Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Washington presume de entregar a 313 personas reclamadas por México, pero lleva desde 2018 sin conceder una sola extradición solicitada por el Estado mexicano. Así funciona la justicia cuando manda el imperio.
LA RECIPROCIDAD QUE WASHINGTON NO PRACTICA
Estados Unidos ha vuelto a hacer lo que mejor sabe hacer cuando mira hacia el sur: dar lecciones. El embajador Ronald Johnson presumió el 16 de junio de que Washington ha entregado a México a 313 personas buscadas por la justicia mexicana desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, en enero de 2025. Lo presentó como cooperación, como eficacia, como una demostración de que ambos países caminan juntos contra el crimen. Bonito envoltorio. Vieja mercancía.
Porque al otro lado de esa foto diplomática hay un dato que desmonta el teatro completo: México reclama que, entre el 1 de enero de 2018 y el 13 de mayo, ha solicitado a Estados Unidos 269 extradiciones. Resultado: ninguna concedida. Cero. Ni una. De esas 269 peticiones, 36 fueron rechazadas y 233 siguen pendientes. Esa es la cooperación bilateral cuando se apagan las cámaras. Washington exige velocidad, pruebas, obediencia y titulares. Pero cuando México pide lo mismo, Estados Unidos descubre de pronto los matices, los procedimientos, las dudas jurídicas y la sacrosanta complejidad administrativa.
La justicia estadounidense es rapidísima cuando sirve para disciplinar a otros países y lentísima cuando debe responder ante ellos. No es una anomalía. Es el método. La asimetría no está en los márgenes del sistema. Es el sistema. Estados Unidos no negocia con México como con un igual. Lo trata como patio trasero, como frontera externalizada, como muro humano, como oficina secundaria de sus guerras internas contra las drogas, la migración y el miedo electoral.
La palabra “soberanía” molesta mucho en Washington cuando la pronuncia un país latinoamericano. Allí prefieren hablar de cooperación. Cooperación significa que México detenga, vigile, deporte, entregue, contenga y ponga el cuerpo. Cooperación significa que las fuerzas mexicanas hagan el trabajo sucio que conviene a la Casa Blanca. Cooperación significa que cualquier gobierno mexicano tenga que explicar, una y otra vez, que no es una delegación administrativa del Departamento de Estado.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha reclamado reciprocidad. No es un capricho. No es nacionalismo de cartón. Es una exigencia básica entre Estados que se dicen aliados. Si México entrega personas reclamadas por Estados Unidos, si México atiende solicitudes, si México soporta presiones diplomáticas, amenazas arancelarias y chantajes securitarios, lo mínimo es que Washington responda con la misma vara. Pero no lo hace. Y no lo hace porque puede permitirse no hacerlo.
El imperio no incumple: administra la desigualdad a su favor.
JUSTICIA SELECTIVA, PRESIÓN TRUMPISTA Y VIEJO COLONIALISMO
La vuelta de Trump ha endurecido el lenguaje, pero no ha inventado la estructura. La ha desnudado. Con Trump, la relación con México se vuelve más brutal, más explícita, menos diplomática. El país vecino deja de ser socio y pasa a ser culpable preventivo. Culpable de la droga que consume Estados Unidos. Culpable de la violencia que alimenta su propio mercado de armas. Culpable de la migración que producen décadas de saqueo, tratados comerciales desiguales, crisis climática y desigualdad regional. Todo acaba siempre en el mismo sitio: México debe rendir cuentas por los fracasos del capitalismo estadounidense.
Washington exige extradiciones como quien exige tributo. Y cuando México pide pruebas, cuando reclama garantías, cuando recuerda que existe una Constitución y que no basta con señalar desde una rueda de prensa, entonces aparece la acusación de complicidad, la sospecha política, el ruido mediático. Lo hemos visto demasiadas veces. Estados Unidos convierte sus intereses internos en causas internacionales. Necesita enemigos, capos, fronteras en llamas, gobiernos bajo sospecha. Necesita fabricar autoridad. Y el trumpismo necesita todavía más: necesita espectáculo.
La cuestión no es defender a nadie acusado de delitos graves. Que las y los responsables rindan cuentas. Que las víctimas tengan justicia. Que las redes criminales sean investigadas. Pero justicia no es obediencia colonial. Justicia no es que un país marque los tiempos, seleccione los casos, filtre nombres, presione gobiernos y después bloquee durante años las solicitudes que recibe. Eso tiene otro nombre: poder.
El dato de las 269 solicitudes mexicanas sin una sola extradición concedida desde 2018 debería abrir informativos, editoriales y debates parlamentarios. Pero no lo hará con la misma intensidad con la que se repiten las acusaciones estadounidenses contra México. Porque el relato dominante funciona así: Estados Unidos acusa, el mundo escucha. México responde, el mundo bosteza. América Latina denuncia, el mundo pide prudencia. Washington amenaza, el mundo lo llama geopolítica.
La vara de medir no está torcida: está fabricada para golpear siempre hacia abajo.
También conviene recordar algo incómodo. Buena parte de la violencia que atraviesa México no puede entenderse sin el mercado estadounidense. La droga va hacia el norte porque allí está la demanda. Las armas bajan hacia el sur porque allí está el negocio. El dinero se lava porque hay bancos, empresas, intermediarios y circuitos financieros encantados de convertir sangre en liquidez. El capitalismo no combate al narco: lo integra cuando puede ganar con él. Luego pone cara seria y pide extradiciones.
Por eso la soberanía no es una palabra abstracta. Es la diferencia entre cooperación y subordinación. Entre justicia y propaganda. Entre un tratado bilateral y una orden imperial. México tiene derecho a exigir que Estados Unidos responda por las solicitudes pendientes, por las 36 negadas, por las 233 congeladas, por cada expediente enterrado bajo el cinismo burocrático. Tiene derecho a decir que la lucha contra el crimen no puede ser una avenida de un solo sentido.
Washington presume de 313 entregas como si eso borrara la pregunta central: por qué exige tanto y concede tan poco. Por qué pide confianza mientras practica desconfianza. Por qué convierte cada caso mexicano en un examen público y cada incumplimiento propio en un trámite silencioso. La respuesta es fea, pero simple. Porque durante demasiado tiempo ha tratado a América Latina como territorio disponible.
México no necesita permiso para reclamar reciprocidad. Necesita sostenerla sin agachar la cabeza. Porque cuando la justicia depende de quién manda, deja de ser justicia y se convierte en frontera con toga.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
González Amador y el negocio privado junto al poder público que Ayuso no podrá justificar jamás
Entre 2021 y 2023, Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, ganó una media de casi 1,5 millones de euros al año. No está mal para un “ciudadano cualquiera”. Tampoco está mal que esos fueran, precisamente, los primeros años de su relación con la presidenta de la Comunidad de Madrid. Casualidades. Siempre casualidades. En Madrid parece que la suerte empresarial cae del cielo, pero solo en ciertos áticos, ciertos despachos y ciertas sociedades con nombres pulidos.
González Amador había creado su consultora en 2016. Al año siguiente empezó a hacer auditorías para Quirónprevención. Entonces sus facturaciones estaban por debajo de los 400.000 euros. Después vino el salto. Y no un salto pequeño. Un salto de esos que en cualquier democracia mínimamente higiénica obligaría a abrir ventanas, expedientes y preguntas públicas. Porque Quirón recibe cada año alrededor de 1.000 millones de euros por su cooperación hospitalaria en la Comunidad de Madrid. Ahí está la línea de puntos. No hace falta ser detective. Basta con no querer mirar hacia otro lado.
¿Ha cruzado Peinado la última línea?
El juez Juan Carlos Peinado ha vuelto a hacer lo que mejor define esta instrucción: estirar el caso hasta convertirlo en un espectáculo político con toga. El 20 de junio, el magistrado envió a juicio a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y le impuso medidas cautelares: retirada del pasaporte, prohibición de salir del territorio nacional y comparecencia quincenal en el juzgado. Hasta ahí, el repertorio habitual de una causa que lleva demasiado tiempo oliendo más a obsesión que a justicia.
Pero esta vez Peinado fue más lejos. Mucho más lejos. En su auto llegó a sugerir que los agentes encargados de escoltar a Begoña Gómez podrían, “bien por iniciativa propia o siguiendo órdenes de sus superiores jerárquicos”, colaborar en una hipotética fuga. Es decir, el juez no solo dibuja a la investigada como alguien que podría escapar. Dibuja también a policías nacionales como posibles cómplices. Sin una prueba concreta encima de la mesa. Sin individualizar conductas. Sin indicios determinados. Una sombra lanzada sobre servidores públicos porque sí. Porque encaja en el relato.
Israel mata al cámara Ahmed Wishah y vuelve a llamar “terrorista” al periodista muerto
El cámara de Al Jazeera Ahmed Wishah fue asesinado el 20 de junio en un ataque aéreo israelí contra una vivienda del campo de refugiados de Bureij, en el centro de Gaza. No murió en una abstracción bélica. No cayó en “daños colaterales”. Fue alcanzado por un bombardeo en una casa de un campo de refugiados, uno de esos lugares donde la palabra refugio ya suena a burla cruel cuando la maquinaria militar israelí decide que no hay techo, calle, hospital, escuela, convoy, tienda de campaña ni cámara que merezca seguir en pie.
Según Al Jazeera, en el ataque murieron dos personas y al menos otra persona palestina resultó herida. La cadena fue directa: condenó el “asesinato deliberado” de Ahmed Wishah, trabajador de Al Jazeera Mubasher, y recordó que es el 12º trabajador de la red asesinado en Gaza desde que comenzó la guerra genocida de Israel en octubre de 2023. Doce trabajadores de un mismo medio muertos. Doce. Luego vendrán los portavoces con su jerga de expediente, sus frases prefabricadas y sus acusaciones sin pruebas. Pero el dato queda ahí, como una losa sobre la conciencia de un mundo que mira demasiado y actúa demasiado poco.
Vídeo | Estrenamos este domingo la segunda parte del reportaje “Palestina y la historia que quieren borrar”
Spanish Revolution estrena este domingo a las 15:00 la segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”, el reportaje dirigido y presentado por Patricia Salvador dentro de #ReportajesSR, el proyecto audiovisual dirigido por Patricia Salvador y Lea Guggelman.
Bajo el título “La Nakba eterna”, esta nueva entrega continúa el recorrido iniciado en el primer capítulo, donde se abordaba la Nakba para desmontar la mentira de que la historia de Palestina comienza el 7 de octubre.
Vídeo | El turismo que saquea las ciudades mientras sonríe para la foto
El turismo urbano ya no puede seguir vendiéndose como una postal amable, una maleta con ruedas y una pareja haciéndose fotos frente a una fachada histórica. En demasiadas ciudades se ha convertido en otra cosa. En una forma educada de saqueo. Entra sonriendo, paga tres noches, deja propina si toca, sube una historia a Instagram y se marcha. Lo que queda detrás no sale en la foto: alquileres imposibles, vecinas expulsadas, comercios de barrio sustituidos por locales sin alma y calles que ya no pertenecen a quienes las habitan.
No es turismo. Es extracción.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir