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Está imagen ha causado una fuerte indignación en las redes sociales por la situación en las que se muestra a las mujeres en Yemen.
Una imagen de la fotografía de fin de curso de la promoción del curso de Administración de Empresas de la Universidad de Ibb (Yemen): «Arrinconadas, tapadas con el velo musulmán en su versión extrema, como un mueble. Indignante», escribe Óscar Díaz de Liaño en Twitter.
Graduados en Administración de Empresas. Universidad de Ibb (Yemen). Busca a las #mujeres de la promoción. Están ahí. Arrinconadas, tapadas con el #velo #musulmán en su versión extrema, como un mueble. Indignante. pic.twitter.com/0bsjegQBV3
— Óscar Díaz de Liaño (@oscardiazdliano) December 10, 2020
Según el Índice de Género que elabora cada año Equal Measures Yemen ocupa el cuarto lugar por la cola en la clasificación de la calidad de vida de las mujeres. Los únicos países que puntúan peor que Yemen son: Congo, República Democrática del Congo y Chad.
Madres e hijos sin atención médica en Yemen
En 2019 Médicos sin Fronteras lanzaba un informe titulado Embarazo complicado – Madres e hijos que mueren sin atención médica, constata que un tercio de esos pacientes murieron antes de alcanzar el centro hospitalario, y que los recién nacidos que sí llegan a recibir atención médica suelen tener peso muy bajo o ser prematuros nacidos en pequeñas clínicas privadas. Las causas más habituales de fallecimiento en neonatos son nacimiento prematuro, asfixia al nacer o infecciones graves (sepsis).
El gran número de fallecimientos está relacionado con diversos factores, todos ellos vinculados al conflicto. Entre otros están la falta de centros médicos, las dificultades para alcanzar los que aun funcionan y la falta de recursos para pagar alternativas. Tras cuatro años de conflicto en Yemen, las facciones enfrentadas y los países que los apoyan han provocado el colapso del sistema público de salud, que no puede afrontar las necesidades de los 28 millones de habitantes del país.
Los pocos centros que se mantienen abiertos están al límite de sus capacidades. Por ejemplo, el centro de salud materno-infantil gestionado por MSF en Huban dobló el número de partos asistidos (de 4.100 a 8.450), por lo que sus 130 camas se encuentran a menudo totalmente ocupadas. “Mirando las estadísticas, haría falta construir cinco hospitales materno-infantiles en la gobernación de Taiz, pero no es posible”, lamenta Rachel, la responsable del centro. El conflicto interfiere constantemente en la actividad de los centros sanitarios. Por ejemplo, un hospital público apoyado por MSF en la ciudad de Taiz tuvo que cerrar temporalmente esta semana por el recrudecimiento de los combates, y el acceso ha quedado bloqueado para el personal médico y humanitario.

El informe se centra en el impacto sobre la población más vulnerable y a la vez más olvidada en términos de atención sanitaria, y se basa en entrevistas con pacientes y en la experiencia de nuestros equipos en centros situados en las gobernaciones de Taiz y Hajja con mujeres embarazadas, madres recientes y niños y adolescentes menores de 15 años.
Para llegar a un hospital abierto, muchos yemenís tienen que cruzar las líneas del frente, atravesar peligrosas zonas en tierra de nadie o negociar el paso en múltiples puestos de control. Parte de las madres y niños ingresados en el hospital gestionado por nuestros compañeros en Huban tienen que cruzar el frente, lo cual representa un gran riesgo y hace el trayecto mucho más largo. Antes del inicio de la guerra, los habitantes del área de Huban, situada en las afueras de la ciudad de Taiz, podían llegar en tan solo diez minutos a un hospital público en el centro, pero ahora les puede llevar hasta seis horas.
“Esta gran distancia hasta la atención médica es un gran problema”, relata Sadiqa, comadrona en el hospital de Abs, apoyado por MSF. “Los pacientes no pueden viajar debido a los bombardeos y combates, y no quieren salir de noche por miedo a ser atacados. Una vez, coche fue bombardeado y mató a todos los ocupantes”, recuerda.
El personal médico afronta los mismos peligros para poder llegar a los hospitales y atender a los pacientes. “La inseguridad no solo afecta a los que necesitan atención, sino también al personal sanitario que los atiende”, afirma Jana Brandt, coordinadora de programas de MSF en Yemen. “Debido a la inseguridad en las calles, nuestro personal prefiere trabajar un turno de noche de 14 horas que uno de día de 8 para evitar moverse de noche”, explica Brandt.
Además de temer los riesgos del trayecto, la población tiene miedo de que el hospital mismo sea atacado, algo que no sería novedad en la guerra en Yemen. “El hospital de Abs resultó atacado la noche anterior y toda esa área ha sido bombardeada varias veces”, dice el responsable de salud mental de MSF, Khatab Abdulá. “Le gente tiene miedo de sufrir bombardeos yendo por la calle o que el hospital sea atacado otra vez. Muchos muestran síntomas de estrés post-traumático”, añade.

Tamer, de 7 años en una ambulancia con su padre y un enfermero, ha sido tratado por una herida de metralla en el hospital de Taiz. © Matteo Bastianelli
Las barreras que impiden a madres y niños llegar al hospital tienen su base en la vulnerabilidad económica que sufren muchas familias. Antes de que se recrudeciese el conflicto en 2015, la mayoría de los servicios médicos en Yemen eran privados pero relativamente asequibles. Hoy, en cambio, la capacidad de los yemeníes para acceder a servicios de salud de cualquier tipo ha caído en picado por la debacle económica derivada del conflicto, que ha dejado la muy limitada oferta de salud pública como única alternativa para la enorme mayoría.
La desesperada situación de madres y niños carentes de atención médica no se limita a las gobernaciones de Taiz y Hajja, sino que se extiende a todo el país, especialmente en las zonas más expuestas a los choques armados.
En este informe, MSF reitera su llamamiento a que todas las partes en conflicto garanticen la protección de la población y el personal sanitario, a que permitan a heridos y enfermos acceder a los centros de salud, y a que rebajen las restricciones que imponen a las organizaciones humanitarias para que puedan responder adecuadamente a las enormes necesidades sobre el terreno. También pedimos a las organizaciones internacionales que incrementen la respuesta humanitaria y desplieguen más personal experimentado en las áreas que más lo necesitan para asegurar una correcta supervisión y calidad de la ayuda.
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