Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El hambre como arma, la ayuda como carnicería y la comunidad internacional como cómplice silente.
ISRAEL DISPARA CONTRA QUIENES BUSCAN COMIDA
Cuatrocientas diez personas. Mujeres, hombres, criaturas. Todas asesinadas entre el 27 de mayo y el 24 de junio de 2025 por el ejército israelí mientras intentaban recoger alimentos en los nuevos centros de distribución gestionados por una fundación israelí-estadounidense. La cifra ha sido confirmada por la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, que no se ha andado con eufemismos: eso es un crimen de guerra.
Y no uno abstracto, no un tecnicismo jurídico: hablamos de ejecuciones de personas hambrientas, desesperadas, desarmadas. A eso se reduce hoy el derecho internacional en Gaza: a contar cadáveres mientras se permite que quien los produce siga comerciando armas con media Europa y recibiendo cobertura diplomática en la ONU.
Israel impone el hambre y después militariza el pan. La ayuda que antes gestionaban agencias internacionales como la UNRWA, desmantelada tras una campaña política coordinada con Estados Unidos y ciertos medios occidentales, ha sido reemplazada por un sistema caótico, improvisado y peligroso: convoyes privados, puntos de entrega controlados por soldados y rutas de acceso en las que la muerte acecha a cada paso. Los soldados disparan contra la multitud, y luego acusan a la multitud de desorden.
No es un fallo. Es diseño. Lo dijo con claridad el portavoz de la ONU, Thameen Al-Kheetan: usar alimentos como arma, impedir el acceso a suministros o condicionar la ayuda a la sumisión constituye un crimen de guerra. Y añadió que “puede formar parte de otros crímenes”. Porque aquí ya no se trata solo de derecho humanitario. Se trata de exterminio sistemático de población civil.
“Es el hambre convertida en arma, es un desplazamiento forzado, es una sentencia de muerte para quienes simplemente intentan sobrevivir”, denunció Jonathan Whittall, jefe de la Oficina de OCHA en Palestina. “Parece la eliminación de la vida palestina en Gaza”.
No, no parece. Lo es.
EL CRIMEN SE REPARTE ENTRE BALAS, BLOQUEOS Y BOMBARDEOS
Más de 400 asesinatos en los centros privados de ayuda. Al menos 93 personas más tiroteadas al intentar acceder a convoyes de la ONU. Más de 3.000 heridas en episodios similares. Las cifras son de Naciones Unidas. Son públicas. Están documentadas. Y, sin embargo, ni la Unión Europea, ni Estados Unidos, ni los grandes titulares de prensa se atreven a nombrar lo obvio: esto es una política de exterminio a cámara lenta.
La excusa de la seguridad se deshace al primer soplo. En medio del hambre y la desesperación, Israel ha impedido el paso de 8 de cada 16 misiones humanitarias durante el pasado fin de semana. Misiones destinadas a repartir agua, combustible, rescatar cuerpos de civiles asesinados o atender a bebés desnutridos. ¿Qué amenaza justifica disparar a un niño que busca pan? ¿Qué defensa nacional exige saquear convoyes médicos y cortar el paso a ambulancias?
La ONU ya ha advertido que las telecomunicaciones, recién reparadas, volverán a caer si no se permite la entrada urgente de combustible. Y eso implica el colapso de salas de urgencias, ambulancias, estaciones de desalinización y sistemas de saneamiento. La infraestructura civil se pudre bajo las bombas mientras se niega la gasolina que la mantendría en pie.
Y cuando no se muere por una bala, por una bomba o por un corte de electricidad, se muere de hambre. El dilema de Gaza es brutal y exacto: salir a buscar comida y jugarse el cuello o quedarse en casa a morir lentamente. Esa es la ecuación de la política israelí.
Israel dispara a quienes intentan vivir.
Y mientras tanto, el mundo observa. Balbucea. Tuitea. Pero no actúa.
¿Cuántos cadáveres más hacen falta para que las instituciones internacionales rompan relaciones con un Estado criminal?
¿Cuántos niños tienen que ser tiroteados en la cola del pan para que la ONU haga algo más que lamentarse?
¿Cuántas veces se puede usar el hambre como arma antes de que alguien detenga a los verdugos?
Hoy, Gaza es un laboratorio de la barbarie moderna. Y el silencio global es parte del crimen.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir