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Por Laura Estévez Arias
En la historia de los cambios sociales hay escenas que se repiten. Primero son pocas personas; luego aparecen muchas, hasta que la conciencia alcanza a la mayoría. Entonces el cambio se vuelve inevitable.
La lucha colectiva no empieza con mayoría, lo hace con coherencia. El reciente ejemplo de Galicia lo demuestra. Cuando miles de personas gritan ALTRI NON, están activando un mecanismo clásico del cambio social: la Identidad Colectiva organizada.
Desde la Psicología Social sabemos que las personas no actuamos en masa por contagio irracional. Lo hacemos cuando nos reconocemos como parte de un “nosotras/os”. Tal y como nos enseña la Teoría de la Identidad Social (Tajfel y Turner, 1984; en Aljama et al., 2024), este reconocimiento es estructura cognitiva compartida.
El proyecto de Altri nunca fue solo un asunto técnico. Desde el inicio fue percibido como una amenaza al territorio, a la forma de vida y al modelo productivo. Durante dos años de movilización sostenida, esa percepción colectiva logró traducirse en freno político. Esa identidad compartida moviliza.
Moscovici (1981; en Aljama et al., 2024) formuló esta idea con claridad: son las minorías activas y consistentes las que cambian las normas sociales, no las mayorías pasivas. Minorías que no vacilan, que sostienen el mensaje, que repiten con coherencia, que continúan luchando. Que no se desactivan cuando el poder intenta diluir el conflicto con estrategias comunicativas calculadas.
Las minorías activas no gritan más alto. Persisten más tiempo.
Por otro lado, es la Teoría de la Movilización de Recursos (Zald, Gamson y McCarthy, 1977; en Aljama et al., 2024) la que desmontó otro mito: las protestas no son impulsos emocionales, son infraestructuras organizativas. Son las redes, la información técnica, la colaboración de equipos jurídicos, la comunicación, las asambleas y la coordinación.
Nada de lo que ocurre en la calle es espontáneo.
Es el trabajo invisible de la colectividad.
Por eso la calle incomoda. Cuando el pueblo se organiza, deja de ser audiencia y se convierte en actor político.
Finalmente, la Teoría del Proceso Político (Tilly, Tarrow y McAdam, 1978-2002; en Aljama et al., 2024) nos ayuda a comprender cómo los movimientos sociales emergen cuando existe percepción de injusticia y oportunidad para disputar el poder. Cuando éste parece inaccesible, la movilización social aumenta.
ALTRI NON no es un eslogan. Es un marco.
Y los marcos importan. Porque quien define el problema, define el debate. Cuando la ciudadanía redefine el relato como amenaza ecológica y social, el conflicto deja de ser técnico y pasa a ser democrático. Entonces, la movilización deja de ser opcional.
Si solo revisáramos la historia más reciente de nuestro país, quedaría demostrada su fuerza: Nunca Máis, el 15M, las Mareas, el 8M, la PAH, las tractoradas y tantas otras movilizaciones sociales. Las conquistas no llegan por buena voluntad institucional. Llegan porque alguien se organizó antes de que fuera cómodo hacerlo.
La Psicología Social no romantiza la protesta.
La explica.
Identidad compartida.
Coherencia minoritaria.
Recursos organizativos.
Ventanas políticas.
Nada nuevo.
Nada improvisado.
Si la ciudadanía no ocupa el espacio, éste no quedará vacío. Será ocupado por otros actores sociales. Y lo que estamos viendo, no solo en nuestro país, son fórmulas de ultraderecha cuyo desenlace histórico ya conocemos bien. El ascenso del nazismo, del fascismo y el golpe de Estado militar de 1936 produjeron demasiado sufrimiento en nuestras sociedades.
La responsabilidad nos compete a todos y a todas.
Organizarse no es radical.
Es democrático.
Y hoy es urgente.
L.
Referencia Bibliográfica
Aljama, P. [Patricia], Arenas, M. [Míriam], Baleriola, E. [Enrique], Da Cruz, E. H. V. [Emerson Heleno Vicente], Herreros, T. [Tomás], Mora, M. [Martín] y Sanmartín, L. M. [Luis Manuel]. (2024). Procesos grupales y acción colectiva (2.a ed.). Coord. Miriam Arenas. Barcelona. UOC.
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