Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Corporaciones que lucran con el sufrimiento en Gaza y la maquinaria del ICE pagan el nuevo capricho del presidente estadounidense.
EL ORO MANCHADO QUE FINANCIA EL LUJO PRESIDENCIAL
Donald Trump ya no se conforma con su torre dorada ni con sus resorts. Ahora quiere un salón de baile en la Casa Blanca, de 90.000 pies cuadrados y 300 millones de dólares, erigido sobre las ruinas del Ala Este. Y no lo pagará él, ni su Gobierno. Lo financiarán las mismas corporaciones que se enriquecen con la deportación de migrantes, el genocidio en Gaza y el saqueo global del planeta.
El proyecto es una oda al capitalismo más obsceno: el dinero de la guerra y la exclusión convertidos en arquitectura de vanidad. Entre los donantes figuran Palantir, BlackRock, Amazon, Lockheed Martin, Caterpillar, Microsoft o Blackstone, todas beneficiarias de contratos públicos y políticas diseñadas a medida del magnate-presidente. En conjunto, sus empresas han recibido más de 279.000 millones de dólares en contratos federales.
Nada es gratis. Cada donación es una inversión en influencia, impunidad y beneficios. Palantir refuerza su acceso al aparato de vigilancia migratoria de EE.UU.; BlackRock y Blackstone obtienen vía libre para hincar el diente a los fondos de pensiones de millones de trabajadoras y trabajadores; y Amazon y Google blindan su papel en el control digital de fronteras y en la infraestructura tecnológica del ejército israelí.
NEGOCIOS CON EL DOLOR: ICE, GAZA Y WALL STREET
El nuevo salón de Trump es, en realidad, un monumento al sufrimiento global, financiado por quienes lucran con él.
Palantir, la empresa del ultraderechista Peter Thiel, es el cerebro informático del ICE. Su software recopila, analiza y cruza datos para identificar, rastrear y deportar personas migrantes. Solo en el primer semestre de 2025 obtuvo 322 millones de dólares en contratos públicos, incluyendo 30 millones para desarrollar ImmigrationOS, una plataforma que usa inteligencia artificial para seleccionar objetivos de redadas y “autodeportaciones”.
Amazon, Microsoft y Google no se quedan atrás. Proveen almacenamiento en la nube y procesamiento de datos a ICE y al Departamento de Seguridad Nacional. “Amazon es la columna vertebral invisible de las deportaciones”, denunció ya en 2018 el colectivo Mijente. En 2025, la propia empresa se jactó de que su tecnología de IA ayuda a “asegurar las fronteras de EE.UU.”.
Pero el infierno no acaba en la frontera. Las mismas corporaciones que alimentan la deportación sostienen la ocupación y el genocidio en Palestina. Según el informe de la relatora de la ONU Francesca Albanese, titulado From Economy of Occupation to Economy of Genocide (julio de 2025), estas empresas forman parte del engranaje que permite a Israel mantener su régimen colonial.
Amazon y Google firmaron el contrato Project Nimbus, valorado en 1.200 millones de dólares, que provee servicios de nube y computación al ejército y los servicios de inteligencia israelíes. Palantir colabora con el Gobierno de Israel en sistemas predictivos de represión y vigilancia, mientras Hewlett Packard suministra tecnología a las prisiones y checkpoints.
El informe de Albanese también señala a Lockheed Martin y Caterpillar, ambas donantes del salón de Trump. La primera fabrica las armas y aeronaves que arrasan Gaza; la segunda provee las excavadoras que demuelen viviendas palestinas. BlackRock, el mayor fondo de inversión del mundo, es accionista principal de todas ellas y además comprador de bonos del Estado israelí.
Cada ladrillo del salón de Trump está financiado con sangre palestina y lágrimas migrantes.
CÓMO EL CAPITAL COMPRA PODER Y REESCRIBE LA MORAL
El caso de BlackRock es paradigmático. Tras años de venderse como adalid de la sostenibilidad y la responsabilidad social, su CEO Larry Fink ha abrazado abiertamente el trumpismo. En 2024 se deshizo de sus compromisos climáticos y en 2025 apareció en un congreso petrolero luciendo una pulsera con el lema Make Energy Great Again.
Su conglomerado controla 13,5 billones de dólares en activos, una cifra superior al PIB conjunto de Alemania, Japón e India. La compra de puertos estratégicos, oleoductos y centros de datos por parte de BlackRock y su filial GIP coincide con los discursos de Trump sobre la “reconquista del Canal de Panamá”. La política exterior imperialista de Washington es, también, un negocio privado.
Otro magnate clave es Stephen Schwarzman, de Blackstone, íntimo de Trump desde su primer mandato. Fue uno de los principales beneficiarios de la One Big Beautiful Bill Act, la ley de julio de 2025 que amplió los recortes fiscales para grandes fortunas y corporaciones, manteniendo la laguna tributaria del carried interest. Gracias a ello, los fondos privados evaden miles de millones en impuestos.
Además, Trump ha permitido que las firmas de capital riesgo accedan al ahorro de jubilación de millones de trabajadoras y trabajadores, abriendo los planes 401(K) a fondos especulativos. La vejez de la clase obrera convertida en combustible del lujo presidencial.
EL IMPERIO DE LA IMPUNIDAD
En esta red de intereses, el genocidio y la explotación no son efectos colaterales: son el modelo de negocio. La familia Adelson, financiadora del lobby proisraelí en EE.UU., también aparece entre los donantes del proyecto. Miriam Adelson, que apoyó el traslado de la embajada a Jerusalén y la anexión de Cisjordania, ha calificado a las y los manifestantes propalestinos como “enemigos”.
Nada en este entramado es accidental. El salón de baile es una metáfora de la nueva oligarquía global, donde la obscenidad del poder se pavimenta con los beneficios de la guerra y la represión. Mientras Trump se fotografía mostrando los planos de su capricho junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, los inversores calculan rendimientos, las corporaciones aseguran contratos y los muertos no tienen voz.
Los trabajadores tecnológicos que impulsan campañas como No Tech for Apartheid o No Azure for Apartheid lo han entendido: su labor no es inocente, su código puede ser un arma. Han logrado presionar a Microsoft para limitar algunos servicios al ejército israelí, pero saben que es insuficiente.
“Nuestros jefes no solo se alinean con Trump y el imperio estadounidense, sino que se integran en la maquinaria fascista que alimenta el genocidio y la deportación masiva”, denuncian. Y tienen razón.
Porque el verdadero salón de baile del siglo XXI no está en la Casa Blanca, sino en los despachos donde se baila sobre cadáveres al ritmo del dinero.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir