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Un estudio revela la subestimación de las muertes en la Franja, destacando la urgencia de un alto al fuego y un acuerdo duradero.
Un estudio publicado en la revista científica The Lancet ha arrojado un dato estremecedor: 64.260 personas habrían muerto en Gaza por lesiones traumáticas en los primeros nueve meses de la invasión israelí, superando en un 69,65% las 37.877 defunciones registradas por las autoridades sanitarias de la Franja. Esta estimación, basada en un sistema de cruce de datos conocido como “captura-recaptura”, refleja un panorama mucho más sombrío que el difundido por Hamás y subraya los límites de los sistemas de registro en tiempos de conflicto.
El conflicto comenzó el 7 de octubre de 2023, tras el ataque de Hamás que dejó 1.200 víctimas israelíes y 251 rehenes. Desde entonces, el Ministerio de Salud de Gaza ha ofrecido un recuento diario de víctimas, pero las cifras han sido objeto de un intenso debate. El análisis de The Lancet sugiere que, si se aplican los mismos métodos a los registros de octubre de 2024, cuando los muertos ya superaban los 46.000, el total real podría rebasar los 70.000 fallecidos.
LA METODOLOGÍA QUE EXPONE LA CRISIS
El equipo liderado por la epidemióloga Zeina Jamaluddine empleó el método “captura-recaptura”, utilizado originalmente en estudios de poblaciones animales, para analizar datos fragmentados en situaciones de conflicto. Este método permite cotejar múltiples fuentes –registros hospitalarios, encuestas y obituarios en redes sociales– para detectar muertes no registradas en listados oficiales. Este enfoque ya ha sido usado en conflictos como Kosovo, Sudán y Colombia.
Jamaluddine subraya que antes de la guerra, el Ministerio de Salud de Gaza contaba con uno de los mejores sistemas de registro de la región, superior incluso al de Siria antes de su guerra civil. Sin embargo, “la destrucción de centros sanitarios y la intensificación de los ataques terrestres israelíes han desmantelado buena parte de este sistema”, explicó la experta.
El estudio también reconoce las limitaciones: la dependencia de datos provistos por el Ministerio de Salud, controlado por Hamás, introduce un sesgo difícil de evitar. “Nos basamos en registros con nombres identificados, eliminando duplicados y corrigiendo errores, pero acceder directamente a Gaza con protección es imposible”, aclaró Jamaluddine.
LAS VÍCTIMAS INDIRECTAS DEL CONFLICTO
Eduardo Satué, presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), destacó la coherencia de los datos presentados por The Lancet: “El método es fiable en un contexto tan complejo, aunque siempre hay limitaciones”, afirmó. Satué recordó que en conflictos bélicos, los recuentos tradicionales suelen infraestimar las muertes al considerar solo los casos identificados en hospitales y morgues.
Además de las muertes directas, Satué advirtió sobre el impacto de las consecuencias indirectas del asedio: “En Gaza, con su altísima densidad de población y el colapso de servicios básicos, las muertes por desnutrición, falta de atención médica y enfermedades pueden ser incluso más numerosas que las causadas por los bombardeos”. Estas circunstancias hacen que Gaza funcione, en la práctica, como una “prisión masificada”, donde las condiciones son críticas para grupos vulnerables como niños, ancianos y mujeres embarazadas.
Según The Lancet, un 59% de las muertes documentadas con información de edad y sexo corresponden a mujeres, menores y ancianos, lo que refuerza la idea de que las víctimas no son mayoritariamente combatientes.
UN LLAMADO URGENTE A LA PAZ
El informe concluye con un llamado claro: “La comunidad internacional debe exigir un cese inmediato y sostenido de las hostilidades”, así como un acuerdo duradero que incluya la liberación de rehenes israelíes y la excarcelación de miles de civiles palestinos retenidos en prisiones israelíes.
Satué recordó que la SESPAS ha dedicado su última monografía a los impactos de los conflictos bélicos en la salud, señalando cómo las guerras afectan desproporcionadamente a los más vulnerables. En contextos como Gaza, los esfuerzos por registrar y visibilizar las consecuencias humanas se ven obstaculizados por la inseguridad y la escasez de recursos, pero estudios como el de The Lancet evidencian la urgencia de buscar soluciones.
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