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Cuando perder ya no es una opción, la derecha dinamita el tablero
DEL ESTADOS UNIDOS DE TRUMP A LA ESPAÑA DE FEIJÓO: UNA MISMA HOJA DE RUTA
No es una exageración ni un recurso estilístico. Es una constatación. El Partido Popular ha importado el manual del trumpismo sin cambiarle ni la portada. Lo aplican con el mismo cinismo, los mismos métodos, y el mismo desprecio por la democracia cuando no les favorece. Lo estamos viendo en directo: la estrategia de la sospecha, del bulo calculado, de la mentira como arma electoral. Nada nuevo bajo el sol reaccionario, pero sí más descarado, más planificado y más peligroso.
Feijóo no es Trump, pero le gustaría. No tiene su estridencia ni su peluquín, pero sí su táctica: cuando se pierde, no se acepta la derrota, se deslegitima. Ya pasó con las elecciones del 23-J. Antes incluso de que se cerraran los colegios, la maquinaria mediática y digital de la derecha ya estaba en marcha: «Correos está manipulado», «las papeletas han desaparecido», «hay un pucherazo en camino». Sin una sola prueba. Sin una sola consecuencia judicial. Pero con un único objetivo: inocular la duda. Porque cuando se desconfía de todo, el votante desconectado vota menos. Y la abstención beneficia a los de siempre.
En Estados Unidos, Trump aún sigue repitiendo que le robaron la elección de 2020. Lo hace para mantener movilizada a su base, para justificar el asalto al Capitolio y para tener coartada en caso de volver a perder. Feijóo, sin llegar a esa caricatura golpista, juega a lo mismo. Sus mensajes no son tan burdos, pero están impregnados del mismo veneno: «Hay que revisar el sistema de voto», «hay que crear grupos de trabajo», «hay que garantizar la transparencia». ¿Transparencia? La transparencia se pide cuando hay indicios de opacidad, no cuando hay resultados que no te gustan.
LA MENTIRA COMO HERRAMIENTA DE GOBIERNO Y COMO POLÍTICA DE OPOSICIÓN
No es solo una deriva, es una estrategia. El PP ha descubierto que mentir sale gratis si tienes una red de altavoces mediáticos que te blanquea. No importa que la Junta Electoral te desmienta. No importa que Correos publique todos los datos. No importa que los tribunales archiven todas las denuncias. Si logras que parte de la población se lo crea, ya has ganado algo. Y si consigues que otra parte se resigne y piense que todo está podrido, mejor todavía. Porque el descreído no vota. Y eso también cuenta.
Es lo que Naomi Oreskes y Erik M. Conway llamaron la mercantilización de la duda, pero aplicada a la política: crear incertidumbre no para buscar la verdad, sino para paralizar al adversario. Feijóo ha sido ministro, ha presidido una comunidad autónoma durante años, ha gestionado Correos. No es un outsider. No es un antisistema. Pero está dispuesto a comportarse como uno si eso le sirve para evitar una segunda derrota. Si Trump decía que el sistema solo es justo si él gana, Feijóo parece pensar lo mismo.
No está solo. Lo acompaña un ecosistema mediático que alimenta el relato de la conspiración y castiga cualquier intento de explicar la verdad. Un electorado que ha sido educado en el desprecio a lo público. Y una ultraderecha que no necesita inventar la crispación porque ya la tiene servida. Es un ecosistema perfecto: la posverdad como atmósfera, el descrédito como lenguaje y la desafección como resultado.
Y mientras tanto, la democracia se debilita. No por culpa de un golpe militar. No por una suspensión del Parlamento. Sino por un goteo lento de mentiras, intoxicaciones, insinuaciones y titulares. Por una estrategia que no busca convencer, sino confundir; no busca ganar limpiamente, sino embarrar el campo para que nadie gane.
Lo dijo Steve Bannon y lo están ejecutando aquí: “Cuanto más caos, mejor”. Y el PP ha aprendido la lección. No quiere gobernar. Quiere que no gobierne nadie.
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