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Mentir durante una catástrofe también es una decisión política
El relato se ha caído. No por una filtración interesada ni por una conjetura periodística, sino por tres declaraciones coincidentes de agentes de escolta ante la jueza que investiga la dana del 29 de octubre de 2024, una jornada que terminó con 230 personas fallecidas. Tres policías nacionales adscritos a la Generalitat Valenciana han confirmado que Carlos Mazón mintió durante meses para ocultar una larga sobremesa en el restaurante El Ventorro con la comunicadora Maribel Vilaplana, en las horas críticas de la emergencia.
Las cifras importan. Las horas importan. Y las versiones, cuando se multiplican, delatan. Presidencia habló primero de un “picoteo” cerca del Palau. Luego de un regreso al despacho sobre las 18.00. Más tarde, de una llegada a las 19.00. Todo era falso. Los escoltas han situado la llegada real al Palau entre las 19.45 y las 19.50, con un paso por el despacho de apenas 10 minutos. A las 20.28, el president llegaba al Cecopi de l’Eliana, cuando la tragedia llevaba horas desplegándose.
No fue un error de agenda. Fue una cadena de decisiones y silencios. A las 14.00, la consellera Salomé Pradas ya había advertido de la gravedad en la presa de Forata y se había activado la UME para Utiel. A las 16.43, un mensaje de WhatsApp confirmaba que Mazón no tenía previsto acudir al Cecopi hasta las 19.00. La sobremesa siguió. La emergencia también.
LA CRONOLOGÍA QUE DESMIENTE EL RELATO OFICIAL
Los detalles son incómodos porque son precisos. El ágape estaba previsto con una semana de antelación. La secretaria del president, Pilar Montes, declaró que Mazón se había “liberado” aquella tarde. Prescindió de la escolta al llegar a El Ventorro, algo habitual cuando finalizaba la agenda oficial. Tras la sobremesa, Mazón y Vilaplana caminaron hasta el aparcamiento de la plaza de Tetuán. El ticket se pagó a las 19.47. Son datos objetivos.
Los escoltas relataron que Mazón llegó solo y a pie al Palau, con la misma ropa de la mañana, sin americana y con su mochila. En la sala gótica le esperaba un asesor externo del PP. Subió al despacho, bajó, y salió rumbo a l’Eliana. Ese fue todo su tiempo en Presidencia durante la tarde de la catástrofe.
Mientras tanto, la realidad desbordaba. A las 19.34, Mazón habló por teléfono con Javier Sendra, secretario autonómico de Infraestructuras, que estaba en el Puesto de Mando de FGV, completamente inundado por el desbordamiento del barranco del Poyo. Esa llamada forzó el desplazamiento al Cecopi. No una iniciativa propia. No una anticipación. Una reacción tardía.
Hay otro dato que pesa. Las cámaras del Palau fueron borradas al mes, “en cumplimiento de la normativa”. Las del Centro de Emergencias se conservaron y se entregaron a la jueza. La asimetría también comunica.
LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA NO SE BORRA CON “CONCRECIONES”
El problema no termina en el president. Alberto Núñez Feijóo avaló públicamente el baile de versiones, calificándolo de “concreciones”. No lo eran. Eran coartadas. La instrucción judicial, las declaraciones de escoltas y la documentación desmontan todas y cada una de las narrativas difundidas durante meses.
Aquí no hay un desliz personal. Hay una gestión del tiempo incompatible con la emergencia. Hay una renuncia consciente a la escolta para un encuentro privado. Hay una llegada tardía al órgano de coordinación cuando ya se había activado la UME y los avisos se acumulaban. Hay un borrado de imágenes y una defensa política que normaliza la mentira.
También hay un silencio operativo. Los escoltas declararon que no recibieron alertas oficiales y que se informaron por familiares y redes sociales. En l’Eliana no había cobertura. La cadena de mando falló. Y cuando la cadena falla, la política no puede esconderse detrás del procedimiento.
La pregunta no es si una sobremesa es moralmente reprobable. La pregunta es si mentir durante una catástrofe es tolerable. Si ocultar la verdad cuando hay 230 muertos es compatible con seguir gobernando. Si la rendición de cuentas se puede aplazar indefinidamente mientras se afinan relatos.
No fue una tarde cualquiera. Fue el 29 de octubre de 2024. Las 19.45 no son las 18.00. Diez minutos no son una tarde de trabajo. Llegar a las 20.28 no es liderar una emergencia. Y llamar “concreciones” a una mentira documentada no la convierte en verdad.
La política que se permite mentir cuando el agua arrasa es la política que renuncia a proteger a su gente.
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