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¿Nos encontramos en un escenario similar al de 2011 o al de 2007?
El Partido Popular (PP), a la luz de las últimas elecciones autonómicas, disfruta de un resurgimiento insospechado. La desaparición de Ciudadanos, un partido que ha sido relegado a las páginas de los libros de historia, junto al CDS y UPyD, ha proporcionado un impulso irresistible al PP. No cabe duda de que era previsible que el PP recuperara parte de sus dominios perdidos hace cuatro años. Sin embargo, el auge de la derecha ha ido más allá de lo esperado. Y la explicación va mucho más allá de la simple extinción de Ciudadanos.
AUTONOMÍAS TOMADAS POR SORPRESA
En el escenario autonómico, el PP se adentra en una nueva era de dominio sin precedentes. Aragón, La Rioja, Baleares, Cantabria, Comunitat Valenciana y hasta Extremadura caen en manos de la derecha. Solo Asturias, Castilla-La Mancha y Navarra resisten la marea azul del PP. Quizás Canarias pueda aferrarse a sus raíces socialistas, aunque la tarea parece titánica.
En lo que respecta a las elecciones municipales, la izquierda se enfrenta a un panorama similarmente sombrío. El poder municipal que se predice que el PP recuperará no solo es un testimonio de su victoria en votos, sino también de una fuerza que se extiende más allá de su mera base de apoyo. Prácticamente todas las capitales de provincia en Andalucía, a excepción quizás de Jaén, y todas en Castilla-La Mancha, salvo Cuenca, se rinden ante la derecha.
CAMPAÑA TRUMPISTA Y EFECTOS DERIVADOS
El perfume de la retórica trumpista ha inundado el panorama político español durante estas elecciones. Las voces melodiosas de la diplomacia y la cortesía han sido sofocadas por un coro de acusaciones, recriminaciones y un populismo apocalíptico. La sutileza ha sido desterrada, reemplazada por la sencillez del lenguaje demagógico que persigue la polarización y la demonización del adversario.
El «que te vote Txapote» ha sido más que una mera consigna; se ha convertido en el estandarte del desprecio a la discrepancia y la alteridad. Acompañada de acusaciones de pucherazo electoral, esta retórica ha influido de manera decisiva en el resultado de las elecciones. La peligrosa tendencia a la simplificación y a la creación de enemigos ha logrado su cometido.
Los debates en las elecciones autonómicas y municipales han sido eclipsados por el discurso a nivel nacional. El grito de guerra ‘todo es ETA’ ha demostrado ser sorprendentemente efectivo, evocando emociones viscerales en el electorado. Esta línea de discurso, aunque parece simplista, es un arma poderosa que ha sido empleada con maestría para movilizar a los votantes.
Esta ola trumpista ha transformado el campo de batalla político, llevándolo a un terreno más emocional y visceral. Ha conseguido que la política sea más una cuestión de lealtades tribales que de intereses colectivos.
EL DERRUMBE DE LA IZQUIERDA
Para el PSOE, la derrota es devastadora. Y el panorama a su izquierda no es más halagador. Podemos está en declive y ha sido excluido de los parlamentos autonómicos de Madrid, Canarias, Comunitat Valenciana y Cantabria. De 47 escaños autonómicos pasan a 15, lo que equivale a una pérdida de dos tercios de su representación anterior. Más Madrid permanece como la principal fuerza de oposición en el Ayuntamiento y en el parlamento regional, aunque enfrentará la mayoría absoluta del PP.
Frente a estos cambios dramáticos en el tablero político español, uno no puede evitar preguntarse: ¿Estamos ante la antesala de un gobierno del PP y Vox? A la luz de los datos actuales, Feijóo se perfila como el favorito indiscutible. No sólo se debe a la victoria del bloque de la derecha en términos de votos, sino también al poderío autonómico y municipal que jugará a su favor. El cambio político en Andalucía, que ahora se consolida como un bastión conservador, es un signo ominoso para el futuro de Pedro Sánchez y su primer gobierno de coalición.
¿ES INEVITABLE LA VICTORIA DE FEIJÓO?
Aun así, la victoria de Feijóo está lejos de ser segura. Aunque el PP ha ganado por una diferencia de 750.000 votos y tres puntos al PSOE, necesita más que simplemente ganar estas elecciones para formar un gobierno en el Congreso. La mayoría de sus nuevos gobiernos dependen de Vox, una alianza que podría alejar a otros posibles aliados. La mayoría absoluta entre el PP y Vox es posible, pero no es segura, incluso después de esta victoria.
Este cambio dramático en el paisaje político ha avivado un debate simbólico dentro de la derecha. ¿Nos encontramos en un escenario similar al de 2011 o al de 2007? En 2011, el PP ganó por diez puntos al PSOE en las municipales, y pocos meses después, Mariano Rajoy obtuvo la mayoría absoluta. En cambio, en 2007, a pesar de que el PP también ganó las municipales, Zapatero retuvo el poder un año después. En 2023, la victoria del PP sobre el PSOE ha sido por 750.000 votos, una cifra significativamente menor si consideramos el cambio en el poder institucional.
Por lo tanto, sí, Feijóo es el favorito. Pero no todo está perdido para la izquierda. Aun hay posibilidades de que pueda reponerse y, quizás, cambiar el curso de la historia política española.
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