Los streamers, consciente o inconscientemente, están moldeando una generación que valora la riqueza y el estatus por encima de la ética y la moral.
La causalidad ha hecho que el mismo día que ElXocas, un streamer millonario, presentase su opulenta vivienda de millonario mientras otro streamer millonario, TheGrefg, era señalado por intentar desalojar a una anciana en situación precaria.
Es alarmante ver cómo las masas en redes sociales justifican sin cuestionar las acciones de estos ídolos digitales. Compran su discurso, su marco ideológico de millonario hasta la última coma. La defensa incondicional de sus seguidores no solo refleja una idolatría ciega, sino también una preocupante disposición a adoptar cualquier ideología que estos influencers promuevan, incluso cuando es algo moralmente indefendible, como en el caso de la anciana desahuciada.
El verdadero problema radica en la influencia que estos streamers ejercen sobre una audiencia joven y moldeable. Las palabras de estos influencers se convierten en evangelio para sus jóvenes seguidores, quienes absorben sus ideologías y justificaciones sin el más mínimo análisis crítico. Los niños y niñas de 13 o 14 años son lienzos en blanco y la primera pintura ideológica que reciben no es una basada en la defensa de lo justo, no, es una que justifica que vivir en Andorra para pagar menos impuestos es lo normal y que desahuciar a una anciana es justificable si es por tener un mayor beneficio económico.
Estamos ante un fenómeno peligroso, donde la juventud es seducida por el encanto superficial de la fama y el éxito económico. Los streamers, consciente o inconscientemente, están moldeando una generación que valora la riqueza y el estatus por encima de la ética y la moral. Es crucial que como sociedad reconozcamos y enfrentemos este problema, fomentando en los jóvenes un pensamiento crítico que les permita discernir y cuestionar las influencias que reciben.
Lo dicho: más Marina Lobo, y menos The Gref.
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