Y ha funcionado. No porque el electorado se haya vuelto de repente más folclórico, sino porque una parte de Andalucía estaba esperando una izquierda que no pidiera permiso para tener acento propio.
Junto a él aparece Teresa Rodríguez, fundadora y referencia política del proyecto. Ya no encabeza la candidatura, pero sigue siendo la figura que explica el origen de Adelante: la ruptura con una izquierda estatal que demasiadas veces mira a Andalucía como granero electoral, no como sujeto político. Su presencia en la noche electoral no era decorativa. Era una forma de recordar de dónde viene el proyecto y hacia dónde intenta ir.
La nueva bancada tiene también un dato relevante: seis de sus ocho escaños estarán ocupados por diputadas, algo que refuerza el cambio generacional, feminista y territorial de la candidatura.
LOS OCHO NOMBRES DE UNA IZQUIERDA QUE QUIERE PISAR SUELO
Por Cádiz entran José Ignacio García y Leticia Blanco Muñoz. García representa el liderazgo político general. Blanco, nacida en Los Barrios, conecta con el Campo de Gibraltar, la cultura, la docencia y una zona demasiadas veces tratada como periferia de la periferia. Es licenciada en Filología Hispánica y Teoría de la Literatura, máster en Pensamiento Español e Iberoamericano y doctora en Hispanismo por el King’s College de Londres. También es profesora en un instituto de Algeciras.
Por Córdoba entra Mariví Serrano, María Victoria Serrano Vida, ingeniera agrónoma, docente y referente de las mareas blancas andaluzas. Su perfil no es menor. En una comunidad donde la sanidad pública ha sido erosionada por listas de espera, derivaciones y privatización silenciosa, Adelante coloca a una voz vinculada directamente a la defensa de lo común.
Por Granada entra Inmaculada Manzano Romero, filóloga, profesora universitaria, correctora y sindicalista. Su trayectoria se vincula al Sindicato Andaluz de Trabajadores tras la crisis de 2008. No es casual: Adelante crece cuando pone nombre a la precariedad, no cuando la disfraza de emprendimiento, resiliencia o cualquier otra palabra bonita para tapar salarios bajos.
Por Huelva entra María del Carmen García Bueno, histórica militante del SAT, miembro de Vía Campesina y secretaria de organización de Adelante. Su perfil conecta con la lucha jornalera, la tierra y las condiciones laborales de quienes trabajan sin poseer. Es decir, con una Andalucía real que no suele salir en los anuncios turísticos ni en los discursos de Moreno sobre estabilidad.
Por Málaga entra Luis Rodrigo Serrano, informático, activista y el candidato más joven de la lista, con 28 años. Málaga no es aquí una provincia cualquiera. Es uno de los símbolos más salvajes del modelo neoliberal andaluz: vivienda imposible, turistificación, escaparate para fondos y expulsión de jóvenes de sus propios barrios. Que Adelante consiga representación allí dice mucho del malestar acumulado.
Por Sevilla entran Begoña Iza y Javier Montes Cejudo. Iza es profesora de Geografía e Historia en un instituto público de Alcalá de Guadaíra y se ha consolidado como una de las caras del partido en Sevilla. Montes es enfermero en la sanidad pública, en el hospital de la Macarena, y defensor de la educación y la sanidad como derechos ciudadanos. Dos perfiles que resumen bastante bien por dónde quiere disputar Adelante: no desde el marketing político, sino desde servicios públicos, territorio y vida cotidiana.
El mapa provincial también importa. Adelante logra dos escaños en Cádiz y Sevilla, y uno en Málaga, Córdoba, Granada y Huelva. Se queda sin representación en Jaén y Almería. Aun así, el salto es enorme para una fuerza con menos implantación territorial que IU y con menos maquinaria institucional que el PSOE.
La clave no está solo en los nombres. Está en el hueco político que esos nombres ocupan. Adelante ha crecido porque ha juntado varias piezas que otras izquierdas dejaron caer: orgullo andaluz, vivienda, precariedad, feminismo, servicios públicos, sindicalismo, juventud y una crítica al poder que no se queda en la superficie. El País subraya que la formación mejoró resultados en 742 de los 785 municipios andaluces, que superó a Vox en Cádiz y Sevilla y que su mensaje sobre vivienda, turismo y precariedad caló especialmente en jóvenes y zonas urbanas.
No ha ganado porque se haya vuelto más moderada. Ha crecido porque ha sonado menos domesticada.
Y ese es el aviso para todos. Para el PP, porque su mayoría absoluta se ha roto. Para Vox, porque el andalucismo también puede disputar identidad desde la izquierda. Para el PSOE, porque gestionar la resignación ya no moviliza a nadie. Y para Por Andalucía, porque la unidad sin raíz política no siempre suma.
Adelante Andalucía no ha echado a las derechas. Pero ha demostrado que hay vida fuera del bipartidismo cansado, del centralismo obediente y de la izquierda que solo aparece para pedir el voto cuando ya es demasiado tarde.
Andalucía no necesita que la tutelen: necesita que dejen de saquearla.
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