Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Usan a ETA y al Che Guevara para vetar placas en honor a víctimas de Mauthausen. Así se blanquea el franquismo desde los ayuntamientos.
NEGAR LA MEMORIA PARA SALVAR AL FRANQUISMO
Un adoquín con un nombre grabado. Eso es lo que Vox y el Partido Popular no pueden tolerar. No una estatua ecuestre, no un mausoleo, no una calle con honores. Solo una baldosa clavada en el suelo para recordar a un español deportado a un campo de concentración nazi. Pero eso, en algunos municipios gobernados por la derecha y la extrema derecha, se convierte en una amenaza ideológica intolerable.
Collado Villalba, Alpedrete, Hontoria de Cerrato o Rionansa no son solo nombres en el mapa. Son escenarios donde se ha escenificado, con absoluta impunidad, el desprecio por la memoria democrática. Este 2025 se cumplen 80 años de la liberación de Mauthausen, campo de exterminio en el que fueron asesinados más de 5.000 españoles. Entre ellos, Primitivo García, Pedro Baltanás, Valentín Barroso, Antonio García Hevia o Donato de Cos. Nombres borrados del callejero, de los libros de texto y ahora también del suelo.
El mecanismo es siempre el mismo: los grupos de izquierdas proponen colocar Stolpersteine, adoquines de memoria impulsados por el artista alemán Gunter Demnig, presentes ya en más de 30 países. El coste simbólico es altísimo, pero el económico ridículo: 132 euros por piedra. Aun así, los gobiernos municipales del PP y Vox votan en contra. ¿El motivo? No es el dinero. Es el pasado que incomoda.
Para justificar su veto, Vox cita a ETA, a Santiago Carrillo, a Stalin y hasta al Che Guevara. No importa que los homenajeados fueran republicanos exiliados que lucharon contra Hitler. No importa que fueran asesinados por los nazis. Lo que importa es que sus nombres evocan otra historia: la de quienes defendieron la democracia frente al fascismo. La derecha no perdona esa lealtad.
En Collado Villalba, el concejal de Vox, Juan Francisco Álvarez, abrió su intervención lamentando “las víctimas de ambos bandos” y enseguida desvió el foco: habló de la Guerra Civil, del “terror rojo”, de carteles con Stalin, de Lenin, de Paracuellos, de “checas” y de ETA. El PP, lejos de desmarcarse, le dio cobertura. Joel Dalga, concejal popular, afirmó que “los villalbinos hubieran agradecido más una moción sobre las víctimas de ETA”, y acusó al PSOE de antisemitismo por no mencionar a las víctimas judías en su propuesta.
No es un caso aislado. En Alpedrete, la moción para homenajear a Valentín Barroso –fundador del PSOE local y asesinado en Mauthausen– fue tumbada por Vox y PP. En Hontoria de Cerrato, el adoquín dedicado a Antonio García Hevia fue relegado al cementerio. En Rionansa, el homenaje a Donato de Cos, teniente de alcalde durante la República, fue vetado por ser “una víctima de un solo bando”.
Los argumentos son una mezcla grotesca de negacionismo, revisionismo e hipocresía institucional. Dicen que no quieren “reabrir heridas”. Pero las heridas siguen abiertas porque no se han cerrado. Dicen que es política partidista. Pero lo partidista es blanquear al franquismo. Dicen que condenan el nazismo. Pero cuando hay que honrar a quienes lo combatieron, se encogen de hombros.
LA DOBLE VÍCTIMA: PRIMERO EL FRANQUISMO, LUEGO EL OLVIDO
La historia de estos hombres –y de tantas mujeres olvidadas en las cunetas del relato oficial– es la historia de quienes lo perdieron todo. Perdieron la guerra, el país, la familia, el idioma. Cruzaron la frontera a pie. Combatieron al fascismo en Francia. Y acabaron deportados por los nazis con la complicidad del régimen franquista, que proporcionó listados de republicanos para su detención.
Las pruebas de esa complicidad son abundantes. El historiador Benito Bermejo lo documenta con precisión: la dictadura franquista nunca reclamó a los españoles internados en los campos alemanes, y colaboró activamente con la maquinaria de deportación nazi. El 5 de febrero de 1941, el embajador español en Berlín, José Finat y Escrivá de Romaní, envió una nota en la que dejaba claro que España no reconocía como suyos a los republicanos detenidos por los alemanes. La sentencia era la muerte.
Y ahora, 80 años después, los herederos ideológicos de aquel silencio estatal niegan a estas personas el derecho a ser recordadas. Porque no son neutrales. Porque eran rojos. Porque lucharon. Porque no encajan en la idea de “reconciliación” que promueve la derecha: una en la que se exalta a los “caídos por Dios y por España” pero se invisibiliza a quienes murieron por la libertad.
Ni guerra, ni ETA, ni Che Guevara: lo que hay aquí son vecinos asesinados por los nazis. Nada más. Y aun así, ni una placa. Ni una palabra. Ni un adoquín.
Mientras tanto, en pueblos como Majadahonda –también gobernado por el PP– sí se aprueban homenajes a deportados, como el de Mariano Escribano. Lo que demuestra que no hay coherencia, ni política común, ni principios. Solo oportunismo ideológico y desprecio selectivo por la historia. Si fuiste republicano, aún hoy se te niega el nombre.
Pero en medio del silencio institucional, las vecinas y vecinos no se han quedado de brazos cruzados. En Alpedrete se organizarán homenajes alternativos. En Mauthausen, este mismo domingo, se leerá el nombre de Valentín Barroso. Porque la memoria no pide permiso.
Y porque cuando el Estado no honra a sus víctimas, le toca al pueblo decir sus nombres, aunque sea grabándolos en el suelo.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Si un día, el PP y Vox, votaran a favor, nuestros muertos se revolverian en su tumba. Sería como asesinarlos otra vez. El mejor homenaje que se les puede hacer es vencer.