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Existe controversia sobre si la suspensión o los cambios de indicación de algunas vacunas de COVID-19 por efectos adversos muy raros es adecuada o no. Se argumenta el principio de precaución. El ‘primum non nocere’ (lo primero no hacer daño). El riesgo cero, es decir, no asumir ningún riesgo independientemente del beneficio. Pero, ¿es eso realmente posible?
La búsqueda del riesgo cero
Todas las medidas médicas pueden tener efectos secundarios, no solo los medicamentos. Cuando una persona sufre un daño por una intervención médica –o por una falta de intervención– se llama iatrogenia. Se estima que en los EE.UU. cada año mueren más de 250 000 personas por iatrogenia, siendo la tercera causa de muerte en aquel país.
La iatrogenia es difícil de definir y por tanto de medir. Por eso no existen estimaciones en prácticamente ningún país. Las retrasos en el diagnóstico, los retrasos en las intervenciones quirúrgicas y, por qué no, los retrasos en la vacunación por falta de indicación médica, pueden considerarse iatrogenia.
En España hay una escasa tolerancia al riesgo de salud. Se busca el riesgo cero. Esto explica, al menos parcialmente, que seamos de los países Europeos con mayor consumo de antibióticos. La falta de tolerancia a la enfermedad de los pacientes lleva a tratar con antibióticos, a pesar de la casi certeza del origen viral de muchas infecciones. El miedo de los sanitarios a las denuncias, en caso de que la pequeña probabilidad de que la infección no sea viral (riesgo cero del sanitario) favorece su prescripción excesiva.
Es un ejemplo de cómo la búsqueda de riesgo cero no solo nos puede salir cara, sino que a veces implica iatrogenia. En el caso de los antibióticos, nos ha convertido en uno los países Europeos con más resistencias a estos medicamentos. Que, no lo olvidemos, tienen efectos secundarios graves. De hecho, los antibióticos son, junto con el paracetamol, una de las causas más frecuentes de fallo hepático fulminante.
Riesgos del retraso en la vacunación frente a COVID-19
Persiguiendo el riesgo cero con la administración de las vacunas de COVID-19, las autoridades sanitarias pueden emprender acciones que retrasen el programa de vacunación, sin explicar a la población las consecuencias del retraso en las vacunas. Que no son otras que el aumento del número de casos de enfermedad, hospitalización y muerte por tardar en vacunar.
Por eso no debemos perder nunca la perspectiva global. Si el riesgo cero para la salud de los ciudadanos fuera el objetivo de los gobiernos, cualquier daño activo para la salud de la población no sería asumible.
Un ejemplo interesante de la relación entre economía y salud lo encontramos en la quema de combustibles sólidos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la contaminación que produce provoca más de 7 millones de fallecimientos anuales en el mundo. Sin embargo, los gobiernos los subvencionan con más de 200 mil millones. A lo que habría que añadir el coste de más de 5 trillones por la asistencia sanitaria a las enfermedades que provoca.
En este caso se subvenciona el riesgo en salud a favor de la economía, hecho que contrasta con las restricciones globales para contener la epidemia, donde se bloquea la economía a favor de la salud.
¿Es asumible un riesgo pequeño con las vacunas de coronavirus?
Recientemente se ha publicado un modelo matemático que estima que ampliar el tiempo entre las dosis de vacunas permitiría vacunar a mayor porcentaje de población, disminuir la hospitalización en 7 casos cada 100 000 habitantes y reducir la mortalidad en 3,4 por 100 000.
Estas cifras son muy superiores a la estimación del riesgo de efectos graves por las vacunas. El impacto que está teniendo la vacunación es indudable y depende, sobre todo, del número de personas vacunadas. Por tanto, no utilizar todas las vacunas de las que se disponga puede prevenir un pequeño número de efectos adversos, sí, pero también provocar iatrogenia al no evitar hospitalizaciones y muertes.
El riesgo cero no existe. La búsqueda del riesgo cero no es eficiente. Por tanto, debemos utilizar todas las vacunas disponibles siempre adecuando su utilización a las personas de menor riesgo de efectos adversos. Solo así seremos capaces de controlar rápidamente la pandemia.
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Javier Díez ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.
The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico
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