Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Dos mil años sin votar y ahora quieren decidir por todas. Que hablen, pero pagando el IBI.
LA IGLESIA NO VOTA, PERO QUIERE GOBERNAR
En 2025, los obispos siguen creyéndose por encima del bien y del mal. O, mejor dicho, por encima del BOE. Esta semana, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, decidió opinar públicamente —con la contundencia de quien se sabe impune— que sería mejor adelantar las elecciones generales. Una institución que jamás ha pasado por las urnas pretende ahora marcar el calendario electoral de un Estado aconfesional. Qué curioso: predican que su reino no es de este mundo, pero se sienten con derecho a gobernar el nuestro.
Lo hizo, además, apoyándose en los titulares de corrupción sobre el exministro Ábalos, como si la Iglesia no tuviera su propio historial de escándalos que atraviesa siglos. Desde la pederastia silenciada hasta el saqueo inmobiliario, la jerarquía eclesiástica carga con una mochila que haría dimitir a cualquier gobierno democrático. Pero ellos no dimiten. Nunca. Nunca han rendido cuentas y, sin embargo, se sienten con derecho a pedir que las rinda el resto.
Argüello no estaba solo. El portavoz episcopal, César García Magán, respaldó sin matices su intervención. Lo que hace apenas unas décadas se llamaba “moral nacional” hoy se disfraza de “preocupación institucional”. Pero el veneno es el mismo: una Iglesia que bendijo fusilamientos y protegió torturadores, pretende ahora dar lecciones de regeneración política. Lo llaman “preocupación por España”. Lo es. Pero por la España que se les escapa de las manos.
UNA ACONFESIONALIDAD MERAMENTE RETÓRICA
La Constitución del 78, con todos sus límites, dejó una frase clara: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal.” Lo que no aclaró es si eso también se aplica a quienes tienen asignado un porcentaje del IRPF. Porque la Iglesia Católica sigue instalada en un régimen de privilegios que no se discute en ninguna tertulia televisiva. Exenciones fiscales. Inmatriculaciones fraudulentas. Subvenciones a centros educativos que segregan. Capellanes en hospitales y cárceles. Y, por si fuera poco, voz en los asuntos de Estado.
La reacción institucional ha sido, como casi siempre, tímida. Ha tenido que ser un grupo parlamentario, Sumar, quien registre una batería de preguntas al Gobierno. Pero el verdadero debate no es si debemos renegociar los acuerdos con la Santa Sede. Es si debemos mantenerlos en absoluto. No hablamos de hostilidad religiosa, sino de higiene democrática. Porque si el Estado no tiene religión, ¿por qué financia templos? ¿Por qué avala misas en homenajes fascistas? ¿Por qué permite que quienes no tributan ni votan condicionen la vida pública?
Que la Iglesia se exprese, como cualquier otro colectivo, es legítimo. Pero que lo haga mientras recibe trato de Estado dentro del Estado es sencillamente inaceptable.
Sumar ha puesto sobre la mesa varios puntos que merecen atención urgente:
- Revisión en profundidad de los bienes inmatriculados. Porque hay iglesias registradas como si fueran solares vacíos, y fincas enteras que cambiaron de manos con una simple certificación eclesial.
- Supresión de los privilegios fiscales. Que paguen el IBI, como cualquier asociación, sindicato o particular.
- Cancelación del convenio sobre la “resignificación” del Valle de Cuelgamuros. No puede haber resignificación sin desclericalización.
- Una queja formal al Vaticano. No por lo que piensen, sino por pretender influir como un actor político sin asumir las reglas de juego democrático.
Porque eso es lo que está en juego: si aceptamos que haya actores con poder político sin control democrático. La Iglesia española no es una confesión religiosa: es una multinacional ideológica con tentáculos mediáticos, económicos y educativos. Y como tal debe ser tratada.
¿Y qué hace el Gobierno? Mira para otro lado. Como siempre. Porque molesta menos exigir una comisión de investigación sobre mordidas que abrir el melón de los privilegios eclesiásticos. Pero sin revisar el Concordato, no hay democracia completa. Hay democracia condicionada, supervisada por quienes nunca han respondido ante una urna ni ante un juez.
¿Va a aceptar España que se le dé lecciones de legitimidad desde los púlpitos que protegieron a los verdugos del franquismo?
Ya va siendo hora de que el Gobierno no sólo escuche. Que actúe. Que revise. Que denuncie. Que legisle. Que retire los fondos públicos a quien pretende funcionar como partido sin pasar por las urnas. Porque una Iglesia que exige elecciones sin haber celebrado jamás una, no puede seguir financiada con dinero público.
Los obispos no votan, pero quieren decidir por ti.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir