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Ni Palestina en la mesa, ni unas supuestas élites árabes y europeas que fueron consultadas en la sala. Solo dos hombres repartiéndose un futuro que no les pertenece.
UN PLAN SIN PUEBLO Y SIN NOMBRES
Donald Trump apareció en la Casa Blanca al lado de Benjamín Netanyahu para anunciar lo que llamó “uno de los grandes días de la civilización”. El exmandatario aseguró que “todo el mundo lo ha aceptado. Solo falta Hamás”. Como si la voluntad de millones de palestinos y palestinas se pudiera resumir en un “sí” o “no” de la organización que resiste bajo las bombas.
El plan de 20 puntos, redactado en Washington, exige la desmilitarización de Gaza y promete la liberación de rehenes en 72 horas. No menciona levantar el bloqueo, ni el derecho al retorno, ni la autodeterminación. Una paz desarmada para quienes llevan casi un año sobreviviendo bajo los drones y tanques de Israel.
Taher al-Nounou, alto cargo de Hamás, lo dejó claro: no fueron consultados y no aceptarán un plan que busca reducir Gaza a una jaula sin defensa. Y aun así, Trump repitió que había un apoyo masivo internacional.
LAS ÉLITES QUE NADIE VIO
Trump habló de la implicación de “líderes árabes y europeos”. Pero no dio nombres. Nadie lo hizo. Ninguna capital se levantó para confirmarlo. Ningún gobierno quiso aparecer asociado públicamente. Es probable que esas élites fantasma no existan más allá de la imaginación propagandística de Trump y Netanyahu.
Porque si los actores fueran reales, tendrían rostro y bandera. Se sabría qué monarquía del Golfo firmó, qué canciller europeo se comprometió, qué gobierno puso su sello. Pero en vez de pruebas, solo hay humo. Un humo que sirve para dar apariencia de consenso a lo que en realidad es un pacto bilateral: Washington y Tel Aviv decidiendo por Gaza.
En paralelo, Netanyahu se reunió con Steve Witkoff y Jared Kushner en un hotel de lujo. Kushner, empresario inmobiliario y yerno de Trump, lleva años hablando del “valor de los terrenos de Gaza” como si el genocidio fuera una operación urbanística con vistas al mar. Esa es la única verdad que no esconden: la codicia.
El “gran día de la civilización” no fue más que la representación de dos titiriteros vendiendo un plan fantasma, sostenido por élites invisibles que probablemente jamás estuvieron ahí.
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