29 May 2026

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Opinión | Guía práctica para el que pueda hacer
Luis Aneiros, OPINIÓN, PRINCIPAL

Opinión | Guía práctica para el que pueda hacer 

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“El que pueda hacer, que haga” no suena a reflexión de expresidente preocupado. Suena a manual de instrucciones para una derecha que lleva años confundiendo democracia con propiedad privada.

Por Luis Aneiros

Por segunda vez, José María Aznar ha dicho públicamente, y esta vez enfatizando la necesidad especial que supone en estos momentos para él dramáticos, que “el que pueda hacer, que haga”. Entiendo que si el ex presidente se ha visto en la necesidad de repetirlo es porque considera que en la primera ocasión no había calado su mensaje con la profundidad debida, y que no ha visto una acción práctica por parte de aquellas personas a las que iban dirigidas sus palabras. Y existe la posibilidad de que en esta nueva oportunidad los receptores del mensaje continúen sin entender muy bien qué es lo que se espera de ellos.

  Ante esto, he creído interesante confeccionar lo que he dado en llamar “Guía práctica para el que pueda hacer”, e intentar aclarar quienes se deberían de sentir interpelados y cuáles podrían ser los servicios que pueden prestar a la causa de Aznar. Por supuesto, esta guía está basada exclusivamente en mi percepción de lo escuchado y no presupone que los posibles futuros actores tengan intención de llevarla a cabo.

  Comienzo:

  Si eres dirigente de un partido político o cualquier otra organización, principalmente de corte ultraderechista, tienes la posibilidad de llevar a un juzgado una colección de recortes de prensa, o en su defecto comentarios hechos en algún medio de comunicación, y presentar una denuncia. No seas muy exigente con la veracidad ni la exactitud de lo que presentes, porque en caso de que algo no se adecúe en fondo o forma, posiblemente serás asesorado por el propio juez instructor, que parará el proceso hasta que rectifiques en aquellos aspectos que él te indique. También puedes convocar a tus afiliados y simpatizantes a manifestaciones ruidosas y decoradas con banderas de dudosa legalidad, en las que reclaméis cosas que incluyan las palabras patria, dignidad, libertad y otras por el estilo. No importa si no conocéis su significado, el caso es repetirlas, alternándolas con algún que otro “hijo de puta”.

  Si eres un juez instructor, tú papel es decisivo. Podrías admitir denuncias a todas luces sin fundamento, dar órdenes a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado para que realicen registros mediáticos, estén o no justificados, o solicitar investigaciones en las que salgan a la luz datos totalmente ajenos a la causa, incluso privados, que serán misteriosamente filtrados a la prensa. Siempre es posible imputar a alguien sin una base sólida, y no olvides realizar alguna investigación prospectiva, que ya sabemos que cuando se rasca bien siempre sale algo.

  Y si formas parte del tribunal que va a juzgar a algún político, periodista, artista o cualquier otro sospechoso de ser de izquierdas o familiar de alguno, recuerda que tú lo decides todo: quién habla, qué preguntas debe o no debe responder, si las respuestas son las adecuadas e incluso la conveniencia de cruzar las piernas mientras declara. Y, por supuesto, decides, como no podría ser de otra forma, la inocencia o culpabilidad del acusado. Pero no te dejes llevar por tecnicismos ni límites legales. Si estás convencido de su culpabilidad, las pruebas o la falta de ellas no deben de hacerte dudar. Ya habrá tiempo para desarrollar la sentencia en 50 folios donde meter términos jurídicos que la gente no comprenda. Y no olvides que hay acusados que, por mucho que los indicios apunten hacia ellos, nunca podrán ser culpables. Sin duda, José María Aznar te podría dar una lista con sus nombres, aunque estoy seguro de que tú sabes a quienes me refiero.

No te preocupes, acusar a la mujer del presidente del gobierno de ser narcotraficante o acosarla en un restaurante no va a suponer indicio de delito para el juez. Se llama libertad de expresión, y sirve para salvarte a ti de una denuncia, pero al Jueves no por llamar gilipollas a Abogados cristianos.

  ¿Eres periodista de carrera y tienes dinero o alguien que te financie? Es la ocasión de hacerte con un panfleto digital, fichar a otros periodistas sin respeto por su profesión y comenzar a inventarte historias. A poco que te lo trabajes, en poco tiempo tendrás ingresos de algún ayuntamiento o comunidad autonóma y, a cambio, sólo tendrás que aprender a usar Photoshop y Chat GPT para crear documentaciones falsas sobre políticos de izquierdas, plantarte en tertulias a dar informaciones sin contrastar y, muy importante, sacar a la calle a un par de individuos con la única finalidad de acosar, incluso en su hogar o su trabajo, a cualquiera que suponga un peligro para la causa. No te preocupes, acusar a la mujer del presidente del gobierno de ser narcotraficante o acosarla en un restaurante no va a suponer indicio de delito para el juez. Se llama libertad de expresión, y sirve para salvarte a ti de una denuncia, pero al Jueves no por llamar gilipollas a Abogados cristianos.

  Si tu medio de comunicación es de los llamados serios, seguro que ya llevas años haciendo lo que se puede hacer. Muchos años. Ahora se te pide un pequeño esfuerzo más, que la ocasión lo vale. Llevar a tu cadena de televisión a nazis que echan de sus casa a ancianos, presentar la okupación como el gran problema de España, utilizar las portadas de tus periódicos para manipular las informaciones porque sabes que nadie va a leer lo de dentro, echar de tu radio a quien no comparte el giro de tu línea editorial, entrevistar a los líderes de la derecha y la ultraderecha tan sólo para permitirles decir lo que les interesa y aplaudirles, hacer una tertulia con “la mesa más plural de la televisión” formada por quienes aceptan condiciones sobre lo que se puede o no se puede decir… Todo eso estaría muy bien, pero si además puedes participar en maniobras junto a policías, empresarios y políticos corruptos, para terminar con la reputación y la carrera de otros políticos, aún sabiendo que todo es falso, añadiría un plus muy valioso.

   Un buen agente de la ley sabe perfectamente quién es el bueno y quién es el malo. Quién sólo busca alterar el orden con manifestaciones y sentadas pacíficas, y quién está defendiendo a su país con gritos fascistas, manos en alto y banderas franquistas. Si los que tú sabes que son malos españoles exigen una buena educación, una buena sanidad, igualdad de derechos u oportunidad de trabajar, no dudes en sacar tu porra y marcarles la piel. Y cuando los otros corten autopistas o calles, destrocen terrazas de bares o agredan a reporteros, invítales siempre con educación a deponer su actitud, sácate alguna foto con ellos o permite que te abracen y pongan su mano cerca de tu arma reglamentaria. Con tu actitud colaboras a que los ciudadanos sepan de quién se pueden fiar y de quién no. Y obedece siempre, que aunque no lo parezcan, esas familias que te ordena desahuciar algún juez porque un fondo buitre o un banco se lo han pedido, son el gran problema de España. Ponte el casco, esgrime la porra y cúbrete con el escudo, que esos que vas a tener enfrente están armados con dos brazos cada uno y algo que ellos llaman dignidad. Un absoluto peligro.

Él ya os enseñó el camino, en aquella reunión con George Bush y con aquella guerra de Irak. Y con el atentado del 11M. Sólo se trata de dejar la decencia en la billetera.

  En el Congreso de los diputados y en el Senado, así como en los ayuntamientos o parlamentos y gobiernos autonómicos, estáis principalmente los grandes operadores a los que se refiere Aznar en su llamamiento. Los políticos podéis renunciar a lo más importante que tenéis, o al menos deberíais tener: la decencia. Si os despojáis de esa lacra ya estáis listos para lo que os toca. Mentir, acusar, difamar, insultar, hacer ruido, manipular la realidad, conspirar, traicionar, sobornar… Tenéis atriles, a todos los medios, comprados o no, pendientes de vosotros, cámaras de televisión y reporteros detrás casi las 24 horas del día. Podéis hacer leyes, desobedecer las que ya existen, hacer reuniones con periodistas, empresarios, policías, fiscales… Podéis decir lo que queráis porque tenéis inmunidad, sabéis que hay personas con mayores o menores entendederas que van a repetir vuestras consignas incansablemente, lo que digáis puede hacer caer gobiernos, arruinar futuros y destrozar vidas. Tenéis eso que se llama EL PODER. Aznar sólo os pide que lo uséis. Él ya os enseñó el camino, en aquella reunión con George Bush y con aquella guerra de Irak. Y con el atentado del 11M. Sólo se trata de dejar la decencia en la billetera.

  Y, para terminar, en esta guía también hay un apartado para los ciudadanos. Sois los pilares en los que se sustenta este “el que pueda hacer, que haga”. Sin vosotros nada de esto tiene sentido. Apoyad los codos en la barra del bar, tumbaos cómodos en vuestros sofás de polipiel frente al televisor, gastaros una parte de vuestros 1.300 euros de sueldo en un internet de los buenos, y dejaros empapar de toda la información que surja de todo lo anterior. En muy poco tiempo estaréis capacitados para repetir sin cansancio que “ni de derechas ni de izquierdas, ni machismo ni feminismo, ni fascismo ni antifascismo, ni con los que insultan ni con los insultados…”, y que el gran problema de España es la inmigración que nos quita el trabajo y las paguitas de los “menas”. Educaréis a vuestros hijos e hijas en el respeto a sus roles por género y renunciaréis a vuestras mejoras laborales porque sólo sirven para arruinar a los empresarios, sin los cuales no habría riqueza.

  Espero que esta guía sirva al menos para clarificar algunas dudas sobre el mensaje de Aznar. Sé que me han quedado fuera algunas personas que también podrían aportar (educadores, obispos, banqueros, futbolistas de élite, influencers andorranos de adopción y algunos otros), pero estoy convencido de que sabrán adaptar lo dicho a sus circunstancias personales y profesionales.

  Y vosotros, gentes decentes de la izquierda pasmada. Sí, vosotros también… “el que pueda hacer, qué haga”. ¿O también necesitamos una guía?

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