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Una tuitera ha compartido un hilo en el que cuenta una experiencia reciente con una persona mayor en un cajero de una entidad bancaria.
«Un señor que, probablemente supere los 80 años, guarda cola en un cajero, me coloco detrás de él, y, cuando accede, saca un sobre que presupongo contiene dinero. Le observo a una distancia prudencial y me percato de que es incapaz de llevar a cabo la operación», empieza.

«Toca varias veces la pantalla, y deduzco que no consigue lo que pretende. Se vuelve hacia la cola, ya se había incrementado. Me mira, yo estaba justo detrás, y con un solo gesto entiendo que me pide ayuda. Inmediatamente se la ofrezco y él señor asiente con un tímido por favor», continúa.
Un señor que, probablemente supere los 80 años, guarda cola en un cajero, me coloco detrás de él, y, cuando accede, saca un sobre que presupongo contiene dinero.
— am (@A20819C) January 26, 2022
Le observo a una distancia prudencial y me percato de que es incapaz de llevar a cabo la operación.
«Le ayudo de mil amores a realizar su gestión, pero indicándole donde tiene que ir pulsando… no quiero tocar ni un billete de los suyos, por respeto, y porque no quiero que se puedan crear confusiones con el dinero. Él quiere hacer un ingreso y le indico cómo debe realizarlo» ,prosigue.
«El señor, a su ritmo, consigue introducir la cantidad a ingresar y termina de hacer la gestión mientras yo le digo donde tiene que tocar para zanjarla. Termina, nos retiramos del cajero para que pase la siguiente persona, y me da las gracias»
«Le digo que no se preocupe, que ha sido un placer, y antes de marcharme, introduce la mano en el bosillo de su chaqueta, saca la cartera y me ofrece un billete de diez euros. Yo no doy crédito, me asombro y le digo que de ningún modo, por favor. El pobre hombre me dice que le gustaría agradecérmelo y que me tomara un desayuno a su salud. Le doy las gracias, pero que en ningún caso lo voy a aceptar. Lo guarda y me vuelve a agradecer, y yo a él. Nos despedimos, y me queda un sentimiento de pena por este señor y por todos los mayores que se están viendo solos frente a este monstruo de la tecnología, que cada vez más nos está convirtiendo en seres sin alma ni compasión. No cuesta nada atenderles, y facilitarles un poquito la vida… con todo lo ellos hicieron por nosotros. Deshumanizándonos», sentencia.
«Soy mayor, no idiota». Un hombre de 78 años exige a los bancos un trato más humano
Carlos San Juan, un médico valenciano jubilado de 78 años, ha puesto en marcha una campaña para reclamar a los bancos “un trato más humano en las sucursales bancarias”, ya que se siente “apartado” puesto que casi todas las gestiones, como hacer un ingreso, abonar impuestos, etc. son telemáticas.
La campaña «Soy mayor, no idiota», lanzada a través de change.org, ha logrado reunir 100.000 firmas en cuatro días y en tan solo una semana ya se acerca a las 200.000. En su iniciativa el hombre explica que «no paran de cerrar oficinas, algunos cajeros son complicados de usar, otros se averían y nadie resuelve tus dudas, hay gestiones que solo se pueden hacer online… Y en los pocos sitios donde queda atención presencial, los horarios son muy limitados, hay que pedir cita previa por teléfono, pero llamas, nadie lo coge y te acaban redirigiendo a una aplicación que, de nuevo, no sabemos manejar, o mandándote a una sucursal lejana a la que quizás no tengas cómo llegar», explica.
San Juan recuerda como «antes entrabas en la caja y hacías un pago o cualquier otra gestión, pero cada vez más, para trámites sencillos, te exigen usar tecnologías complejas que muchos no sabemos utilizar».

Además, lamenta que “muchas personas mayores están solas y no tienen a nadie que les ayude”, mientras que muchas otras como él quieren seguir siendo “lo más independiente posible” también a su edad. Por tanto, insiste en la necesidad de que “los bancos atiendan a las personas mayores sin trabas tecnológicas y con más paciencia y humanidad, y que mantengan oficinas abiertas donde pueda atenderte una persona; que no todo sea por internet”.
En el programa La Roca el hombre ha explicado que lo que le ha llevado a poner en marcha esta recogida de firmas, ha sido que «me ha llegado al corazón las escenas auténticamente dramáticas que he presenciado. Ha habido personas que han llegado con una cartilla. ‘No, no, no, aquí no puede. Tiene que ir al otro cajero’ ‘Si es que me han enviado del otro cajero’ ‘ Pues bueno, que le acompañe su nieto, que le acompañe su cuidadora o algún hijo. Y además mire, es bueno que ya se pase a la tarjeta y que le enseñen la aplicación porque de esta manera usted va avanzando en la informática y sobre todo no tiene que acudir y, evidentemente, evita riesgos de infección’».
Y ha continuado: «Yo he visto a una persona que ha llegado en una situación que no quiero detallar, pero realmente se trataba de una verdadera urgencia y que ha llegado a las 11 y 1 minuto y le han dicho: ‘No mire, es que son las 11 y 1 minuto’. ‘Sí, bueno, usted lo ha dicho, y 1 minuto’, y entonces con la presión de los que estábamos allí esta señora pudo resolver el tema». «Yo he visto irse llorando a una persona muy mayor y, además, con problemas de deambulación», ha añadido.
Carlos le diría a los bancos que no cuentan con ellos de alguna manera que ellos no son trabajadores de la banca sino clientes de la banca y que todos esos beneficios, que en ocasiones le parece que son ya beneficios con cifras obscenas, se deben a los ahorros de «toda nuestra vida, a nuestra pensiones y que, además, de que sí o sí tenemos que acudir a ellos, porque ya no se trata solo del cajero es que hay que pensar que hay personas que tienen una cartilla, que tienen una pensión de 800 o de 1.000 euros y que se encuentran de repente en la cartilla con un gasto de 80, de 50 euros, imprevistos que no saben lo que son y que les pueden desequilibrar su pobre economía y que necesitan que una persona, como se hacía hasta hace muy poco».
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