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«No estamos ante un simple ‘paso atrás’, estamos presenciando un avance rápido y audaz hacia una cultura política basada en la violencia«
El ajedrez político ha sido sacudido, los peones se han reorganizado en el tablero, y la imagen que se desprende es tan reveladora como inquietante. La noción clásica de que los conservadores representan una especie de retroceso histórico, de que la derecha meramente arrastra los pies mientras la izquierda se lanza audazmente hacia el futuro, se ha desvanecido en el aire de la realidad actual. La derecha avanza, efectivamente, pero lleva a la sociedad por un camino que pocos desean recorrer. Este avance es especialmente pronunciado en el caso de Vox, un salto desmesurado en una espiral de violencia política y social.
VOX: AUMENTO DE VOTOS Y DE TENSIONES
Vox ha duplicado sus votos, pasando de un ya significativo 812.804 en 2019 a más de un millón y medio. Los concejales de Vox se han triplicado, los diputados autonómicos se han más que duplicado. No estamos ante un ‘paso atrás’, estamos presenciando un avance rápido y audaz hacia una cultura política basada en la violencia.
El mayor desastre para la izquierda es, sin duda, la victoria del Partido Popular, pero el golpe más fuerte para la democracia se ve en las siete comunidades autónomas y decenas de ayuntamientos cuyo futuro está ahora a merced del apoyo de la ultraderecha.
El PSOE ha perdido la mayor parte de sus feudos simbólicos, pero no es el PP quien ha ganado, es Vox quien ha otorgado esta victoria. Este es el panorama que se vislumbra en las comunidades autónomas anteriormente mencionadas, además del gobierno ya establecido en Castilla y León, donde Vox exige que las mujeres que desean interrumpir su embarazo sean obligadas a escuchar el latido de su feto.
LA ULTRADERECHA: FASCISMO REEMBALADO
Lo que se avecina no es para tomárselo a la ligera: nada más y nada menos que siete gobiernos autonómicos dependen ahora de la ultraderecha, de sus caprichos, de la violencia que emana de ellos. Vox no es conocido por su suavidad, su cultura, su disposición al diálogo o su respeto por la democracia. En el epicentro de su furia, hay objetivos claros y marcados: los derechos de las mujeres, la lucha contra la violencia machista, los derechos de la comunidad LGTBI, la memoria histórica y la educación en la igualdad.
Estos son los nuevos señores del feudo, los fascistas católicos, los fanáticos de algo que denominan la «unidad de España», pero que no es más que un renacimiento del franquismo. Estos son los individuos que hace no mucho tiempo hubieran sido inconcebibles en cualquier lugar de poder, y que ahora toman decisiones que afectarán la vida de millones en España.
No se equivoquen, este no es un retroceso, es un avance, aunque un avance en la dirección del fascismo, un avance hacia la barbarie. Aquellos que respaldan a Vox no lo ven como un paso hacia atrás, sino como una marcha decidida hacia adelante. Esto se refleja en la creciente agresividad y violencia que exudan estos seguidores, quienes se ven a sí mismos como una fuerza imparable.
REVOLUCIÓN DE LA ULTRADERECHA: EL MONSTRUO DESPERTADO
Los cimientos de lo que una vez parecía una sólida izquierda, donde el PSOE y sus aliados forjaban un futuro prometedor, se han desmoronado de un solo golpe. Es como si un terremoto surgido del abismo hubiera demolido el sueño de una España equitativa. La recuperación será una lenta y dolorosa tarea de reconstrucción.
Lo que presenciamos no es un repliegue hacia tiempos más oscuros, sino un avance arrollador hacia un futuro temido. Una analogía de este avance perturbador lo representan los miembros del movimiento de desokupación que se manifestaron en Barcelona contra Ada Colau. Eran figuras amenazantes, reminiscentes de los camisas pardas alemanes, los camisas negras italianos, el Amanecer Dorado. Estos son individuos que avanzan hacia un horizonte que nos llena de pavor, pero no obstante, continúan avanzando.
El error radica en percibir a Vox y su ascenso como un regreso a un pasado detestable. En realidad, son un ejemplo grotesco de la evolución de las políticas de intolerancia y represión. Se proyectan no como una réplica del pasado, sino como una innovación grotesca para el futuro. Por lo tanto, es crucial para aquellos que se oponen a esta tendencia entender que no estamos luchando contra los fantasmas del pasado, sino contra una entidad nueva y muy real que se está gestando en nuestro presente.
EL SILENCIO NO ES UNA OPCIÓN ANTE EL FASCISMO
Ante la creciente amenaza de este fascismo reembalado, la inacción no es una opción viable. Como sociedad, debemos enfrentar esta desagradable realidad y actuar en consecuencia. Es fundamental que todos los sectores de la sociedad, desde el ciudadano de a pie hasta los más altos niveles del gobierno, se movilicen para contrarrestar esta escalada del autoritarismo.
Vox y su auge no representan un retroceso, sino un avance hacia un nuevo tipo de barbarie. Aquellos que creen que pueden subestimar a esta fuerza emergente como un mero eco del pasado lo hacen bajo su propio riesgo. Este es un nuevo monstruo, y requiere una nueva estrategia de oposición. Si no cambiamos nuestro enfoque y tomamos medidas enérgicas, la luz de la democracia en España podría oscurecerse más rápido de lo que imaginamos.
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