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La estrategia de Trump es clara: desinformar, polarizar y perpetuar el miedo.
Donald Trump inició su segundo mandato presidencial con una batería de afirmaciones dudosas. Entre ellas, la promesa de «recuperar el Canal de Panamá». Según él, Estados Unidos perdió 38.000 vidas en su construcción y actualmente «China está operando el canal».
La realidad desmiente sus palabras con contundencia. Durante la construcción del canal, murieron alrededor de 5.600 personas, muchas de ellas trabajadoras caribeñas que sufrieron condiciones laborales infrahumanas. Las cifras no se acercan ni de lejos a las que mencionó Trump. Además, la gestión del canal recae exclusivamente en Panamá desde el año 2000, según lo estipulado en los tratados Torrijos-Carter. Lo que Trump describe como «control chino» se refiere a la participación de un consorcio privado que opera un puerto, algo completamente distinto a la gestión del canal en sí.
Trump parece decidido a avivar el miedo antichino en su electorado, recurriendo a medias verdades que ya fueron desmentidas hace años. Esta narrativa, además de ser falsa, obvia el contexto histórico de cómo Panamá recuperó su soberanía sobre el canal tras décadas de lucha diplomática.
LA INFLACIÓN, EL SISTEMA SANITARIO Y LAS EMERGENCIAS CLIMÁTICAS
En el plano económico, Trump afirmó que Estados Unidos vive una “inflación récord”, causada, según él, por «gasto excesivo» y «precios de energía descontrolados». Sin embargo, los datos no respaldan esta afirmación. El pico inflacionario de 2022 llegó al 9,1%, lejos del récord histórico del 23,7% alcanzado en 1920. Además, en diciembre de 2024, la inflación cayó al 2,9%, una cifra que contradice cualquier narrativa de crisis.
Sobre el gasto sanitario, Trump, aunque acertó al señalar que Estados Unidos invierte más que cualquier otro país del mundo, omitió mencionar que este gasto no se traduce en mejores resultados. Según datos de la OCDE, Estados Unidos gasta casi el doble de la media de otros países ricos, pero mantiene una esperanza de vida más baja y tasas más altas de mortalidad infantil.
En lo que respecta a las emergencias climáticas, Trump volvió a utilizar incendios forestales y huracanes como munición política, señalando que el gobierno es incapaz de actuar. Durante los incendios en California, afirmó que el problema era la falta de agua, una idea absurda según expertos, ya que el verdadero obstáculo eran los generadores eléctricos para bombear agua. Su manejo de estas tragedias no busca soluciones reales, sino fabricar enemigos imaginarios.
LA CRIMINALIZACIÓN DE LAS PERSONAS MIGRANTES
Trump, fiel a su retórica antiinmigrante, acusó a Estados Unidos de dar “santuario a criminales peligrosos” que, según él, provienen de prisiones e instituciones psiquiátricas en otros países. Esta afirmación, carente de pruebas, perpetúa estereotipos dañinos contra personas migrantes.
Estudios del Cato Institute, un think tank conservador, han demostrado que las personas inmigrantes son menos propensas a delinquir que las nacidas en Estados Unidos. Además, muchas de las personas que han llegado recientemente lo han hecho de manera legal, con permisos temporales de trabajo o solicitudes de asilo en trámite. Trump no solo ignora estos hechos, sino que manipula la percepción pública para justificar políticas represivas.
Mientras criminaliza a quienes buscan refugio, pasa por alto los enormes aportes de las comunidades migrantes a la economía y la sociedad estadounidense. La narrativa de Trump no es solo falsa; es profundamente dañina.
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Como siempre: se recurre a la mentira y a la manipulación de la historia para mantener el orden establecido, ahora con mayor descaro que antes. Trump comienza a desatar el caos que contribuya a hacer menos posible la paz y el crecimiento económico del resto del mundo.