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El actor gallego aprovechó su entrevista con Henar Álvarez para hablar de educación pública, ultraderecha y del auge de discursos machistas y franquistas entre adolescentes. Y lo hizo sin ese miedo calculado que hoy domina a buena parte de la industria cultural española.
EL PROBLEMA NO ES QUE TOSAR HABLE. EL PROBLEMA ES TODO EL SILENCIO QUE HAY ALREDEDOR
“¿En qué momento nos hemos despistado tanto como para que estos chavales estén reivindicando la figura de Franco?”. La frase no salió de un activista. Ni de un profesor de Ciencias Políticas. Ni de una manifestación antifascista. La dijo Luis Tosar en prime time, sentado en el sofá de Henar Álvarez, delante de millones de personas. Y quizá por eso incomoda más.
Luis Tosar, en 'Al cielo con ella' 🌤️
— RTVE (@rtve) May 27, 2026
🗣️ "A una parte de la juventud le hace más gracia el discurso racista, patriarcal y retrógrado".https://t.co/rvex0jA9ZY pic.twitter.com/CowCwoyaBz
Porque Tosar no pertenece a esa caricatura que cierta derecha mediática intenta vender constantemente. No es un tertuliano profesional del escándalo. No vive de la provocación. Es uno de los actores más respetados y queridos del cine español. Un tipo que se ha ganado el prestigio trabajando. Y precisamente por eso sus palabras tienen peso. Mucho peso.
La entrevista en Al cielo con ella empezó casi como una celebración popular. Entró al ritmo de la canción Luis Tosar de Siniestro Total. Hubo humor, recuerdos y anécdotas sobre sus inicios como payaso en fiestas infantiles, animador de público e incluso sobre aquel momento en el que quiso presentarse voluntario a las COES. Pero debajo de todo eso apareció algo bastante más serio. Una preocupación evidente por el clima político y cultural que está creciendo entre parte de la juventud.
Tosar recordó el papel fundamental que tuvo su profesora de literatura, Marisa, en su vida. Fue ella quien le propuso hacer una función de teatro y quien terminó empujándole hacia la interpretación. “Ahí me di cuenta de que ya quería ser actor”, contó. Por eso reivindicó de forma tan clara la educación pública y el trabajo de las y los docentes: “Creo que hacen cosas maravillosas por nosotros en momentos muy determinantes de nuestra vida”.
Y aquí hay algo importante. Muy importante. Mientras una parte de la derecha lleva años desprestigiando a profesoras, institutos y universidades públicas acusándolos de “adoctrinar”, Tosar recuerda algo bastante más simple y humano: que muchas veces una maestra puede cambiarte la vida. Literalmente.
No es casualidad que los sectores más reaccionarios hayan convertido la cultura y la educación en objetivos prioritarios. Saben perfectamente lo que hacen. Saben que quien controla el relato termina moldeando también el sentido común. Por eso llevan años construyendo un ecosistema de influencers ultras, youtubers reaccionarios, pseudomedios y discursos disfrazados de rebeldía adolescente. Lo venden como irreverencia. Como libertad. Como “decir lo que nadie se atreve a decir”. Pero debajo solo hay el mismo machismo de siempre. El mismo autoritarismo rancio. Solo que ahora viene con memes, Twitch y estética de videoclip.
LA ULTRADERECHA HA ENTENDIDO MUCHO MEJOR INTERNET QUE LA IZQUIERDA INSTITUCIONAL
Tosar lo explicó de manera bastante directa: “Las generaciones que yo tengo por encima ya son las que dan miedo”. Hablaba de personas que siguen ocupando cargos relevantes y que continúan teniendo una enorme influencia sobre los más jóvenes. Gente que jamás rompió realmente con ciertos valores autoritarios y que hoy observa encantada cómo parte de la juventud vuelve a normalizar discursos patriarcales, ultranacionalistas y franquistas.
Y tiene razón en algo incómodo. Hay una parte de adolescentes que percibe el feminismo o los discursos progresistas como “el rollo”. Como algo pesado. Moralizante. Mientras tanto, el otro discurso —más agresivo, simplista y machista— consigue parecerles más divertido, más desafiante o incluso más auténtico.
Eso no aparece de la nada. Se ha trabajado. Durante años.
Mientras algunos seguían creyendo que internet era solo una herramienta secundaria, la ultraderecha convirtió TikTok, YouTube o Twitch en auténticas fábricas de identidad política para chavales de 14, 15 o 16 años. Les ofrecieron comunidad. Lenguaje. Estética. Enemigos claros. Les dijeron que el feminismo les odiaba, que la igualdad era una amenaza y que Franco poco menos que era un señor incomprendido. Y lo hicieron mientras gran parte de la política institucional seguía comunicando como si aún viviéramos en 2008.
La conversación entre Henar Álvarez y Luis Tosar dejó también un pequeño choque generacional interesante. Henar quiso poner el foco en muchas chicas jóvenes que hoy sí tienen acceso a lecturas, debates e información que antes eran impensables con 18 años. Y es verdad. Existe una generación de mujeres muchísimo más formada políticamente, más consciente de la violencia machista y más preparada para identificar discursos reaccionarios.
Pero ambas cosas pueden coexistir al mismo tiempo. Avances enormes en derechos y conciencia social. Y también un crecimiento brutal del antifeminismo adolescente alimentado por algoritmos y odio viralizado.
Ahí está el problema.
Porque durante demasiado tiempo se creyó que ciertos consensos democráticos ya estaban garantizados. Que el franquismo era solo una reliquia histórica. Que los derechos conquistados eran irreversibles. Y no. Nunca lo fueron.
Por eso resulta tan relevante escuchar a alguien como Luis Tosar hablando de esto en televisión pública. Sin postureo. Sin fingir neutralidad. Sin ese miedo permanente a molestar que hoy paraliza a buena parte del mundo cultural.
Porque mientras algunos siguen diciendo que exageramos cuando hablamos del auge reaccionario, cada vez hay más chavales reivindicando figuras autoritarias, riéndose del feminismo y consumiendo discursos ultramachistas como entretenimiento cotidiano.
Y luego preguntan de dónde sale Vox.
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